La era Morena

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Sortilegioz lunes, 7 octubre, 2019 12:00 PM

El martes 1 de octubre de 2019 inició la era Morena en Baja California. Durante 30 años el Partido Acción Nacional gobernó la mayoría de los ayuntamientos, obtuvo la mayoría de los escaños en el Congreso del Estado y ostentó la gubernatura del Estado.

Por primera vez en tres décadas, un partido distinto al PAN o al PRI, gobierna en los cinco ayuntamientos del Estado. No es una responsabilidad cualquiera, es mucha responsabilidad responder eficientemente a un electorado que por un lado, dio un voto de castigo a los ya malos gobiernos emanados de Acción Nacional, y por otro, dio un voto de confianza a la administración que encabeza el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con su partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Hace 30 años, para los representantes del Partido Acción Nacional fue difícil que les reconocieran un triunfo electoral. Con paciencia, cierta rebeldía, mucha denuncia desde la oposición y un líder carismático como Ernesto Ruffo Appel, Baja California se convirtió en el primer Estado en ser gobernado por un partido distinto al Revolucionario Institucional.

Y de ahí ya no lo soltaron, el PRI nunca se recuperó en la entidad, salvo contadas ocasiones: 1994, en la elección federal y algunas alcaldías, siguió sumido en la derrota en la que lo dejó un gobierno de excesos y abusos como el que encabezó Xicoténcatl Leyva Mortera.

Con el paso del tiempo, los panistas se volvieron igual que los priistas y después peor, hasta llegar al gobierno de Francisco Vega de Lamadrid, tan señalado de actos de corrupción como aquel último del PRI. Con la venia de su Congreso, “Kiko” y sus colaboradores lograron penetrar en la población la idea de un gobierno corrupto. Y no se levantaron. Mientras en 2018, en la elección federal en la cual arrasó Andrés Manuel López Obrador, el panista Miguel Márquez logró retener el Estado de Guanajuato, Francisco Vega perdió todo e inició la caída libre a la derrota de 2019.

Morena no la tuvo tan difícil como el PAN en la década de los ochenta y antes, cuando fue oposición. El partido es prácticamente de nueva creación y su principal activo no es una capacidad para gobernar -apenas están comenzando a ser y hacer gobierno-, sino un líder que a fuerza -él sí- de oponerse durante años a la mafia en el poder, logró contar con un apoyo ciudadano contundente y a prueba de fraudes. Esa dinámica de empatía entre el electorado y el hoy Presidente Andrés Manuel López Obrador, salpicó las urnas bajacalifornianas en junio de este año, logrando lo que solo el PRI con fraudes alcanzaba: ganar todas las diputaciones, todas las alcaldías y el Gobierno del Estado.

El PAN fue perdiendo terreno electoral en Baja California, primero algunos distritos y después alcaldías. La sospecha de la corrupción galopante durante este sexenio fue el tiro de gracia electoral que recibió el partido albiazul.

Por supuesto que las campañas de quienes hoy ascendieron al poder político en Baja California y quien lo hará el 1 de noviembre, estuvieron basadas en prometer, no hacer lo que estos sí hicieron, y en encauzar las banderas sociales. Muy de la mano con el discurso del Presidente: combate a la corrupción, relación directa con ciudadanos, sencillez en la forma del gobierno, castigo a la corrupción, transparencia en la rendición de cuentas, máxima publicidad en las acciones de gobierno.

Marina del Pilar Ávila en Mexicali, Arturo González en Tijuana, Armando Ayala en Ensenada, Zulema Adams en Tecate y Araceli Brown en Rosarito, tienen la enorme responsabilidad de no defraudar a un electorado que, una vez más y 30 años después, le apostó a un cambio en las titularidades de la administración pública de Baja California. Los cinco tienen una obligación con quienes los llevaron al triunfo, de cumplir sus promesas, de no corromperse, de administrar de manera eficiente los recursos de los ayuntamientos en beneficio de los más. De abrazar la política de austeridad que enarbola el Presidente de la República y ahorrar no en obras o prestación de servicios, pero sí en la forma de ejercer el gobierno.

Las cinco ciudades bajacalifornianas tienen muchas carencias de infraestructura, vialidades, limpieza, iluminación, seguridad, oportunidades, labores todas en la cancha de los presidentes municipales. Más que hacer un gobierno de grandes obras y enormes deudas, lo que se requiere es hacer eficientes los procesos de prestación de servicios, recomponer la imagen de las ciudades para ir de fondo a la reconstrucción del tejido social. Estado de Derecho pleno, justicia y oportunidades de desarrollo para todos y no solo para la clase política que hoy encabeza esos gobiernos.

A diferencia del gobernador electo, Jaime Bonilla Valdez, que se aferra a lograr cinco años de gobierno en lugar de los dos para los cuales fue votado, los alcaldes tendrán dos años de administración, la suya concluye en 2021 para empatar los procesos locales con los federales intermedios. No es mucho tiempo, pues, el que poseen para dar resultados a una población que les dio el voto de confianza al tiempo que castigó a otros.

La ventaja para los alcaldes y el motor que puede llevarlos a entrar en la carrera por una administración pública eficiente, es que todos tendrán en 2021 la oportunidad de reelegirse por -ahora sí- un trienio municipal y continuar con su labor.

A diferencia de hace 30 años, hoy en la sociedad existen sistemas de medición de resultados, de data, de métricas para saber si las políticas públicas y programas de gobierno implementados están funcionando y beneficiando a la mayoría. También los ciudadanos se han constituido en grupos, asociaciones y organizaciones de la sociedad civil, que durante los últimos sexenios en el país y en el Estado, han servido no solo de contrapesos ante administraciones absolutistas, centralistas, abusivas o corruptas, sino de apoyo para grupos vulnerables de la sociedad.

Los nuevos alcaldes y las alcaldesas, tienen la enorme responsabilidad de trabajar con y para todos, de escuchar la crítica y actuar en consecuencia, de proponer y accionar, de trabajar y dar resultados, de no defraudar a quienes les otorgaron su voto para que, de manera histórica, pudieran sacar al PAN (y también el PRI), de las alcaldías, del Congreso, del Gobierno del Estado.

Inicia la era Morena en Baja California. A ver cómo les (nos) va.

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