Dolor de estómago

En Zerio lunes, 30 noviembre, 2020 12:00 PM

Iba el cazador caminando por el bosque cuando de repente escucha unos quejidos y empieza a buscar de dónde provienen, hasta que se encuentra al lobo tirado en el piso quejándose que le dolía el estómago. El cazador le pregunta que por qué le dolía el estómago, a lo que el lobo le responde:

– Porque me comí una Caperucita verde.

Autor: Un cuentero.

 

Ciencia moderna

Guía de bolsillo de la ciencia moderna:

1. Si es verde o repta, es biología

2. Si huele mal, es química

3. Si no funciona, es física

4. Si no se entiende, es matemáticas

5. Si no tiene sentido, es economía o psicología.

Autor: Un catedrático.

 

Vaya pregunta

Un hombre mete su cabeza en una peluquería y pregunta:

– ¿Cuánto tiempo le falta para que me pueda hacer un corte de pelo?

El peluquero mira alrededor y le dice:

– Como dos horas.

Y el hombre se va. Unos días después el mismo hombre vuelve a la peluquería y desde la puerta le pregunta al peluquero:

– ¿Cuánto tiempo le falta para que me pueda hacer un corte de pelo?

El peluquero mira alrededor de la peluquería y dice:

– Como tres horas.

Y el hombre se va. Una semana después, el mismo hombre vuelve a la peluquería y desde la puerta le pregunta al peluquero:

– ¿Cuánto tiempo le falta para que me pueda hacer un corte de pelo?
El peluquero mira alrededor de la peluquería y dice:

– Como hora y media.

Y el hombre se va. El peluquero mira a un amigo que estaba en la peluquería y le dice:

– Oye, Miguel, por favor sigue a ese hombre y ve a dónde va. Él siempre viene, pregunta en cuánto tiempo le puedo hacer un corte de pelo pero después nunca regresa.

Un tiempo después, Miguel vuelve a la peluquería, riéndose histéricamente.

El peluquero le pregunta:

– Miguel, ¿a dónde fue el hombre después de pasar por aquí?

Miguel, con lágrimas en los ojos de tanto reírse, le dice:

– A tu casa.

Autor: Peluquero sin negocio.

 

El perro del vecino

Un hombre llama por teléfono a su vecino y le dice:

– José, ¿por qué no amarras a tu perro?, es que necesito hablar contigo.

Y le contesta:

– ¿Por qué no lo amarras tú?, para que yo pueda salir.

Autor: Dueño de gato.

 

El sofá

Un hombre le pide ayuda a su vecino para que le ayudara a mover un sofá que se había atorado en la puerta. Uno se fue a un extremo y el otro también. Forcejearon un buen rato hasta que quedaron exhaustos, pero el sofá no se movió.

– Olvídelo, jamás podremos meter esto, dijo el hombre.

El vecino lo mira con extrañeza y le pregunta:

– ¡Ah! ¿Era meterlo?

Autor: Empleado de mudanzas.

 

Lecciones de canto

Un vecino al otro:

– ¡Oye!, y tú, ¿por qué abres las cortinas cada vez que tu mujer se pone a practicar sus lecciones de canto?

– Para que los vecinos no crean que le estoy pegando.

Autor: Aficionada a la ópera.

 

Genio defectuoso

Entra un hombre en un bar con una bolsa voluminosa, se acerca a la barra y pide una cerveza, el mesero, intrigado, tras servirle la cerveza dice:

– Perdone, ¿me puede decir lo que lleva en la bolsa? Si no es indiscreción.

– Faltaría más, hombre.

Y saca de la bolsa una boya.

– ¿Y para qué va usted con eso en una bolsa?

– Pues verás, iba por la playa dando un paseo y me encontré una botella, la froté y salió un genio, entonces le pedí que me concediera tener una enorme joya.

– ¡Vaya! Eso no te lo crees ni tú.

– Aquí está la botella, frótala.

La frota y sale un genio, que se presenta y le ofrece un deseo al mesero, quien, emocionado, dice:

– Quiero… quiero… ¡un millón de pesos!

El genio, solemnemente, dice:

– Concedido. Y el bar aparece lleno de quesos.

– Pero, ¿para qué rayos quiero yo un millón de quesos?

– ¿Y para qué coño quiero yo una boya de 25 centímetros?

Autor: Así lo dejamos.

 

Estrategia restaurantera

Un mesero le trae al cliente el bistec que le ordenó, con un dedo puesto encima de la carne para sujetarla.

– ¿Estás loco? Gritó el cliente, ¡con tu mano en el bistec!

– ¿Qué? Responde el mesero, ¿quiere que caiga al piso de nuevo?

Autor: Ex mesero.

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