Un médico afirmó esta mañana en la televisión que el único modo de conseguir la verdadera paz interior y alcanzar la felicidad, es acabar todo lo que tengas pendiente o a medias.
Así que eché un vistazo por casa y encontré varias cosas que había comenzado, pero que no había finalizado.
He terminado por completo una botella de tinto reserva, una botella de crianza, una bodella de Baileys, una bodeya de mezcla, un baquettte de papapas britas; una gajjja de vallllliiiiiuuum, el resdo de unas galleeeeedas y de udas gomitas.
Do dienes, di idea de lo godidamende ffffabulosssso gue me diendo agora midmo.
Fod favod engvía ezdo a dodoz losss gue ziendaz gue nededidan bazz inderiozz y do alganzann la velicidadd.
Loz guiero bussshho a dodoz.
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¡Gómo oz guiedo!
Autor: Ni hablar.
Viendo doble
Un borracho que está en un bar le dice al mesero:
– Qué borrachera tengo… veo doble.
– No, es que somos gemelos – responde el mesero.
– ¿Los cuatro?
Autor: Un sobrio.
Valentía
La verdadera valentía del hombre está en llegar a casa borracho, de madrugada (a punto de salir el sol), ver a la esposa esperando en la puerta con una escoba en la mano y tener las agallas de preguntarle:
– ¿Vas a barrer, o vas a volar?
Autor: La esposa.
Sexólogo
Una mujer, bastante atractiva, va al consultorio médico:
– Doctor, quería que hiciese algo por mi marido…. Algo que lo hiciera quedar como un toro.
– Muy bien. Podemos comenzar ya mismo por los cuernos.
Autor: Un tal Cornelio.
Pregunta no seria
– ¿Adónde van las pulgas cuando mueren?
– Al “Pulgatorio”.
Autor: Un ocurrente.
Obediencia
La orden decía:
“Buscar y arrestar al sargento Pérez con el mayor sigilo”.
Una semana después llega un comunicado a la capitanía:
“Sargento Pérez arrestado, seguimos buscando al mayor Sigilo”.
Autor: Anónimo de la SEDENA.
Sin duda
Después de una pelea el marido le dijo a la mujer:
– Sabes, fui un estúpido cuando me casé contigo.
Ella le contestó:
– Sí querido, pero yo ya estaba enamorada y no lo noté.
Autor: La marida, claro.
Todo depende de quién lo cuente
Dos mujeres conversan:
– ¿Cómo te fue ayer?
– ¡Una catástrofe! Mi marido llegó a casa del trabajo, cenó en tres minutos, después juntos, ya sabes cómo; cuatro minutos, y a los dos minutos, ¡ya estaba dormido! Y tu día, ¿cómo fue?
– ¡Fue fantástico! Mi marido llegó a casa y me llevó a cenar, luego caminamos bajo las estrellas durante una hora hasta que llegamos a casa. Después de una hora de juego amoroso a la luz de las velas, estuvimos ocupaditos una hora y hablamos luego más de una hora.
Los dos maridos correspondientes opinan:
– ¿Qué tal ayer?
– ¡De maravilla! Llegué a casa y la cena estaba en la mesa, cenamos, ¡hicimos lo que hacemos y me dormí como una piedra! ¿Y tú?
– ¡¡Pues yo un desastre!! Llegué a casa cansadísimo, no había luz, tuve que llevar a mi mujer a cenar fuera, la comida era una basura y carísima, tan cara que no tuve dinero para pagar el taxi de regreso. Fuimos andando hasta casa; cuando llegamos, todavía no había electricidad, y encendimos las velas. Estaba tan estresado que necesité una hora para entrar en calor y otra para cumplir a medias. Con todo eso me desvelé y tuve que soportar a mi mujer hablando durante otra hora…
Autor: La amiga… o el amigo.







