“La empleada doméstica”, “La boda de la empleada doméstica”, “El secreto de la empleada doméstica” y “La empleada doméstica te vigila” son los títulos de una tetralogía de lo que los americanos llaman thriller y yo lo llamaría suspenso con crueldad humana al extremo.
Las películas de horror y thrillers medran en la crueldad humana a extremos inconcebibles donde el sadismo se engolosina con el terror y horror de muchos de los asistentes al verlas. La habilidad de crear escenas crueles es enorme, logrando que la víctima trasmita dolores y problemas psicológicos al extremo.
Lo inconcebible es que después estas víctimas se vuelvan victimarios haciendo lo mismo que les causó daño y dolor.
No me interesa si las actuaciones fueron buenas, si la dirección merece el Oscar, o si la chica ama al causante de la pena y si le copia los modos y maneras.
Hay dos grandes personajes dentro del tema del terror: uno fue Alfred Hitchcock y otro, Stephen King. El primero fue un director increíble por la finura de sus temas, entre ellos “Los Pájaros” y porque acostumbraba aparecer en alguna escena dentro de la película. El otro, King, que era escritor, creaba un ritmo de terror que iba agobiando al lector y más tarde al espectador.
A mi gusto no debería ver yo esas películas, no cabe duda que afectan mi sueño, que me tienen inquieto, que me crean angustias y que me generan pensamientos negativos; yo evito el cine negro y en cambio, busco películas que hablen de acontecimientos históricos, musicales, novelas de heroísmo y cómicas, de otra manera no creo justo que pague yo por angustiarme.
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Hay una película de Guillermo del Toro donde hizo una nueva versión del Frankestein, donde independientemente de los aspectos de miedo y terror, aparece una figura y un personaje bondadoso que se transforma de lo bueno a lo malo y viceversa.
Es recomendable porque Guillermo del Toro es un cineasta cuajado; gloria de Guadalajara, que ha logrado con sencillez y casta transformar personajes de horror en dulces y amables caballeros. Además es mexicano.
En muchos otros casos el mundo se solaza viendo, escuchando y participando en el horror, que no entiendo por qué la naturaleza humana lo admite, incluso goza el terror, a grado de compartirlo con palomitas mientras escucha los alaridos de la gente, como en el caso de “El exorcista” que nos llevó a momentos de verdadera paranoia.
Amigo lector, no te recomiendo estas películas a menos que lleves una buena almohada y los momentos más álgidos te recuestes en ella y te duermas un buen rato para que sobrevivas “al encanto” de los disparos, chillidos, sonidos, berridos, gritos, etcétera, que intentan colapsar tu sistema emocional. Felicidades y buenos óscares para todos los cinéfilos. Salud.
José Galicot es empresario radicado en Tijuana.
Correo: [email protected]





