Dos sacerdotes decidieron ir a Cancún de vacaciones. Estaban determinados a tomar una real vacación, no usando nada que pudiera identificarlos como clérigos.
Tan pronto el avión aterrizó, se dirigieron a una tienda y adquirieron algunas bermudas, remeras, sandalias y anteojos negros realmente llamativos. A la mañana siguiente bajaron a la playa vestidos con su atuendo turístico.
Estaban sentados en sus sillas de playa, bebiendo un trago y disfrutando del sol y el paisaje, cuando una rubia despampanante “que mataba”, usando un bikini diminuto, pasó caminando junto a ellos, que no pudieron evitar mirarla con admiración.
Al pasar frente a ellos, la rubia sonrió y dijo:
— Buen día, Padre, buen día, Padre —saludando y dirigiéndose a cada uno individualmente al hacerlo. Ellos quedaron atónitos. ¿Cómo diablos podía ella saber que estaba frente a sacerdotes?
De manera que al día siguiente, ellos regresaron a la tienda y compraron prendas aún más llamativas.
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Una vez más, con su nuevo atuendo, se ubicaron en sus sillas para disfrutar del sol.
Luego de un momento, la misma rubia atractiva, usando un diferente y colorido bikini topless, volvió a pasar frente a ellos y una vez más los saludó diciendo:
— Buen día, Padre, buen día, Padre.
Y comenzó a alejarse. Uno de los clérigos no pudo evitarlo y dijo:
— Un momento, señorita.
— ¿Sí, Padre?
— Nosotros somos sacerdotes, orgullosos de serlo, pero debo saber: ¿Cómo es posible que usted sepa que somos clérigos, vestidos como estamos?
Ella replicó:
– Padre, soy yo… ¡La Hermana Catalina!
Autor: Otra Hermana.
Lecciones
La profesora en plena clase:
— La hiena es un animal que vive en el centro de África, come carroña, se aparea una vez al año, y emite un sonido similar al del hombre al reírse.
— A ver, Pedro, ¿entendiste la clase?
— Sí señorita, la hiena es un animal que vive en el centro de África, come carroña, se reproduce una vez al año, y emite un sonido similar al del hombre al reírse.
— Muy bien, Pedro. A ver tú, Carlos.
— La hiena vive lejos, en África creo, come carne podrida, disfruta una vez al año y se ríe como el hombre.
— Bueno, más o menos lo has entendido. A ver tú, Pepito.
— Señorita, hay algo que no entiendo… La hiena, con lo lejos que vive, come de la patada, y lo poco que se divierte… ¿de qué demonios se ríe?
Autor: Un zootecnista.
Generoso
Una tarde, un famoso banquero iba en su limusina cuando vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo pasto.
Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar.
Le preguntó a uno de ellos:
— ¿Por qué están comiéndose el pasto?
— No tenemos dinero para comida —dijo el pobre hombre. —Por eso tenemos que comer pasto.
— Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré —dijo el banquero.
— Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquel árbol.
— Que vengan también —dijo nuevamente el banquero.
Volviéndose al otro pobre hombre, le dijo:
— Usted también puede venir.
El hombre, con una voz lastimosa, dijo:
— Pero, señor, yo también tengo esposa y seis hijos conmigo.
— Pues que vengan también —respondió el banquero.
Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
— Señor, es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos.
El banquero le contestó:
— ¡Hombre, no tenga vergüenza, soy muy feliz de hacerlo!
— Les va a encantar mi casa. ¡El pasto está como de 20 centímetros de alto!
Autor: Un jardinero.
Hay de regalos a regalos
— ¿Cómo puedes saber la diferencia entre los verdaderos regalos de los hombres y los regalos por sus sentimientos de culpabilidad?
— Porque los segundos son más bonitos.
Autor: Una mujer.
Amor es compartir
— Estoy cansada de tu sentido de pertenencia, todo el tiempo andas diciendo: “Mi casa, mi carro, mi esposa, mi televisor”. ¿No habría alguna forma de que cambiaras esa actitud?
El esposo la mira y le dice:
— Bueno, está bien, ¿quieres por favor dame nuestros calzoncillos?
Autor: Un hombre.





