Valor

Foto: Internet
 
En Zerio lunes, 28 octubre, 2019 12:00 PM

Mi esposa y yo estábamos ya listos para irnos a una fiesta. Puse la luz del garaje y la contestadora. Tapé la jaula del loro, saqué la gata al patio y pedí un taxi por si regresaba con aliento alcohólico. Llegó enseguida.

Al abrir la puerta de calle para salir, la gata que estaba en el patio, se metió como bólido a la casa, pero no podemos dejarla adentro porque siempre anda tratando de comerse al loro.

Entré para atraparla y sacarla nuevamente al patio; subió rapidísimo las escaleras y tuve que perseguirla. Mientras tanto, mi esposa va y se sienta en el taxi.

Para que el taxista no sepa que no habrá nadie en casa durante la noche, le dice al chofer:

“Mi marido viene enseguida; subió a despedirse de mi mamá”.

Unos minutos después, salgo y me subo al taxi.

Perdón la demora, dije. La muy estúpida estaba escondida bajo la cama. Tuve que enlazarla con una soga para sacarla. Trató de escaparse, así que la agarré del cogote y le di unas palmadas para calmarla, pero comenzó a sacudirse como loca y la tuve que envolver en una manta porque la desgraciada me quería arañar. Así que para evitar que se escapara, la arrastré de la cola por las escaleras y la tiré al patio. ¡Es un demonio, lo que hay que luchar con ella cada vez que salimos!”.

Los ojos de mi mujer se salían de sus órbitas, el taxista paró el auto y me estrechó la mano, diciendo:

“Esos son pantalones, ¡los llevaré gratis!”.

Autor: Taxista pusilánime en casa.

 

Igualdad

— ¿A cuál de tus hijos quieres más?

“Quiero igual a los tres”.

— Tienes cuatro hijos…

“Sí, pero el feo ¡no cuenta!”.

Autor: El guapo, seguramente…

 

A propósito de Halloween

— Hijo, ¿de qué piensas disfrazarte para Halloween?

“De político, mamá”.

— Hijo, la idea es dar miedo, ¡no asco!

 

Miedo

— Niña, ¿no te da miedo caminar sola a estas horas?

“Cuando estaba viva, ¡sí!”.

Paranoia

Lo que realmente hay debajo de la cama:

Polvo, una chancla, un par de galletas mordisqueadas, una botella de cheve vacía.

Lo que creo que hay:

El muñeco Chucky.

El payaso Pennywise.

La morra de “El Exorcista”.

“El Brayan” con una navaja…

… y la monja de “El Conjuro” que ahora está en el closet.

 

Cómo les grita la Llorona a sus hijos

En Sinaloa: ¡Ay, mis plebes!

En Monterrey: ¡Ay, mis huercos!

En Baja California: ¡Ay, mis morros!

En el Estado de México: ¡Ay, mis chavos!

En Coahuila: ¡Ay, mis chiquillos!

En Puebla: ¡Ay, mis bodoques!

En Oaxaca: ¡Ay, mis escuincles!

En Yucatán: ¡Ay, mis chilpayates!

En Sonora: ¡Ay, mis chamacos!

En Jalisco: ¡Ay, mis crías!

En todo México: ¡Ay, hijos de su mouser! ¿Dónde demonios se metieron? O vienen, ¡¡¡o les meto una reverenda madrina!!!

Autor: Un entusiasta del Día de Brujas.

     

Ratones al volante

En la Universidad de Richmond, en Estados Unidos, un grupo de científicos entrenaron a unos ratones para que aprendieran a manejar unos carros chiquititos a cambio de cereales Fruit Loops. La conclusión a la que llegaron estos estudiosos es que los roedores se relajaban ¡EN ZERIO! conduciendo.

El propósito de tan sofisticado estudio no era ver cómo reducir el nivel de estrés de los “mickeys”, sino demostrar qué tan sofisticados son los cerebros de estos mamíferos.

En pocas palabras, para manejar tranquilamente por las calles de Tijuana, hay que ir comiendo “Fruti Lupis”… o estos ratones no han tenido una experiencia como conducir sus carritos por estos lares fronterizos.

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