Como lo hemos analizado previamente, la soberanía es uno de los elementos que integran a un Estado. Actualmente existen 193 Estados reconocidos por la...
Septiembre es una etapa del año bastante simbólica para México. No me atrevería a asegurar lo mismo para los mexicanos, quienes, en ocasiones, ni siquiera conocen qué sucesos se conmemoran.
Retomando el tema principal de esta entrega, es preciso recordar que una de las grandes pasiones del señor López Obrador es la historia, particularmente la historia de las ideologías con las que tanto simpatiza.
Actualmente no existe un priista más priista (de la vieja guardia) que Andrés Manuel López Obrador. De igual manera, López Obrador es un amplio conocedor de la historia política y social de nuestro país; por ello la tergiversa -la corrompe- para sacar provecho a su favor.
Sería hasta enero de 1824 cuando se establecería una “República representativa popular federal”, mediante el Acta Constitutiva de la Federación. Tal disposición se ratificaría meses más tarde con la promulgación de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, dividiendo así al Supremo Poder de la Federación en tres órganos: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.
Regresando al escrito de Maquiavelo, me resulta sorprendente cómo este libro de más de 500 años es tan vigente. Pareciera que, en esas breves líneas, el filósofo florentino retratara al México del siglo XX y lo que ha transcurrido del XXI.
En el pasado, existieron gestiones presidenciales similares, como la de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), quien fue dispendioso. Las consecuencias financieras fueron catastróficas. Luego de ese gobierno, padecimos dos sexenios de inestabilidad económica.
Vítores, fanfarrias, parafernalia, desfiles, y sumisión total ante la figura del Presidente era como se celebraba cada 1 de septiembre; eso sí, siempre en el ambiente de algarabía que caracteriza a los mexicanos. La obligación de informar con prontitud y transparencia fue transformada en la fiesta del Presidente.
Así como lo lee. López Obrador, quien siempre se ha dicho partidario de la democracia y simpatizante de personajes como Francisco I. Madero, impulsó una estrategia muy similar a la que llevaría a Victoriano Huerta al poder en 1913: usar a un intermediario para hacerse del poder.