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lunes, agosto 3, 2026
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Historias de personajes y escenarios utópicos

“En muchísimos populismos contemporáneos, tanto de izquierda como de derecha, creo que hay una nostalgia utópica, una idea de volver a un estadío social ideal, y para ello hay que romper con las formas políticas normales de la democracia, del liberalismo, de la modernidad”, advirtió en entrevista para ZETA Armando González Torres, autor de “Jardines en el cielo. ¿Qué hacer con las utopías?”

 

Quiénes han sido los personajes utópicos en el mundo Occidental, cuáles eran sus ideas con las que convencieron a otros de fundar pintorescas comunidades modelo, dónde establecieron sus experimentos paradisíacos, cuáles han sido las razones de sus éxitos fugaces y hasta cómo algunas utopías totalitarias han terminado en tragedia, son algunas de las interrogantes que Armando González Torres plantea en su fascinante libro de ensayo “Jardines en el cielo. ¿Qué hacer con las utopías?”, editado en 2025 por el sello Ariel de Editorial Planeta Mexicana.

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Amenizado con la pluma irónica del reconocido escritor y con los rigores propios del ensayo, Armando González Torres entrega una revisión fundamental e histórica sobre las utopías, tema en el que ha profundizado desde hace muchos años; incluso algunos fragmentos fueron publicados originalmente en el suplemento Laberinto del Diario Milenio que edita el escritor y periodista José Luis Martínez S.

“Fíjate que hace ya más de una década, Roger Bartra y Geraldo Villadelángel me invitaron a prologar una utopía renacentista poco conocida que se llama ‘Cristianópolis’ (de Johann Valentin Andre). Yo ya conocía este género, pero realmente me atrajo muchísimo más y a partir de esta excursión comencé a leer los clásicos y los contemporáneos de la literatura utópica y me pareció una veta fascinante como género literario, como proyectos sociales, como mitos, como grandes ideologías; es decir, me pareció un género muy rico, muy fecundo y profundamente ambivalente, con muchas virtudes y también con muchos peligros”, expresó a ZETA Armando González Torres.

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DESDE LAS UTOPÍAS RENACENTISTAS

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Armando González Torres desmenuza de manera brillante la historia de las utopías en “Jardines en el cielo. ¿Qué hacer con las utopías?” en cinco capítulos: Utopías pioneras, Socialistas utópicos y otras especies, La utopía en la práctica, Utopías totalitarias y distopías, y Paisaje utópico: la vida como arte, la vida natural y la vida en femenino.

En su recorrido por las utopías, inicia con autores renacentistas como Tomás Moro (1478-1535), Tomasso Campanella (1565-1639), Johann Valentin Andreae (1586-1654) y Francis Bacon (1561-1626):

“La utopía comienza como un género fantástico, literario; eran ficciones. En 1516 cuando Tomás Moro publica su ‘Utopía’, pues es más que nada una crítica social llena de humor a la Inglaterra de su tiempo y que está muy matizada precisamente por ser un texto fantástico; no es algo que lo vaya a poner en peligro. Todas las utopías renacentistas son relatos fantásticos, relatos de mundos aparentemente inalcanzables, de experimentos sociales que se llevan a cabo en lugares muy remotos habitados por seres casi míticos; y eso protege a sus autores de las consecuencias de represión, de censura”, refirió a este Semanario el poeta y ensayista.

“Sin embargo, la utopía va adquiriendo una evolución a lo largo del tiempo y, por ejemplo, en el Siglo XIX los socialistas utópicos ya no intentan meramente hacer un ejercicio literario de crítica social, sino que piensan que sus proyectos pueden ser absolutamente viables y pueden mejorar de manera tangible la vida social. En el siglo XX ya no sólo son proyectos que pueden ser viables, sino que en manos de ideologías se convierten en políticas públicas y hasta en libros sagrados, como en el caso del comunismo, el fascismo o el nazismo. Entonces, este componente utópico evoluciona desde el juego literario hasta el credo político más inflexible, y esto también hace profundamente seductor el género utópico”, argumentó.

— ¿Por qué tu libro parte del análisis de las utopías de Occidente? Es decir, ¿no hubo utopías en Oriente o precolombinas o prerromanas? Aunque se sobreentiende que vivimos en Occidente o que la historia está determinada finalmente por Occidente…

“Es una pregunta muy interesante, porque, en efecto, el término mismo de utopía parte de la obra de Tomás Moro que se publica en 1516. Esta obra inaugural da origen a todo un género, y a partir de la utopía muchos miran hacia atrás y piensan que se pueden localizar vestigios del pensamiento utópico mucho muy anteriores a Tomás Moro; y por ejemplo, pues se dice que la ‘La República’ de Platón perfectamente podría ser una utopía”.

“También a raíz de la invención occidental pues sí hay quienes han buscado en Oriente y en otras regiones rasgos de una literatura utópica. Sin embargo, lo cierto es que en ningún espacio como en Occidente la utopía ha tenido un desarrollo y una proyección social y política tan importante como la ha tenido en estas geografías”.

Foto: Cortesía

 

UTOPÍAS DESPUÉS DE LAS REVOLUCIONES FRANCESA E INDUSTRIAL

Un capítulo fascinante, quizá por la ingenuidad de sus pintorescos personajes, de “Jardines en el cielo. ¿Qué hacer con las utopías?” es “Socialistas utópicos y otras especies” debido a que en esta etapa de la historia, hacia finales del Siglo XVIII y principios del XIX, los utopistas pasan de la ficción de los autores renacentistas a los hechos en la fundación de comunidades literalmente utópicas, algo así como el paraíso en la tierra. En este capítulo, el autor aborda la obra utópica de autores como Claude Henry de Rouvroy, conde de Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837) y Robert Owen (1771-1858), autores fundamentales que llevan a la vida real sus experimentos sociales con sus respectivos seguidores o fans que creen fervientemente en sus aspiraciones paradisiacas.

— Aunque hubo otros autores utópicos, ¿por qué son centrales las figuras de personajes como Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen en la historia de las utopías?

“Yo creo que son centrales porque muchas de sus ideas son profundamente prácticas todavía: porque tienen un componente en efecto mesiánico, pero tienen muchísimos componentes prácticos porque, a diferencia de utopías ulteriores, no apuestan por la violencia; al contrario, los tres, Fourier, Saint-Simon y Owen, conocieron muy de cerca la Revolución Francesa, sus baños de sangre y estaban en contra de la violencia. Y bueno, la otra razón por la que me parecen centrales es por la riqueza de sus personalidades, el enorme carisma, la excentricidad y lo entrañable de sus biografías. Fourier es un personaje, te enteras un poco de su vida, de las paradojas de su biografía y pues estableces una empatía inevitable con él, hay un contacto fraternal. Entonces, yo creo que todos estos componentes les dan un lugar central en la historia de la utopía”.

 

UTOPÍAS EN MÉXICO

Aunque no en un capítulo específico para las utopías del México colonial o independiente, Armando González Torres recorre también las historias de Vasco Vázquez de Quiroga y Alonso de la Cárcel (España, hacia 1470 – Michoacán, 1565) y Albert Kimsey Owen (Estados Unidos, 1847-1916), que también soñaron con sus respectivas comunidades utópicas.

— Además de que fracasaron, por supuesto, ¿qué tienen en común las utopías de Vasco de Quiroga en Santa Fe y Michoacán, y de Albert Kimsey Owen en Topolobampo? ¿O por qué son emblemáticos estos casos de utopías en nuestro país?

“El caso de Vasco de Quiroga en México es extraordinario porque era un lector voraz; él leyó la ‘Utopía’ de Tomás Moro en latín, porque nunca se tradujo al inglés y ya hasta muy tarde al español, entonces él la leyó en latín. Lo que a Moro le parecía una mera fantasía, a Vasco de Quiroga le pareció muy practicable; y él, aún en vida de Moro, cuando ya Moro realmente la estaba pasando muy mal por su mala relación con Enrique VIII, aún en vida de Moro, Vasco de Quiroga pretendió llevar a cabo esas utopías en México y, bueno, en parte las puso en práctica en sus comunidades tanto en lo que hoy es Santa Fe aquí en la Ciudad de México, como sobre todo en Santa Fe de la Laguna en Pátzcuaro, Michoacán. Entonces, es una coincidencia extraordinaria y es también una prueba de cómo la utopía de manera tan temprana comenzó a adquirir también esta otra faceta de ser un proyecto social que se concebía como viable”.

“Albert Owen quería hacer del puerto de Topolobampo una sociedad modelo; sin embargo, su propósito principal no era transformar la humanidad o perfeccionar al individuo como como pretendían muchas utopías, sino hacer un proyecto económico muy rentable. En ese sentido fue muy visionario porque trataba de unir los dos océanos a través de un ferrocarril que desembocara en Topolobampo, porque iba a ser un espacio ultramoderno, muy ordenado y muy próspero; era ante todo un proyecto de bienestar y prosperidad económica, mucho más que un cambio de gran alcance, como sí lo intentaban otras utopías”.

 

UTOPÍAS TOTALITARIAS

Inevitablemente, o tarde o temprano, en “Jardines en el cielo. ¿Qué hacer con las utopías?” llega la hora de abordar las utopías totalitarias del Siglo XX, con la URSS, Italia y Alemania con personajes siniestros.

—  Evidentemente, las utopías más preocupantes son las utopías totalitarias: el marxismo, el fascismo y el nazismo. ¿Por qué “las utopías totalitarias demuestran los peligros que se ciernen sobre la propensión humana para orientarse al futuro”? Tal como adviertes en tu libro…

“El denominador común de las utopías totalitarias es que aspiraban a una sociedad de seres humanos perfectos, y excluyente en muchos sentidos de los seres normales, de los seres de carne y hueso. Yo creo que este amor abstracto a la humanidad, esta ansia de perfectibilidad infinita, este afán de controlar no sólo la economía, sino la conducta pública e íntima de los individuos, pues desemboca en un régimen inevitablemente represivo, donde los espacios para la realización individual son prácticamente inexistentes; y, precisamente, la gran crítica a estas utopías totalitarias no surgió primero de la ciencia política, como podríamos pensarlo, sino de la literatura, a través de distopías como las de Jack London, Zamiatin, que vivió los primeros años de la URSS, o como las muy famosas de George Orwell. Es muy curioso porque al lado de la utopía y de este afán de perfección y de progreso infinito, siempre ha existido también esta visión escéptica que se encarna en la distopía, que como sabemos ha sido un género muy boyante y muy predominante en el Siglo XX”.

Foto: Cortesía Andrea Cruz Piñón

 

LOS PELIGROS DE LAS UTOPÍAS

Los utopistas Saint-Simos, Fourier y Robert Owen, los utopistas hispanoamericanos e incluso los soñadores de paraísos terrenales en Estados Unidos, como que buscaban un escenario, un lugar, aunque no necesariamente un país, como después sucede con las utopías totalitarias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Italia y Alemania.

— ¿Qué pasa cuando los impulsores de una utopía la convierten en política pública de un país, tal como ocurrió con las utopías totalitarias, más allá de un experimento social en una comunidad o un lugar apartado en la sierra?

“Esto requiere necesariamente que haya un movimiento político que alcance el poder y que la utopía se convierta en una suerte de libro sagrado que va a dictar numerosas políticas públicas, que va a dictar una cosmovisión donde de repente muchísimos presupuestos que parecerían absurdos, absolutamente inalcanzables, se van perdiendo las dimensiones. Por ejemplo, en la Unión Soviética se pensaba que iba a ser tal el desarrollo de la ciencia soviética y que iba a superar en tan poco tiempo a Occidente, que incluso límites naturales como la finitud podrían ser abolidos a través de la ciencia. Entonces hay un momento muy representativo de este delirio ideológico, de este delirio utópico, que es el momento en que muere Lenin y se crea una comisión burocrática para una especie de resurrección, y como se sabe, pues el cadáver de Lenin se preservó por mucho tiempo con la esperanza de que pudiera ser resucitado. Entonces, digamos, estas desmesuras, estos delirios muy apoyados en el mito y en el pensamiento utópico, llegaron a ser muy comunes en las utopías totalitarias”.

— ¿Cuál es el escenario actual en cuanto a utopías en el mundo?

“Yo creo que puede hablarse de dos dimensiones en las que la utopía está presente: por un lado, en muchísimos populismos contemporáneos, tanto de izquierda como de derecha, creo que hay una nostalgia utópica, una idea de volver a un estadío social ideal, y para ello hay que romper con las formas políticas normales de la democracia, del liberalismo, de la modernidad; y por otro, hay otra vertiente utópica que también está presente y que se manifiesta más bien en lo que podríamos llamar comunidades intencionales, que son pequeños grupos que intentan escapar un tanto a este maremágnum del mercado, del materialismo, del exhibicionismo en redes, y que buscan de alguna manera estar mucho más en contacto con la naturaleza, tener vínculos personales más auténticos en pequeñas comunidades y que en este sentido fundan estas llamadas comunidades intencionales donde hay un tipo de convivencia más acorde con sus valores”.

— ¿Algo que quieras advertir sobre los peligros de las utopías en la actualidad con los gobiernos de derecha o de izquierda, o incluso totalitarios o dictatoriales?

“La utopía es un género muy ambivalente. Yo creo que la utopía ha sido un gran afrodisíaco del cambio que muchísimos avances civilizatorios que ahora nos parecen naturales. en materia de derechos humanos, en materia de derechos civiles, en materia de pisos económicos mínimos, por ejemplo, pues cada vez mayor acceso de las mujeres al mercado de trabajo, el que no haya trabajo infantil, que haya respeto a las minorías, todas esas cuestiones se plantearon primero como una utopía. En este sentido, las utopías han tenido un papel, creo yo, muy importante en el avance de la civilización de Occidente; pero al mismo tiempo, las utopías también son profundamente ambiguas y peligrosas, y yo creo que cada uno como lector de utopías y como observador atento del acontecer político y social, tiene el deber de advertir los elementos utópicos que pueden ser nocivos para la civilización y para las relaciones sociales contemporáneas”.

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Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Enrique Mendoza Hernández estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en la categoría de Periodismo Cultural, otorgado por la Secretaría de Cultura de Baja California; Premio Nacional de Periodismo Cultural FILEY 2025, otorgado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, y Manos Libres Periodistas. Ha sido incluido en diversas antologías, entre otras, en “Relatos de frontera y otras costumbres. Crónica joven de Tijuana”, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Centro Cultural Tijuana (CECUT) en 2013. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”, publicado por la Secretaría de Cultura de Baja California en 2024. Es periodista cultural en Semanario ZETA, en Tijuana

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