La excepcionalidad de una película se determina porque es incomparable con todo lo que la antecede. Ese es el caso de lo que aquí comenzó como un documental sobre los últimos 34 días de libertad de Elizabeth Holmes antes de iniciar su condena en una prisión federal y que terminó siendo la recreación de la telaraña que esta defraudadora de Silicon Valley nunca dejará de tejer.
Nathan Fielder y Lance Oppenheim son los directores que se atrevieron a entrar a la casa de Holmes y rozar su vida íntima sin resolver el enigma. Es obvio que el objetivo era apenas retratar una mentira que convence como verdad porque la protagonista es justo eso, una impostora alevosa, ventajosa y criminal, como quedó demostrado con su falsa empresa Theranos, que sacudió a Silicon Valley.
Para complicar más las cosas están Billy Evans, el marido actual de Holmes, y el mismo Fielder, siempre presente porque su personalidad es así y porque tampoco entiende dónde está la línea entre ficción y realidad.
Cuando menos lo piensa uno ya está dentro de la psicología retorcida de Holmes, Evans y Fielder, se perdió el propósito del género cinematográfico y han pasado casi tres horas que no pesan porque todo lo que se dice y se ve es fascinante. Si esa es la naturaleza humana estamos perdidos. Y no es exageración. ****
Punto final.- Nombremos un clásico para Halloween. Empiezo con “Psycho”, de Hitchcock, por supuesto.





