Hechos no palabras (para candidatos)

Foto: Internet/Hay que ver la realidad de los candidatos: su fama pública, su capacidad, sus méritos, sus obras
 
Opinionez lunes, 20 mayo, 2019 12:05 PM

Juzticia

 

 

 

“Al hombre se le conoce por sus obras”: Debatir es discutir, tratar una cuestión, personas que expresan puntos de vista distintos. Debate es la acción de debatir. De un tiempo acá se han formalizado e incrementado los debates en los procesos electorales de tal forma que algunos electores los toman en cuenta para normar su voto.

Desde luego que los debates nos muestran una faceta de los candidatos, principalmente la fortaleza o debilidad en el escenario, buena oratoria contra pánico escénico, como en los exámenes en los que por temor a reprobar se nos olvidaban los temas estudiados, pero no todos nos muestran su realidad, quiénes realmente son, qué capacidad tienen, qué experiencia, qué conocimientos, qué calidad de personas son.

Se dice que el que habla mucho hace poco y viceversa -el que habla poco hace mucho-, hay gente que se ocupa más de hablar que de hacer, se ocupa de aconsejar y tratar de convencer a las personas, de manipularlas, de controlarlas, de dominarlas en su beneficio. El psiquiatra austriaco Alfred Adler señala que todo aquel que pretende dominar a los demás muestra un síntoma inequívoco de que no ha sido capaz de dominarse a sí mismo.

Debe señalarse que la política en México está muy desprestigiada, que está contaminada por la demagogia: “Halago de las aspiraciones populares para obtener o conservar el poder o para acrecentar la popularidad”, y que consecuentemente está infestada de demagogos que no se tientan el corazón para decirles a los electores lo que quieren oír, aunque sepan que será imposible cumplir los compromisos que ofrecen, y que mejor oportunidad que en un debate.

Por otra parte, los debates no son tales porque la discusión sobre un punto o tema sobre dos posturas no se concretiza porque algunos candidatos se van por la libre y evaden definirse, concretizar y fundamentar la postura que eventualmente hubieran asumido. En el primer debate de los candidatos a la gubernatura me pareció un punto muy interesante que se señalara que desaparecerían la Policía Estatal Preventiva, lo negativo fue que no se suscitó debate sobre esa afirmación, no se argumentó seriamente los pros y contras de esa medida, argumentaciones que nos hubieran servido para sacar nuestras propias conclusiones.

Una forma más efectiva e ilustrativa sería que los candidatos y sus gabinetes (los candidatos deberían decir quiénes serán sus colaboradores para no toparnos con sorpresas desagradables y arrepentimiento del voto) contrastaran sus programas de gobierno y cada colaborador en su área argumentara y debatieran.

Cuando los debatientes empiezan a señalar cifras entramos en la incertidumbre porque en ese momento no podremos corroborar los números, menos estadística, entonces perdemos interés porque entra la posibilidad de que nos estén cuenteando, eso enoja porque sentir que le están viendo a uno la cara de tarugo ya calienta.

La mente se abre al entendimiento con una voz mesurada y una exposición clara, no necesitamos que nos hablen fuerte o rápido, tal parece que su intención no es que les entendamos sino enredarnos o intimidarnos lo que el cerebro naturalmente lo repele.

A final de cuentas tenemos que voltear a lo objetivo, a la realidad de los candidatos, su trayectoria, su experiencia, su fama pública, su capacidad, sus méritos, sus obras. Una larga carrera política no necesariamente es un mérito, puede ser negativo, puede ser que su paso en la administración pública haya sido nefasta, destructora.

Si la responsabilidad de los candidatos es alta, también los electores tenemos una gran y delicada responsabilidad en la emisión de nuestro voto, por eso debemos indagar dentro de nuestras posibilidades la verdad de los candidatos, no podemos basarnos en lo que digan sus contrarios.

 

El Licenciado Gerardo Dávila ejerce su profesión en Tijuana, B.C.

Correo: [email protected]

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