Jafar Panahi es uno de los maestros del cine contemporáneo y de eso no quedó duda desde que en 1995 nos dio “El globo blanco”, un himno a la inocencia y la esperanza que representa la niñez ante la dureza e indiferencia de los adultos.
Ahora, con esta película se ha llevado todos los reconocimientos, desde el Oso de Berlín hasta la Parlme D’Or en Cannes, y ahora compite para el Óscar en la categoría de Película Internacional.
La historia que este director iraní rodó en clandestinidad en Teherán, se construye en la tenue línea entre la justicia y la venganza, y aunque el thriller es muy sólido, con momentos de comedia negra, en especial los últimos 10 minutos son inolvidables.
El núcleo de la trama es el encuentro de Vahid con Eghbal, un hombre con una prótesis, al que reconoce por el ruido peculiar que hace al caminar cuando llega al taller donde trabaja porque su auto se ha descompuesto.
Vahid lo recuerda mejor con el apodo de “pata de palo”, el temido torturador que lo violentó cuando lo arrestaron por manifestarse por salarios caídos. Así que lo sigue y termina por raptarlo. Su plan es sepultarlo vivo en el desierto y cuando está a punto de hacerlo se llena de dudas sobre la identidad del cautivo.
Así que se involucran Shiva y Hamid, quienes también tienen dudas sobre Eghbal, quien niega ser el agresor. Uno identifica la voz, otro el olor a sudor. Uno quiere vengarse, otro sugiere el perdón. Vahid no es capaz de matar a un inocente.
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Vahid Mobasseri es brillante al interpretar a Vahid, aunque al final lo que queda es la mano de Panahi anotando en la gran pantalla las preguntas más fundamentales para resolver todo conflicto desde un punto de vista moral, ético, racional. Qué oportuno es este filme, de ahí su irrefutable trascendencia.
Punto final.- Qué categoría tan competida es la de Película Internacional en esta próxima entrega del Óscar.





