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viernes, octubre 30, 2026
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La urgencia de la ciudadanización, otra vez

El escándalo Taddei, la deliberada y lacerante corrupción que imperó en el Instituto Nacional Electoral aparentemente en los últimos años, desde que Guadalupe Taddei Zavala tomó posesión del cargo de consejera presidenta del órgano electoral nacional, en abril de 2023, no sólo ha evidenciado la deshonestidad de las personas y la decadencia de las instituciones, sino también la urgente necesidad de tener, otra vez, organismos ciudadanizados.

Durante la mayor época del priismo en el Gobierno de la República, el órgano electoral era la Comisión Federal Electoral en la facultad de la Secretaría de Gobernación, desde ahí, en 1988, siendo el titular de la importante dependencia Manuel Bartlet, posteriormente funcionario del primer gobierno de Morena en México, se fraguó lo que para muchos es el más grande fraude electoral.

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Aquel año la elección presidencial fue marcada por la división en el PRI que inició Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (fallecido hace unos días), entonces encabezando por su cuenta y con la desbandada tricolor a su favor, entre quienes se encontraban Porfirio Muñoz Ledo y el expresidente Andrés Manuel López Obrador, la candidatura a la presidencia por el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. Pero a pesar del descontento social y del apoyo que Cárdenas encontró en la sociedad, fue derrotado por el priista Carlos Salinas de Gortari. Cuando la tendencia del voto favorecía al de izquierda, el sistema de conteo de votos, informaría Bartlett, “se cayó”, y de pronto el triunfo fue para Salinas.

A partir de ese momento vinieron cambios importantes en el órgano electoral, y aunque en 1990 se disolvió la Comisión Federal Electoral y se creó el Instituto Federal Electoral, éste continuó siendo encabezado por el secretario de Gobernación hasta 1996 cuando, finalmente, se consolidó como un órgano autónomo y ciudadano, cuya primera presidencia del consejo recayó en el académico José Woldenberg. Lo que seguiría hasta el 2014, cuando una nueva reforma le reafirma la autonomía y modificaría la estructura interna y el nombre a Instituto Nacional Electoral. Fueron cuatro presidentes del consejo del órgano electoral que, hasta la fecha, viven sin mácula pública, más allá de las desavenencias de los derrotados: Luis Carlos Ugalde, Andrés Albo Márquez, Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova.

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Pero entonces llegó Morena al poder y el presidente más necio (esto dicho por él mismo), Andrés Manuel López Obrador, que vio en el presidente del INE en la campaña del 2018 a uno de sus adversarios, cuando no lo era. Sostuvo entonces un encontronazo con Lorenzo Córdova, el último presidente del consejo del órgano electoral ciudadano, quien de hecho le reconocería —no por gusto, sino por voluntad popular— el triunfo sin duda a López Obrador, que se convirtió además, y en ese año, en el presidente más votado de México.

Aun así, AMLO continuó con su campaña contra el INE, y de hecho contra el resto de los organismos autónomos, entre ellos el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, entre otros. Al último logró desaparecerlo, pero al primero no pudo. La sociedad se volcó a la defensa del INE, y el mandatario nacional hubo de esperar al término del periodo de Lorenzo Córdova para que su régimen se apoderara del Instituto Nacional Electoral. Así llegó Guadalupe Taddei.

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Seleccionado supuestamente por el método de la tómbola, su nombre fue, supuestamente, tomado al azar, y logró la silla principal del INE, no sin el aval del presidente López Obrador, quien la calificó como una “mujer profesional, honesta, íntegra”; “no como el presidente saliente”, diría en referencia a Córdova. Y efectivamente, no eran iguales. Por más auditorías que le practicaron al INE que encabezó Córdova, no logró el régimen amloista detectarle irregularidad alguna para llevarle a juicio; la cuestión no pasó de un intento de campaña de desprestigio de la cual el académico salió bien librado.

La diferencia entre el antecesor de Taddei y ella, es que la primera mujer en la historia de México en encabezar el órgano electoral nacional, el INE, ha salido por la puerta de atrás, entre señalamientos de corrupción, de favoritismo para empresas de su querencia y empresarios de su más cercano apego, que incluso ha aireado la buena vida que le dio a los hijos de ésta: a dos, según el dicho del empresario José Alfredo Hernández Casillas, les dio casa y viajes, además del alarde que hizo al videograbar no sólo a los hijos, sino a la propia ex consejera presidente del INE, evidenciando el tráfico de influencias y la red de corrupción que tejieron en el máximo órgano electoral de México.

Cuando ya no fue posible ocultar la corrupción en la primera presidenta del INE en la era de Morena, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció lo ya sabido: “Guadalupe Taddei traicionó la confianza del pueblo”, aunque mejor dicho traicionó al régimen que prometió “no robar, no mentir y no traicionar”.

Es muy importante señalar que los mexicanos conocieron de la corrupción en el escándalo Taddei, no por la Presidencia de la República que ahora se deslinda, tampoco por la Fiscalía General de la República que seguramente investiga, menos por la Auditoría Superior de la Federación que detectó las irregularidades, ni por la UIF emitiendo comunicado sobre las empresas con contratos simulados, sino por dos medios de comunicación que obtuvieron, a través de sus contactos, información confidencial y reveladora, el periódico Reforma y Latinus.

Eliminado el Instituto Nacional de Acceso a la Transparencia, y entregadas las facultades de acceso a la información al Gobierno de la República, es difícil que los ciudadanos, ya no digamos los periodistas, tengan respuesta a las solicitudes de información sobre el manejo de los recursos públicos en gobiernos, dependencias, poderes legislativos, judiciales y órganos autónomos, entre otros, pero no es difícil que casos de tan evidente corrupción se mantengan por siempre en la oscuridad. Contactos internos de periodistas proporcionan información de manera extraoficial para que las corruptelas sean públicas. Así conocieron los mexicanos del escándalo Taddei, por pitazos a la prensa, por la investigación documentada de Reforma, por la investigación confirmada con videos de Latinus.

Es evidente, con este gravísimo caso de corrupción, que al país le hace falta la ciudadanización de los órganos autónomos como el INE, es decir, que su futuro titular no sea ligado a los partidos políticos, mucho menos al Gobierno de la República o el partido oficialista, y que la transparencia salga de la estructura presidencial y sea devuelta a los ciudadanos. ¿Porque cuántos casos más de corrupción están sucediendo en estos momentos y son desconocidos por un gobierno que destaca por su opacidad…? Pocos lo saben, hasta que lo publica algún medio.

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Adela Navarro Bello
Adela Navarro Bello
Directora general del semanario ZETA, Consejero de Artículo 19 y del CPJ para las Américas, entre otros reconocimientos, tiene el Maria Moors Cabot 2021 de la Universidad de Columbia.

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