Lección inapelable


 
Toroz lunes, 2 junio, 2014 07:00 PM

Al maestro Julián López “El Juli”, no le gusta que le ganen la pelea, eso es afición y ambición. Siempre ha admirado a las figuras del Toreo que han sido revolucionarias o que han aportado cosas nuevas al Toreo. Ha aprendido a vivir sensaciones que lo han alimentado como persona, y en la quinceava fecha de la Feria de San Isidro, no tuvo suerte en el sorteo y se vio desdibujado ante la apabullante faena de Miguel Ángel Perera y José María Manzanares. Un torero henchido de ilusiones, con la cabeza fría y mucho corazón, es suficientemente capaz para cambiar el destino de una tarde. Una tarde de Miguel Ángel Perera que abrió la puerta grande de Las Ventas  y se urgió como triunfador. Cuajó dos faenas de gran nivel para cortar un total de tres orejas. Cuando montó el estoque y se perfiló para entrar a matar al último toro de la tarde, la plaza contuvo el aliento, se hizo un silencio que se rompió, haciéndose añicos cuando enterró la espada, se fue la culminación de una tarde redonda y después se lo llevaron a hombros hasta la Calle de Alcalá por ese túnel soñado, solo dedicado a los grandes. Perera fue un torerazo de principio a fin, le cortó la oreja al sexto, tras una labor que fue todo un compendio de inteligencia, a pesar de que no era un toro de triunfo. Comenzó con un pase cambiado por la espalda en el centro del ruedo, rematando con un largo de pecho, cuando lo citó con la diestra, ya sabía que su oponente no sería un fácil colaborador, pero se cruzó siempre al pitón contrario, invadió los terrenos del toro, le enseñó la muleta y tiró una embestida hasta conseguir un par de tandas, siempre hacia los adentros, a la que faltó la emoción de la codicia. Pero desbordaron buen gusto y empaque, así como conseguir un par de tandas en el centro del ruedo, rematando con un largo de pecho. Ya sabía que su oponente no sería un fácil colaborador, sin embargo, se cruzó siempre al pitón contrario y la gloria en el tercero. Un toro de escaso trapío y blando de remos que no auguraba nada bueno, tras el primer conato de puyazo. Perera anunció a la plaza que iba con un auténtico quite por chicuelinas, rematado con una revolera, que resultó templadísima. Las estructuras de las plazas de toros varían mucho desde sus orígenes hasta tiempos contemporáneos. Su arquitectura, dependencias y servicios, se atienden en los fenómenos porque por añadidura, la gran mayoría de las plazas  actuales tienen una antigüedad considerable, no mayoritaria. El futuro es de las plazas polivalentes, como la de La Coruña. El techo se impone para mayor calidad de los espectadores, sin embargo, nunca variará la tradición clásica de sus dependencias.  Los intestinos de una plaza, sus entrañas, están constituidas por todas aquellas dependencias y zonas en las que toros y toreros son los amos. [email protected]    

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