López Gatell, el irresponsable

Foto: Internet
Sortilegioz lunes, 11 enero, 2021 12:00 PM

Defensores tiene muchos, empezando por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien le echa porras, lo defiende a pie juntillas y le justifica todas las ocurrencias que tiene, así como los desaciertos. Pero eso no le quita a Hugo López Gatell-Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud y encargado del manejo de la pandemia de SARS-Cov-2 en México, que sea un irresponsable.

Las hordas de seguidores de la autollamada Cuarta Transformación en redes sociales intentaron, sin mucho éxito, desaparecer de las tendencias la etiqueta #RenunciaGatell, que por tres días consecutivos estuvo en los primeros lugares. La petición masiva no fue gratuita, el epidemiólogo del Gobierno Federal se desoyó así mismo, ignoró sus propias recomendaciones, y, poniendo el mal ejemplo, tomó un avión en Ciudad de México hacia la costa de Oaxaca para celebrar con su familia y amigos, y sin -evidentemente por las fotografías- las medidas de protección que en el ámbito internacional se recomiendan para protegerse de los contagios y evitar contraer la COVID-19, que en México ya ha causado la muerte de más de 130 mil personas.

Efectivamente, el subsecretario de Salud fue fotografiado sin portar cubre bocas (aunque ciertamente ha despreciado su uso durante gran parte de la pandemia), cuando caminaba, apretujado entre otros pasajeros, por el pasillo del avión para llegar a su asiento. Le justifican que iba hablando por teléfono al momento de la captura de la imagen, pero la realidad es que el cubre bocas es obligatorio en todas las aerolíneas y en todo momento, incluso cuando se está hablando por teléfono. Pero López Gatell también desoyó la recomendación de la aerolínea y se expuso y expuso a otros. A menos, claro, que ya se haya vacunado y no lo haya hecho público.

La siguiente imagen fue el subsecretario con su pareja y otras personas en una mesa de un restaurante playero con palapa como techo y la arena y el mar al fondo. Otra vez sin protección facial, y también sin guardar la sana distancia, lo cual se percibe por la ubicación del resto de las mesas que alcanzan a verse en la imagen.

El fondo del asunto es que López Gatell-Ramírez se fue a Oaxaca a festejar el Año Nuevo, cuando quince días antes había recomendado a los mexicanos quedarse en casa, festejar las fechas decembrinas en casa acompañados únicamente de las personas que residen en el mismo lugar, para evitar contagios. Reflexionó e invitó a la ciudadanía, a, momentos antes de salir de su casa, pararse frente a la puerta y preguntarse: “¿Vale la pena que salga? ¿Es estrictamente necesario que salga?”. Pero ni él recapacitó así.

La celebración de Año Nuevo no era una actividad esencial, tampoco obligatoria, muchos mexicanos responsables se quedaron en casa con los suyos, extrañaron a la familia, brindaron por video llamada o reunión digital y estuvieron libres de contagios. No así Hugo López Gatell, que se expuso a sí, a su familia y a sus amigos. A menos, claro -insisto-, que nos estén ocultando información que lo pueda hacer inmune.

El jueves 7 de enero, cuando se cierra esta columna, México presentó nuevo record de contagios en 24 horas: 13 mil 734 casos, y los fallecimientos ascendieron a 131 mil 031 en el país. En las últimas semanas cada día se rompe la cifra anterior.

A diferencia de lo que pueda pensar y transmitir el Presidente Andrés Manuel López Obrador, México no está saliendo adelante de la pandemia, tampoco la ha domado, mucho menos ha aplanado la curva y por supuesto no está en su mejor momento, todo lo contrario. La crisis sanitaria que vive el país está en su momento más grave, de mayor contagio, de saturación de hospitales y falta de personal de salud para atenderlos a todos. La gente como López Gatell no se ha quedado en casa.

En los siguientes días se observarán los casos de contagio a partir de los festejos de Año Nuevo, al tiempo que la vacuna a México llega a cuentagotas y en pequeñas cantidades, por miles en un país de más de 126 millones de habitantes. De persistir esa situación, los mexicanos tardarán años en ser vacunados.

Con la irresponsabilidad de las autoridades de Salud, no decretar el uso obligatorio del cubre bocas, usar la semaforización de riesgo con tintes políticos, los festejos del subsecretario (no es un ciudadano común, tiene una alta responsabilidad de operar la estrategia contra el SARS-CoV-2 en México), no imponer medidas restrictivas para disminuir la movilidad social, no apoyar al personal de salud, México está en la posición número cuatro de los países con más muertos por COVID-19:

1. Estados Unidos, con 364 mil muertos y una población de 328 millones de personas.

2. Brasil, con 200 mil fallecidos por la enfermedad y 209 millones de habitantes.

3. India, con 150 mil muertos por coronavirus, y una población mayor a mil 353 millones de personas.

4. México, con 131 mil 031 fallecidos y una población de 126 millones.

México está arriba de países que han atravesado severas crisis durante la pandemia, como Inglaterra, Francia o España, pero que han reaccionado con mayor autoridad al momento de controlar la movilidad y determinar obligatorios los insumos de protección personal.

De acuerdo con el Centro de Ciencias de Ingeniería y Sistemas de la Universidad John Hopkins (CSSE, por sus siglas en inglés), entre los cuatro países con más muertos por COVID-19, México es el que menor población tiene.

Esa circunstancia ubica a nuestro país en la posición número uno como el más mortífero durante la pandemia, con 8.8% de letalidad por la COVID-19, seguido por Irán con 4.5% de letalidad, Italia con 3.5%, Indonesia con 3% e Inglaterra con 2.9%.

Este hecho tampoco es gratuito, ni producto de una manipulación de las cifras o la información. Es una realidad triste, devastadora, mortal. México, como refirieron en Bloomberg después del análisis de los contagios, recuperaciones y muertes durante la pandemia en 53 países, es el peor país para estar contagiado. Y en gran parte, se debe a la irresponsabilidad de las autoridades de Salud.

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