“Me gusta jugar con la transgresión de los géneros”: Álvaro Uribe

Fotos: Cortesía FIL Guadalajara/Paula Islas
 
Cultura lunes, 8 abril, 2019 12:15 PM

El autor entregó “Caracteres” (Alfaguara, 2018), en torno a personajes arquetípicos de la sociedad mexicana, y en “Historia de historias” (Malpaso Ediciones, 2018) reúne sus 41 cuentos. “En la práctica lo que importa es que un texto sea bueno, lo que importa es que el texto funcione y que capture al lector”, expresó a ZETA

La sátira y la ironía, con elegancia y desparpajo, son un atributo literario que Álvaro Uribe propone en su más reciente libro, “Caracteres” (Alfaguara, 2018), al retratar a personajes arquetípicos de la sociedad mexicana, pero abundan sobre todo en el medio cultural.

De manera tal que por “Caracteres” comulgan 50 perfiles burlescos, mismos que cada lector podría reconocer entre sus prójimos: “No hay artista que no crea merecer una beca. Y si es vitalicia, mejor”, se lee por “El becario”; o “Es el ingenuo que cree que nadie se dará cuenta de que copió un artículo de Wikipedia. Y el reincidente que vuelve a las andadas aunque le hayan descubierto sus plagios en Internet”, advierte Álvaro Uribe, por supuesto, en “El plagiario”.

En cualquier caso, casi nadie escapa a la picardía literaria de Álvaro Uribe. Ya se imaginará el lector a los reconocibles personajes que pululan por “El indignado”, “El crítico”, “El hombre de las ferias”, “El sentido”, “El amigo informador”, “El mitómano”, “El borracho”, “El antihollywoodense” o “El supersticioso”.

 

REFRESCAR UN GÉNERO

Todo comenzó en 2014, luego que Álvaro Uribe (Ciudad de México, 26 de mayo de 1953) ganó el Premio Xavier Villaurrutia en ese año por “Autorretrato de familia con perro”. Un día, José Luis Martínez S., director general y editor del Suplemento Cultural Laberinto de Milenio, le propuso una columna. Entonces Uribe hizo una contrapropuesta:

“Lo platiqué con José Luis Martínez S., le dije: ‘les ofrezco dos años de columnas porque quiero hacer un libro que va a tener exactamente 50 caracteres’. Entonces, la columna me dio el ritmo, la pauta, para hacer un libro que yo quería hacer”, contó a ZETA Álvaro Uribe.

Fue así como durante dos años, cada quince días, Uribe entregaba su esperada colaboración a Laberinto, donde aparecía cualquier personaje arquetípico de México, sobre todo del medio cultural.

¿Cuál fue su aportación al género milenario de los caracteres?

“La primera es el mero hecho de resucitar el género que es tan sabroso, que está tan lleno de potencialidades para escarnecer al prójimo; yo creo que en sí es una aportación, puesto que, aunque yo no quisiera no poder volver a escribir como La Bruyère, ni mucho como Teofrasto, simplemente con el hecho de intentarlo equivale a refrescar un género.

“Busqué cómo hacer cosas distintas de lo que habían hecho La Bruyère y Teofrasto, básicamente lo que hago, además de modernizar el punto de vista y desde luego modernizar el lenguaje, es introducir un personaje que ninguno de los dos tenían en sus caracteres.

“En los caracteres de Teofrasto el autor es omnisciente, que desde afuera comenta sus personajes, los escarnece, los vitupera con la intención de mostrarles sus defectos, para ver si de alguna manera los arregla; en cambio, La Bruyère ya es más moderno, es menos filósofo que Teofrasto, tiene bastantes tonos narrativos, donde aparecen personajes que se dicen cosas, pero sigue La Bruyère afuera de la acción.

“Yo lo que hago es introducir un personaje que se llama Tú a la hora de describir a los personajes que sean, además del autor y del personaje descrito, siempre hay un personaje que se llama Tú, que el lector puede interpretarlo como quiera, ya sea como que tú es el mismo lector, como que me estoy dirigiendo a él, le estoy diciendo ‘tú eres así’ o como que me estoy hablando a mí en el texto, me estoy introduciendo así; en este segundo caso, que me estoy introduciendo, es para no aparecer como alguien que se cree superior de alguna manera, o mejor que los personajes que critica, sino que como alguien que hace lo mismo, que de hecho tiene las mismas taras morales que ellos”.

¿Por qué es importante la sátira y la ironía en “Caracteres”?

“En algunos de los caracteres de Teofrasto -es difícil juzgarlo no sabiendo griego, yo sólo lo he leído en traducción, desde luego-, no hay quizá un dejo de ironía, a veces sarcasmo, pero no hay un continuo sentido del humor en Teofrasto; ya en La Bruyère sí, se ve claramente que la intención del autor es burlarse, ironizar, incluso ser sarcástico; y bueno, hay que tomar en cuenta que los caracteres forman parte de la literatura que llamamos satírica.

“Lo que quieren hacer los caracteres es satirizar, es deliberado incluso, casi es un ingrediente, no es que uno elija ser o no humorista, sino que si uno va a emprender este tipo de literatura tiene que incurrir en la sátira, en la ironía, en el humor; que el lector a la hora de enterarse de estos caracteres se ría, no se trata de que se ponga sombrío, sino que se ría”.

Con la consabida sorna, Uribe concluyó en torno a sus “Caracteres”: “Ha habido gente que me retiró la palabra definitivamente. Varios se han sentido aludidos y lo han tomado, la mayoría, con sentido del humor”.

 

HISTORIA DE HISTORIAS

Además de sus imprescindibles “Caracteres”, Álvaro Uribe propone la compilación “Historia de historias” (Malpaso Ediciones, 2018), donde reúne 41 cuentos publicados en sus tres libros de ese género: “Topos” (1980), “El cuento de nunca acabar” (1981) y “La linterna de los muertos (y otros cuentos fantásticos)” (2006).

“La idea de juntar mis cuentos fue de Rafael Lemus, editor de Malpaso. Mis tres primeros -y hasta ese momento únicos-, libros de cuentos, estaban completamente agotados; para las generaciones de 40 años para abajo era como si no se hubieran publicado nunca, estaban más o menos perdidos”, refirió el autor a ZETA.

Más allá de la extensión, pues los cuentos de “Topos” son muy cortos, ¿cómo ha evolucionado su concepción estética del cuento en la tradición latinoamericana?

“Yo nunca había visto mis tres libros juntos, sólo hasta que -para este compendio- tuve que revisar los cuentos, y a la hora de releerlos de corrido me di cuenta que no sé si hay una evolución estilística propiamente dicha o una evolución de destreza, no estoy seguro de eso, porque es muy difícil juzgarse a sí mismo.

“Lo que sí hay es una evolución de tratamientos y de métodos, y eso claramente se ve en el libro que empieza con mi primer volumen, ‘Topos’, que compila 16 textos brevísimos, sólo uno rebasa la cuartilla, todos los demás son de menos de una cuartilla, la mayoría son de hecho de un sólo párrafo, ya no digamos una cuartilla.

“Los textos de ‘Topos’ son exploratorios, yo así los quiero ver, se publicaron cuando tenía 27 años pero se escribieron cuando yo tenía de 22 a 26 años; son exploraciones más bien de las posibilidades clásicas de la prosa, muchas veces apenas tienen una anécdota. No hay una sola manera de entender el cuento, puesto que éstos sí tienen una acción y yo creo que sí son breves narraciones; hay quienes las han llamado prosas poéticas, tampoco las presenté así, pero no me molesta que alguien las considere así.

“En el segundo libro, ‘El cuento de nunca acabar’, de 1981, ya claramente hay la intención de manejar tramas, personajes, desenlaces, los cuentos se van haciendo más complejos en su estructura. Tenía 28 años, también son cuentos escritos prácticamente en la misma época, pero ya hay otro tipo de intención, manejo de personajes y poco a poco los cuentos van pasando de estar basados sobre todo en mis lecturas, sé que suena pedantísimo pero me atrevo a meterme con Homero y Ovidio, con los grandes valores de la cultura occidental, y poco a poco se van personalizando; también hay cuentos totalmente autobiográficos, muchos de ellos son también de índole fantástica.

“En el tercer volumen, ‘La linterna de los muertos (y otros cuentos fantásticos)’, que se podría considerar quizá más maduro, se publicó originalmente en 1988, cuando yo tenía 35 años; luego hubo una reedición en 2006, con cuentos nuevos. Estos cuentos ya son mucho más elaborados, tienden a ser mucho más largos, hay más personajes, ya son cuentos de estirpe claramente fantástica. Arreola, Rulfo, Borges, Cortázar y Bioy Casares, son entre las mayores influencias latinoamericanas de estos cuentos, aunque también se ven mis lecturas de Poe y Marcel Schwob, entre otros autores.

“De ‘La linterna de los muertos’, dos cuentos, ‘El séptimo arcano’, pero sobre todo otro que se llama ‘La audiencia de los pájaros’, tienen otro ánimo editorial y otro tipo de formato que se podrían presentar como novelas breves; en todo caso, en ‘La audiencia de los pájaros’ ya está ahí, como en miniatura, todo lo que yo voy a intentar hacer como novelista; es decir, no sólo es una historia muy compleja con varios personajes, sino que no hay ya un narrador omnisciente y cada uno de esos personajes se presenta a sí mismo y habla con su propia voz, hay juegos de estilos, no hablan igual.

“Mi primera novela (La lotería de San Jorge, 1995) que fue mi libro siguiente a ‘La audiencia de los pájaros’, yo creo que era exactamente el mismo terreno metodológico, desde ahí creo ya nunca me desprendí de esta manera de ver la novela; entonces, sí se nota la evolución del cuentista minimalista a ya casi novelista que luego se animó y saltó a la novela”.

 

EN LA TRANSGRESIÓN DE LOS GÉNEROS

Tanto en “Caracteres” como en sus cuentos de “Historia de historias” abunda el ensayo, como una suerte de mezcla de diversos géneros, por eso había que preguntar a Álvaro Uribe.

— ¿Ha llegado a alguna conclusión sobre los géneros literarios?

“Así definimos no solo el cuento, sino los géneros: novela, cuento, ensayo, hasta obra de teatro; yo diría que sirven para su estudio, son esquemas teóricos que hacen sobre todo los académicos para mejor agrupar las obras literarias que se han escrito.

“Yo escribo el cuento que tengo que escribir y muchas veces se mezcla el ensayo. Por ejemplo, el mayor cuentista de la lengua española, Borges, por supuesto, su primer texto considerado cuento es ‘Pierre Menard, autor del Quijote’ (1939), antes publicaba ensayos y poesía, pero cuando él mismo reconoce que él pasa del ensayo al cuento, su cuento es un ensayo.

“El personaje, que se llama Pierre Menard, es un francés que aprende español del Siglo XVII para tratar no de escribir parecido al Quijote, sino de reescribir El Quijote palabra por palabra; es un texto inteligentísimo que en teoría no es un cuento, no sucede nada, lo que pasa es que un francés del Siglo XX está escribiendo El Quijote, pero el hecho es que detrás de eso es un invento; entonces, eso le da todo el carácter ficticio, es un ensayo ficticio, vamos a decir:un ensayo ficción, y ése es su primer cuento.

“Desde luego, yo sí tiendo mucho a mezclar el ensayo. En ‘Caracteres’ hay por lo menos uno que en realidad no es un carácter, sino es un cuento. ‘Leo a Biorges’ (2012) es un libro de ensayos, la mayoría de los textos son ensayos, pero ahí hay un ensayo que es un cuento, o sea que si lo pongo como cuento entre los 41 de ‘Historia de historias’, funciona perfectamente como cuento, lo que pasa es que también como ensayo tiene lo suyo.

“Entonces, ‘Topos’ (1980) quién sabe que sea, si son todos cuentos o no; ‘El cuento de nunca acabar’ (1981) tiene muchos que son ensayísticos también, el único libro de cuentos, absolutamente cuentos, sería ‘La linterna de los muertos’ (1988, 2006). Los ‘Tres cuentos más’ que añado (en ‘Historia de historias’), son cuentos que no mezclan el ensayo”.

Hacia el final de la entrevista, Álvaro Uribe sentenció:

“En realidad yo mezclo todos los géneros que sean necesarios. A mí me gusta jugar con la transgresión de los géneros, entonces yo diría, como conclusión, si es que la hay, que en la práctica lo que importa es que un texto sea bueno; lo que importa es que el texto funcione y que capture al lector”.

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