Un día apareció una caja sobre su escritorio

Columnaz lunes, 8 julio, 2019 12:00 PM

En lo primeros días de abril, a pocos días de arrancar las campaña para presidente municipal, Juan Manuel Gastélum Buenrostro, alcalde de Tijuana, se separó del cargo para intentar reelegirse nuevamente por el Partido Acción Nacional. El descalabro electoral y el rechazo hacia su gobierno manifestado en las urnas es una historia que ya todos conocen: logró apenas superar el 10 por ciento de los votos con 38 mil 203 sufragios frente a los más de 152 mil que obtuvo el abanderado de Morena. Durante esos 2 meses de ausencia, su suplente, el doctor Eduardo Terreros Martínez tuvo el título de presidente municipal.

48 horas después de su vergonzosa derrota, El “Patas” regresó a su puesto. Pero antes, a pocos días de que regresara Gastélum, en el despacho del suplente el doctor Terreros, sobre su escritorio apareció una caja de cartón, de esas de archivo donde caben carpetas, folders o resmas de hojas. Estaba casi llena. Hubo más de un testigo.

La indicación para Terreros es que firmara todos y cada uno de los documentos, que con su firma en calidad de presidente en funciones, autorizara lo que los expedientes dictaban.

Foto: Cortesía

Terreros olió que algo no estaba bien. Más cuando Zabel Arturo Solís, el secretario del “Patas” comenzó a presionar y amenazarlo que de no firmar todos los oficios, incurriría en responsabilidad y que la Síndico Ana Marcela Guzmán estaba lista para levantar un expediente en su contra.

Terreros se asesoró, se reunió a los abogados de su confianza y detectaron que se trataba de decenas de cambios y renovaciones de placas de taxis libres. Personas que estuvieron cerca del caso, confiaron a CUENTAHILOZ que se revisó a fondo y advirtieron que había permisos de taxis que no lograron ser digitalizados en la pasada administración o bien, a los que no se localizaron sus propietarios, en ese caso, explicaron, debieron haberse dado de baja.

Las carpetas provenían de la oficina de Leopoldo Guerrero, secretario del ayuntamiento y la instrucción de Gastélum por medio de su asistente Zabel. Querían que Terreros firmara esos permisos que debían ser dados de baja pero a nombre de terceras personas. Quién podría darse cuenta, algunos de esos permisionarios y sus beneficiarios han muerto o simplemente se encuentra ilocalizables.

Ya había pasado algo similar, habían intentado presionar al alcalde suplente para que firmara algunos detalles de la concesión de parquímetros.

Finalmente, el doctor se resistió, puso “el regalito” del “Patas” a un lado del escritorio y logró terminar su corto periodo sin estampar su firma pese a la insistencia y la amenaza. Esa “desobediencia” le ganó una enemistad con Gastélum.

Y así, terminó la buena fe entre el suplente y el alcalde fracasado en su aventura electoral.

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