El pasado fin de semana, filosofando con unos cuantos amigos en nuestro bar habitual, uno de los presentes comentó que en algún lugar había leído que la cerveza contenía hormonas femeninas.
Tras reírnos en un principio, decidimos seriamente investigar y poner a prueba esta hipótesis. A continuación, y sólo en por interés científico, nos tomamos cada uno unas 20 cervezas.
Al final del experimento pudimos confirmar fehacientemente que la cerveza contiene hormonas femeninas:
1.- Todos engordamos.
2.- Todos hablamos más de la cuenta sin un contenido lógico o razonable.
3.- Ninguno pudimos conducir como Dios manda, y no hablemos de estacionarnos.
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4.- Ninguno podíamos razonar con lógica.
5.- Ninguno podíamos reconocer nuestros errores, incluso cuando estos eran evidentes.
6.- Cada uno de nosotros se creía que era el centro del universo.
7.- A todos nos dolía la cabeza y a ninguno le apetecía ya saben qué.
8.- No sabíamos ni podíamos controlar nuestras emociones.
9.- Todos íbamos siempre cogidos de la mano o abrazados, para apoyarnos mutuamente.
10.- Todos nos vimos en la necesidad de acudir cada cuarto de hora al WC, y en ocasiones todos a la vez.
Autor: El bartender.
Tocan
Tocan en la puerta de una casa y sale la señora:
— ¿Sí?
— Hola, ¿quiere ser testigo de Jehová?
— Lo siento, no vi el accidente.
Autor: Un cristiano.
El reloj
Dos amigos van por la calle y uno de ellos ve un reloj en el suelo y le dice al compañero:
— Mira allí. Un reloj por el suelo.
Y el otro dice:
— Es mío. Es que siempre se me adelanta.
Autor: Un impuntual.
El molino
Va una familia de vacaciones en carro por Castilla, cuando de repente dice el hijo pequeño:
— ¡Papá, papá, molino!
— Sí, hijo… eso que ves ahí es un molino.
Al cabo de un rato:
— ¡Molino, molino!
— Sí, ya veo que eso es un molino… ¿Qué?, ¿te gusta?
Pocos minutos después:
— Papá… me oliné.
Autor: Un turista.
Buena pregunta
El abuelo le cuenta a su nieto Pepito los grandes cambios que ha habido en la sociedad desde su juventud hasta ahora:
— ¿Sabes, Pepito?, cuando yo era niño mi mamá me daba una peseta y con eso me mandaba a la tienda de la esquina. Entonces yo regresaba con cuatro barritas de mantequilla, dos litros de leche, un saco de patatas, dos quesos, un paquete de azúcar, una barra de pan y una docena de huevos.
Y Pepito le responde:
— Abuelito, ¿en tu época no había cámaras de vigilancia?
Autor: Juanito.
El secreto de la longevidad
Éste es un investigador que va al pueblo donde están los hombres más longevos del mundo. Se encuentra a uno viejísimo y tal, y le dice:
— Bueno, ¿y usted cómo ha llegado a ser tan viejo?
— Pues, es que yo he tomado siempre mucha, mucha cebolla.
— ¿Y cuántos años tiene?
— Pues 120, hijo.
Se queda el joven alucinado, y ve a otro viejo más viejo todavía, todo encorvado y le pregunta:
— Y usted, ¿qué? ¿También ha tomado mucha cebolla?
— ¡Qué va! ¡Qué va, hijo! Lo que hay que tomar es ajo, y así llegarás a ser tan viejo como yo.
— ¿Y cuántos años tiene?
— Pues 130.
El investigador, alucinando en colores, al rato ve a uno que es que se arrugaba de viejo, todo encorvado, súper viejo, y le pregunta:
— ¿Y usted qué consume para ser tan viejo? ¿Ajo, cebolla o las dos cosas?
— ¡Qué ajo, ni cebollas, ni qué nada! Yo he andado con todas las chavas del pueblo una vez al mes. Me emborracho los días. Me he metido droga hasta por las orejas. No he tomado nada sano. No hago ejercicio y como pura chatarra.
— ¡Increíble! ¿Y cuántos años tiene?
— Pues 27.
Autor: Un geriatra.





