La Mulata es nuestra unidad métrica, nuestra regla para medir la moral, “al menos yo no hago esto o eso otro como la Mulata”, así nos decimos y así murmuramos de ella a sus espaldas. Esa vieja canija que cada mañana escarba en las aguas de mierda y con esa dizque se peina, dizque se lava, dizque se hace las abluciones matutinas.