Cristianismo light

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Opinionez lunes, 14 octubre, 2019 12:00 PM

“¡En las cuestiones espirituales, con las sotanas me entiendo de perlas!

¡Yo les financio sus bienes temporales, y ellos tramitan mi salvación eterna!”

Joan Manuel Serrat.

 

Una de las lamentaciones del primer Papa de la Iglesia Católica, el Apóstol San Pedro, era que: “Todos se dedican a sus intereses, menos a los de Cristo”. El mismo que lo había negado tres veces, al verlo resucitado, le responderá a Jesús cuando Él le cuestiona que si le ama más que a estos; la tercera respuesta afirmativa del pescador será: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Cristo le pedirá que apaciente a los corderos y a las ovejas. Que cuide al Clero y a los fieles.

Cuando la Madre Teresa de Calcuta visitaba el Seminario Mayor de Tijuana en donde se forman sus sacerdotes misioneros de la Caridad, en 1993 (lo que solicitaba era para tener en China y en Rusia casas para los pobres y ancianos), pidió -a los sacerdotes y seminaristas- sacrificios (ayunos), privaciones o renuncias a algo, y mucha oración para lograr aquello que ciertamente pudo alcanzar en vida: contar con casas en tales naciones, para hacer presente la limosna o caridad y ayuda a los más necesitados.

Hubo que dejar -por más de dos años- de consumir el rico tuétano del chamorro que nos servían las madres del Seminario en Tijuana. Se lo servía en una tortilla de maíz calientita, con sal y limón, a alguno de mis compañeros, sin revelarles la intención del “gran” sacrificio. Todo por las obras de la santa Madre Teresa de Calcuta.

En aquellos días Dios bendijo a los seminaristas: casi 200 entre varias diócesis de la región mexicana y de USA, suspendiendose las clases por un mes para salir a ayudar a los damnificados de las lluvias de enero de 1993. Tiempos en que Martínez Veloz colgaba mantas en la zona Río, acusando al buen Ernesto Ruffo de “Asesino de Colosio”. Ave de mal agüero este Veloz, advenedizo político. Aquella experiencia fue un regalo de Dios para el Seminario y para quienes se involucraron con el corazón para auxiliar a los damnificados.

Leyendo los informes del Distrito Norte de la Baja California, del General Abelardo L. Rodríguez, manifiesta ahí la vocación altruista y caritativa de los habitantes de Baja California (Tijuana, Ensenada, Mexicali, Tecate). El informe data de 1924-1927. La gente siempre ha sido generosa con las tragedias nacionales de Michoacán, Sonora, Nayarit, y otras regiones a las que envía víveres y ayuda económica.

Los verdaderos cristianos y católicos tendrán que comprender y adaptarse -como siempre- a las nuevas realidades de los mexicanos, en el actual sexenio; observar y reconocer la demagogia o mentiras de los políticos de todos los municipios, de todos los estados y del mismo Presidente de la República.

En repetidas ocasiones, hombres de la cultura -entrevistados en la sección del Semanario ZETA y en otros espacios mediáticos- han expresado que la democracia no la hacen los políticos, sino los ciudadanos.

Grande y admirable pensador, el ucraniano Nicolás Berdiaev repite una idea magistral en el entendido de que, la no verdad del cristianismo europeo no es absolutamente la no verdad del cristianismo. Da risa cómo algunos malos cristianos -o gente superflua- repite con desvergüenza que Gandhi afirmaba creer en Cristo, pero no en los cristianos. A lo que uno comodinamente podría decir que “creo en Gandhi, pero no en los hindúes o sijs o los gandhianos que mataron a Mahatma, y de paso a Indira Gandhi”.

El cristianismo no puede ser light, porque más bien sería hedonismo (la búsqueda de lo placentero espiritual o carnalmente). Ya se imaginará la misericordia de Cristo con el primer Papa; lo negó tres veces -dicen que porque le curó la suegra a San Pedro-, pero arrepentido le expresó igualmente tres veces su amor a Jesús, y lo siguió hasta la muerte. Por eso, cuando vemos un hombre crucificado en una cruz invertida cabeza abajo no se trata más que de la representación del Apóstol Pedro, que no se sintió digno de morir como su maestro.

Los políticos y mucha gente creemos que nosotros manejamos nuestra realidad; pero es bien sabido -como escribe san Agustín en la Ciudad de Dios- que detrás de la historia del hombre y de la humanidad, camina Dios. Es lo que se llama la teología de la historia, aunque también hay una filosofía de la historia. Por eso Octavio Paz afirmaba que: “Yo solo sé que hay alguien más grande que yo, que me deletrea”. Y Solyenitzin, el Nobel Ruso, afirmaría a los representantes de la ONU -en 1970- que uno de los errores de las naciones es hacer a un lado a Cristo y el cristianismo.

Benedicto XVI, el Papa alemán, repitiendo a San Agustín en el sentido de quién es el verdadero cristiano, expresara: “Solo Dios sabe quiénes, estando fuera, están dentro; y quiénes estando dentro, están fuera”. (Confesiones de San Agustín).

Don Antonio Caso, filósofo mexicano, dirá que “somos más hábiles para engañarnos, pero no para ser más buenos”. Al final de su vida recomendará no tanto filosofar, sino salir a la vida a acometer actos de caridad, de ayuda a los necesitados. Muy diferente a andar repartiendo el dinero de los mexicanos con fines de clientelismo político.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: [email protected]

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