Donald Trump “El Renacido” (Última Parte)


 
Cartaz Lunes, 21 Marzo, 2016 12:00 PM

 

El caso de Donald Trump es un caso digno de psiquiatría. La historia se repite como algo exactamente igual a lo que sucedió hace 77 años, entre 1939-1945, durante la segunda guerra mundial: La Oficina de Servicios Estratégicos (OSS por sus siglas en inglés), los cuales eran los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Encargaron un exhaustivo informe psicológico de Adolf Hitler con el objetivo de que la información allí detallada ayudara a los aliados a ganar la segunda guerra mundial. El responsable fue el prestigiado psiquiatra de la Universidad de Harvard Henry Murray. El cual desglosó la mente de este despiadado Dictador alemán. Desglose que tituló “Análisis de la personalidad de Adolf Hitler”. En este interesante documento, hoy se sabe que Hitler sufría de histeria, paranoia, esquizofrenia, neurosis, etcétera, etcétera, etcétera. Además de que era incapaz de aceptar bromas y se comportaba como un criminal compulsivo. Era una persona rencorosa y vengativa, poco tolerante a las críticas y con tendencia a menospreciar a las personas, además de su recalcitrante racismo antisemita.

Donald Trump. Este personaje de mentalidad tan compleja encaja perfectamente en el perfil psicológico de Adolf Hitler. Tiene el mismo poder demagogo y el mismo loco fanatismo con el que Hitler logró enajenar con sus falacias de grandezas a toda una nación. Él afirmaba: “Qué mejor suerte que gobernar a hombres que no piensan”; extracto de su libro “Mein Kampf” (Mi Lucha). Fue el protagonista para dar comienzo a la segunda guerra mundial, cuyo resultado fue de entre 50 y 70 millones de víctimas, y del peor holocausto del que se tenga memoria en la historia de la humanidad.

Acaba de morir Delmer Berg en su casa de California, a los 100 años de edad. Hijo de inmigrantes europeos, combatió con los aliados contra los fascistas durante la segunda guerra mundial. Y en sus últimos días pronunciaba conferencias de su experiencia contra el fascismo.

Al igual que Hitler, Donald Trump proviene de una familia de inmigrantes. Su madre, su padre, su abuelo, su primera y segunda esposa son inmigrantes, que también vinieron a los Estados Unidos, en busca del “sueño americano”, al igual que los inmigrantes mexicanos a lo que él tanto desprecia.

Lo único que le ha faltado es arremeter en contra de los indios americanos, los legítimos dueños de estas tierras americanas y a los cuales hoy en día mantienen en reservaciones. Excepto ellos, todos los demás que conforman esta gran nación son inmigrantes.

Trump, como descendiente de inmigrantes y nacido en la ciudad de Nueva York, ha olvidado la leyenda que descansa a los pies de la Estatua de la Libertad. Una placa con el poema de Emma Lazarus. He aquí un pequeñísimo fragmento que habla por sí solo: “Desde el faro de su mano, brilla la bienvenida para todo el mundo / Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas, anhelando respirar en libertad, enviadme a estos los desamparados”.

Y Trump como político en cierne debería de conocer mejor su Constitución y no tratar de violentarla.

El eminente patriota norteamericano Thomas Jefferson, quien se supone redactó el acta de la Independencia de los Estados Unidos, en la cual aparecen grandes pensamientos de orden social, sobre los cuales se basa el adelanto y progreso de la nación: “Todos los hombres son iguales y han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

“He jurado ante el altar de Dios, hostilidad eterna, contra todas las formas de tiranía”.

Sin duda alguna, éste fue un gran hombre y profundo pensador.

Solo espero en Dios que en estas próximas elecciones presidenciales pueda triunfar la razón y la justicia. De no ser así, se nos avecinan tiempos apocalípticos, que no nada más lamentaremos los mexicanos, sino el mundo entero.

P.D. Yo en lo personal, lamento que la ciencia no esté tan avanzada y que Donald Trump con todos los millones de dólares que tiene no pueda pagarse un trasplante de cerebro. (Me merece el mismo respeto que nos tiene él como mexicanos).

Atentamente.

Armida Saralegui

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