Los cristianos que no vivimos la fe verdadera, no resucitamos a una vida nueva cada semana santa, por decir algo; porque no creemos las verdades encarnadas en Cristo. Las creemos a nuestra manera, las hacemos a nuestra medida: no comemos carne, porque tenemos mariscos; no entendemos las promesas de Cristo al sacrificar algo por alguien, por el débil, por el necesitado.