– ¡Mesero!, dígale a ese señor que tiene la servilleta en el cuello, que debe comportarse más respetuosamente. Pero dígaselo discretamente.
– ¡Discúlpeme, caballero! ¿Qué es lo que desea, afeitarse o cortarse el pelo?
Autor: Un barbero.
El político y el soldado
Un hombre vuela en un globo aerostático, cuando de repente, se percata de que está perdido. Entonces maniobra y desciende lentamente hasta divisar a un guardia civil en medio del campo y le grita:
– ¿Podría usted ayudarme? He quedado en verme a las 2:00 p.m. con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro.
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– Claro que sí -le contesta el militar-. Se encuentra usted en un globo de aire caliente flotando a unos treinta metros de altura, entre los 40 y 43 grados de latitud norte y entre los 58 y 60 grados de longitud oeste.
– Usted es un soldado, ¿verdad? – pregunta el del globo.
– Sí, señor, lo soy. ¿Cómo lo adivinó?
– Muy sencillo, todo lo que dijiste es técnicamente correcto, pero prácticamente inútil. Sigo perdido y voy a llegar tarde a mi cita porque no sé qué hacer con su información.
– Y usted ¿es político? – pregunta el soldado.
– Sí señor. ¿Cómo lo supo?
– Es muy simple. Porque usted no sabe ni donde está, ni para dónde va, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, se halla exactamente en la misma situación en la que estaba antes de encontrarme, salvo que ahora, por alguna extraña razón…. ¡la culpa es mía!
Autor: Desde las filas de Morena.
Expectativas
Cuando cumplí 14 años esperaba algún día tener un novio. A los 16 tuve un novio, pero no había pasión. Entonces decidí que necesitaba un chico apasionado, con ganas de vivir.
En la facultad salí con un muchacho apasionado, pero era demasiado emocional. Todo era terrible, era el rey de los dramas, lloraba todo el tiempo y amenazaba con suicidarse.
Entonces decidí que necesitaba un hombre estable.
Cuando tuve 25 años, encontré un hombre estable, pero aburrido. Era totalmente predecible y nunca le excitaba nada. La vida se hizo tan repetitiva que decidí que necesitaba un tipo más emocionante.
A los 28 encontré un novio excitante, pero no pude seguir su ritmo. Iba de un lado para otro sin detenerse en nada. Hacía cosas impetuosas y coqueteaba con cualquiera que se le cruzara. Me hizo tan miserable como feliz. De entrada, fue divertido y energizante, pero sin futuro.
Entonces decidí buscar un hombre con alguna ambición.
Cuando llegué a los 31, encontré un muchacho inteligente, ambicioso y con los pies sobre la tierra. Decidí casarme.
Era tan ambicioso que me pidió el divorcio y se quedó con todo lo que yo tenía.
Ahora, a los 32, me gustan los hombres varoniles, fuertotes y grandotes. ¡Y punto!
Autor: Una lectora de 40.
Popular y cortitos
– ¿Cuál es el método anticonceptivo más popular?
– El dolor de cabeza.
* * *
– Doctor, mi niño no me habla, ¿qué puedo hacer? Dígame algo.
– Tranquila señora, lávele la cara y verá como aparece la boca.
* * *
Están dos amigas hablando y la más fea le dice a la otra:
– Pues a mí me encanta la Naturaleza.
– ¿A pesar de lo que te ha hecho…?
Autor: Uno con prisa.
El robo al borracho
Es un borracho que está sentado en el carro y cuando se le acerca un policía, le dice:
– ¡Policía, auxilio! Me robaron el volante y el radio.
Y contesta:
– Pues siéntese adelante, señor.
Autor: Un sobrio.






