“La historia de ‘Por mi gran culpa’ estaba completamente vetada, no se podía hablar de ella. Nunca nos enteramos hasta que la abuela la contó. Un día, de pronto, de la nada dijo: ‘Ustedes no se deberían de llamar Urroz, se deberían de llamar como el obispo de la Catedral de León”, expresó la autora a ZETA sobre su nueva novela
Víctima de una violación por un obispo de León, España, en el Siglo XIX, Josefa, de 16 años, se ve obligada a huir a América para dar a luz en Nicaragua, donde espera rehacer su vida. Ése es el argumento de “Por mi gran culpa”, la tercera novela de Ligia Urroz publicada en 2025 por Hachette Editorial México. Pero para la periodista y escritora, es una historia real que sucedió en su familia hace más de 100 años, que ahora cuenta a través de la ficción.
“Mi trastatarabuela, Josefa, llegó a Nicaragua desde España porque estaba embarazada; allá estableció una academia de música. Yo me enteré de la historia porque mi abuela un día contó que mi trastatarabuela había sido embarazada por el obispo de León y por eso nos pusieron Urroz, el apellido materno”, contó a ZETA Ligia Urroz.
“La historia estaba completamente vetada, no se podía hablar de ella. Nunca nos enteramos hasta que la abuela la contó. Un día, de pronto, de la nada, dijo: ‘Ustedes no se deberían de llamar Urroz; se deberían de llamar como el obispo de la Catedral de León, que es un nombre compuesto. Y ya, eso fue todo lo que contó”, complementó.
“‘POR MI GRAN CULPA’ CONMUEVE, EMOCIONA, DIVIERTE”: ARRIAGA
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Autora de las novelas “La muralla” (2009) y “Somoza” (2021), Ligia Urroz también contó a este ZETA que una vez que concluyó el manuscrito de “Por mi gran culpa”, se lo confió al narrador Guillermo Arriga, quien terminó escribiendo la cuarta de forros de la novela:
“Guillermo Arriaga leyó mi novela anterior, ‘Somoza’, la de la dictadura, y le gustó muchísimo; de hecho, me dijo: ‘Quiero ser tu amigo porque escribiste espectacular esta novela’. Escribió muy buenas reseñas de mi novela anterior y a partir de ahí nos hicimos muy buenos amigos, por la lectura, por la literatura. En el momento en que saqué ‘Por mi gran culpa’, le dije que si me hacía el favor de leer el manuscrito, y que si le gustaba que si me hacía el favor de hacerme la contraportada, y así fue”, reveló.
Es por eso que Guillermo Arriaga sostiene sobre “Por mi gran culpa”: “Un secreto fue soltado de sopetón por la abuela de Ligia: tu trastatarabuelo fue un alto jerarca de la Iglesia que embarazó a una joven Josefa, tu trastatarabuela. El escándalo fue tal, que Josefa tuvo que mudarse de España a Nicaragua. El rumor fue en extremo doloroso para una familia con una honda raigambre católica. La verdad no pudo hablarse abiertamente por temor a Dios, hasta que Ligia tomó a esa bestia de rumores y la transformó en una obra de ficción”.
“Ligia aireó esa llaga familiar reelaborando la posible historia con una magnífica novela. Aquí hay de todo: reflexiones sobre el abuso, celos, confusión, muerte, pero a la vez, alegría, ganas de vivir, amor, solidaridad. No hay víctimas, ni villanos. Ligia presenta la condición humana con sus paradojas, contradicciones, revanchas. Narrada como las grandes novelas del siglo XIX, aquí los acontecimientos se suceden uno tras otro. ‘Por mi gran culpa’ conmueve, emociona, divierte, nos enoja, nos hace reír, nos descubre mundos, nos confronta y nos hace viajar por ese gran río que es la experiencia humana”.

UNA OBRA DE FICCIÓN
Aunque está basada en una historia real sobre sus antepasados del Siglo XIX, Ligia Urroz también reconoció que se trata de una obra de ficción, no una novela histórica que recrea tal cual sucedieron los hechos:
“Toda la novela es ficción; el único germen es el embarazo de la trastatarabuela por el obispo, pero todo es ficción. Lo que me puse a trabajar muy duro fue cómo iba a ser la estructura de la novela, cómo estaba la ambientación y cómo eran las personas en esa época; cómo se vestían, cómo eran los viajes, cómo era el barco de vapor que los iba a llevar. La novela está construida en una base real, pero es pura ficción. Tiene investigación del Siglo XIX, tiene investigación de todo lo que pasaba, de cómo era la familia en esa época, de cómo era la sociedad, cómo era la educación de la mujer; pero de la familia mía no hay nada ahí, más que el germen”, reconoció.
“Por mi gran culpa” está dividida en dos partes: la primera parte ocurre en España, donde inicia el viaje; mientras tanto, en la segunda Josefa realiza la travesía trasatlántica en el Zarabanda que atracó en Santiago de Cuba y, finalmente, en Bluefields, hasta llegar Managua.
— ¿Qué tanto implicó investigación tu novela para recrear el Siglo XIX?
“Pasé meses investigando la Catedral de León, que es para mí un personaje. También investigué la forma de vestirse de las mujeres; fui al Museo del Traje para buscar cómo se ponían la ropa, cómo se ponían el miriñaque, cómo se ponían el corsé. Investigué cómo era la educación de esa época, la sociedad de esa época. Todo eso sí fue una labor de investigación muy ruda; también investigué cómo eran los viajes que se hacían para cruzar el Océano Atlántico, cómo eran los barcos en esa época. Fui al Museo Naval”.
“Sí hay mucha investigación acerca de la ambientación, acerca de la sociedad y de cómo se manejaba toda la gente en el Siglo XIX. Investigué cuáles eran las líneas marítimas que viajaban, cómo eran y a qué puertos tocaban. Por lo general salían de Vigo o de A Coruña y se abastecían en las Islas Canarias, y luego llegaban a Santiago de Cuba. Así fue el recorrido que hizo mi protagonista. A veces, cuando iban hasta Buenos Aires o hasta Uruguay, daban toda la vuelta por las Américas, pero en este caso llegaron a Nicaragua por medio de Santiago de Cuba”.

“ES IMPORTANTE HABLAR DE LA CULPA”
Josefa, embarazada, y Dolores, su hermana, viajan desde España hasta Nicaragua, país donde finalmente dará a luz.
“Josefa le cuenta a su hermana lo que pasó a detalle, pero luego ya no sigue contando a detalle a nadie de las demás personas que la rodean, por el pudor de la época; pero a la hermana sí se lo revela. Yo lo que quería era una protagonista que no fuera una víctima, sino que fuera una persona que había sufrido una violación y que ella, con el viaje que hace, que fuera como el viaje del héroe, donde ella pudiera despojarse de esta culpa, despojarse de todos estos miedos y convertirse en una mujer valiente”.
— ¿Cómo fue el proceso de creación del personaje del obispo de León, España, como de Josefa, para recrear esta historia?
“Josefa está basada en la filosofía de Paul Ricoeur, en el libro de culpa (“Finitud y culpabilidad”), un ensayo de 700 páginas. Josefa está basada en Paul Ricoeur, en su filosofía. El cura tiene un trastorno de personalidad, narcisista, un hombre malo, pero también es un hombre seductor”.
— Finalmente, ¿por qué quisiste contar esta historia personal con los temas de la violación y la culpa? ¿Y cuál fue el desafío al narrar esta historia familiar?
“A diferencia de mi novela anterior, que sí es completamente autobiográfica, ahora me basé en la ficción. Ahora más bien estuve pendiente de los recursos literarios, de cómo iba hacer analepsis y prolepsis, de cómo la iba a organizar, de lo que iba a contar. Para mí es importante hablar de la culpa y tenía que reflexionar acerca de la culpa en esta novela”.







