Añoranzas de mi viejo Navolato


 
Cartaz lunes, 31 diciembre, 2018 12:00 PM

Añoro las tranquilas y calladas calles viejas de mi pueblo. Con sus portales con poltronas elegantes de siestas vespertinas. El trotar de los caballos arrastrando con sus cargas muy temprano las carretas. Añoro esas frescas y aromadas bulliciosas mañanas del viejo mercado. Los comerciantes con pregones ofertando sus vendimias pueblerinas.

También añoro los cantos matutinos de gallos, cenzontles y gorriones. Los bellos atardeceres de arreboladas nubes de colores en horizonte. Escuchar por las tardes el triste tañer del viejo campanario. Llamando a los fieles feligreses a la iglesia a los rezos del rosario.

También recuerdos de aquellos disfrutes paseos y festejos en los ranchos que llevaron mis juveniles pasos de caminar presuroso por caminos y veredas. Y también por rincones de barrios de callejones oscuros y estrechos y tortuosos. Recorridos por caminos arbolados de álamos y frondas rumorosas.

Mis paseos por los campos y el río en mi brioso caballo llamado Medianoche, y la compañía de mi fiel perro pastor llamado Guardián con sus ladridos protectores. El canto de los gallos mañaneros, la algarabía de los niños en la escuela.  El aroma de pan recién horneado de don Pedro llevado en canastas al mercado. El atole de pinole de la güera atolera y los taquitos dorados de “La Chata”.

Tantos y tantos recuerdos con añoranzas de aquellos tiempos de mi vida en mi pueblo. Las mañanas de café de personajes arreglando los asuntos que atañen al pueblo. Los señores en las bancas de la plazuela presumiendo amorosas conquistas pasadas. Las muchachas dando vueltas en la plazuela con cadencioso andar y juvenil coquetería.

El esperado silbato del ingenio llamando a jornaleros y obreros al trabajo. Extraño la casita de dulce, los raspados, los churros, los quequis y las tardes en el quiosco. Recuerdos que fluyen en mis pensamientos como sueños evocando el pasado. Pero ahora vivo la ajetreada vida citadina y tampoco tengo tiempo para sueño

 

Atentamente,

Olegario Miller Gastélum

Tijuana, B.C.

 

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