“Tijuana llena de migrantes abandonados”: Alejandro Solalinde


 
Ezenario lunes, 15 septiembre, 2014 07:00 PM

Tijuana, a diferencia de otras rutas migratorias del país, está matizada por la concentración de personas abandonadas. Así lo piensa el padre Alejandro Solalinde Guerra, defensor de los derechos humanos de migrantes a lo largo del país, durante un recorrido por la zona conocida como “El Bordo”. Durante su segunda visita a la ciudad en este año, el 8 de septiembre de 2014, el sacerdote  ganador del Premio Nacional de Derechos Humanos en 2012, se introdujo a la canalización del Río Tijuana para escuchar el relato de migrantes y deportados. Así supo de las redadas violentas de la policía municipal de Tijuana y del despojo de sus bienes y las constantes amenazas. Solalinde concentra sus esfuerzos en atender la ruta migratoria que inicia en la frontera sur del país y termina en el noreste; a partir su experiencia, explica la particularidad que observa en Tijuana. “En el sur  hay asaltos, extorsiones, violaciones, secuestros, muchas cosas, pero no hemos llegado a ver colonias de personas abandonadas, todavía no, pero no tarda en haberlos. Este sistema que ocasionó esto, lo hará también allá, ahorita que hay tiempo hay que prevenirlo”, dice mientras camina por las casas improvisadas por los migrantes. “Tijuana es una ciudad migrante, que ha crecido a través de la migración, yo creo que han faltado recursos del estado y de la federación para prever esto, para invertir en el bienestar social. Se han preocupado por otras cosas, la ciudad se ha embellecido, se ha mejorado, pero no así, al mismo nivel, el sector humano y social”, explica. No obstante, destaca que el fondo es el mismo, un Estado de injusticia y sin voluntad para atender al sector migrante. “Es el abandono de personas, el descuido. Es inaceptable. Abandono porque no hay oportunidades, abandono porque no hay cariño, no hay atención, son seres humanos, son nuestros humanos, son el rostro de Jesús”. Sostiene que igual que en Estados Unidos, el sistema político-gubernamental mexicano ha perdido el sentido humano y criminaliza cada vez más a los migrantes nacionales y extranjeros. Dice que los gobiernos de ambos países no están dispuestos a invertir en este fenómeno, por considerar primero intereses políticos y económicos.   “Hay una pérdida de confianza y ésa no se va a ganar con discursos o con promesas de proyectos en un futuro, en un futuro que no llega. No hay confianza en el gobierno ni en los partidos”. No obstante, comenta que la convergencia que se ha dado entre el sector religioso y civil interesado en la causa, ha aumentado los lazos de solidaridad para reclamar ante el sector gubernamental soluciones. De esta forma explicó su visita a la ciudad, al comprometerse a gestionar ante el gobierno del Estado la entrega en comodato de un predio, para los migrantes del bordo, así como actividades productivas para que desempeñen. Por último, asegura que contuvo el llanto en varias ocasiones durante su recorrido en “El Bordo”, que la situación en la que viven los migrantes de Tijuana le causó mucha indignación, pues para él no representan un problema, sino una “hermosa oportunidad” para reconstruir una sociedad.

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