Elsa Cross recibió el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026 durante la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY)
La gran protagonista de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2026 fue indudablemente la poeta Elsa Cross, que alzó el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026, mismo que fue concedido por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de la FILEY, y UC-Mexicanistas.
Tras recibir el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026 durante la inauguración el sábado 14 de marzo, Elsa Cross mantuvo una intensa actividad durante la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY): recibió un homenaje en ocasión a sus 80 años, organizado por Ediciones Era y la FILEY; dio a conocer la antología “Jaguar y otros textos”; presentó su poemario más reciente, “Tu otro nombre” (Ediciones Era, 2025); dialogó con jóvenes lectores; compartió dos lecturas de obra, y fue motivo de análisis de su poesía.
Tras la conclusión de la FILEY el domingo 22 de marzo, los lectores pueden acceder a la antología personal “Jaguar y otros textos” de Elsa Cross; editada por UC-Mexicanistas y la FILEY, la obra fue dada a conocer el miércoles 18 de marzo de 2026, en la inauguración del Congreso Internacional de UC-Mexicanistas, en el salón Dzibilchaltún del Centro de Convenciones y Exposiciones Yucatán Siglo XXI, en la que participaron Sara Poot Herrera, directora de UC-Mexicanistas; María Teresa Mézquita Méndez, directora general de la FILEY; Alberto Ruy Sánchez y Rosa Beltrán, ganadores del Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2025 y 2022, respectivamente; y por supuesto, Elsa Cross, Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2026. La antología personal “Jaguar y otros textos” puede descargarse gratuitamente en la página de la FILEY: https://filey.org/wp-content/uploads/2026/03/Antologi%CC%81a-Elsa-Cross.-Premio-Excelencia-en-las-Letras-2026.pdf
Tras la inauguración, el miércoles 18 de marzo, del Congreso Internacional de UC-Mexicanistas a cargo del rector de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Carlos Alberto Estrada Pinto; la directora de la FILEY, María Teresa Mézquita Méndez; y Sara Poot Herrera, directora de UC-Mexicanistas, uno de los momentos más importantes de la celebración de la vida y obra de Elsa Cross durante la FILEY fue indudablemente cuando diversos autores compartieron un análisis de su obra en la primera sesión, en la que participaron autores como Marcela Beltrán Bravo, Roger Metri, Luz Elena Zamudio Rodríguez, Zulai Marcela Fuentes, Beatriz Mariscal Hay y Carmen Villoro, con la presencia de Elsa Cross en primera fila.
En su turno, Carmen Villoro expuso que “La poesía de Elsa Cross deja saber la experiencia de estar vivo en el mundo. ¿Milagro?, ¿misterio?, ¿enigma?, ¿maravilla? La poeta sabe que no hay palabras suficientes o adecuadas para nombrar lo que es, en realidad, inefable. Sólo las imágenes poéticas pueden acercarse con humildad al prodigio sin nombre”, leyó Carmen Villoro su texto “La lucidez en la poesía de Elsa Cross”.
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“Su poesía integra los planos de la percepción, la emoción y el pensamiento y nos ofrece una poesía de la sabiduría como nunca antes en la poesía mexicana”, complementó Carmen Villoro.
Con la autorización expresa de su autora, ZETA comparte el texto íntegro de Carmen Villoro titulado “La lucidez en la poesía de Elsa Cross”, mismo que leyó en el XVII Congreso Internacional UC-Mexicanistas:
LA LUCIDEZ EN LA POESÍA DE ELSA CROSS
Por Carmen Villoro
En el México de los años setenta, el “tan pequeño paraíso [como habría de llamar Voltaire al mundo de la cultura] formado por unos cuantos hombres de letras platicando de su arte e iluminándose unos a otros” se difuminó en un alud de voces nuevas y diversas influenciadas por los sucesos políticos, sociales y estéticos de la segunda mitad del siglo XX. En esta efervescencia surge la voz poética de Elsa Cross que va a aportar mucho a la poesía mexicana. Hoy, a 50 años de su primer libro y con más de 30 libros publicados, podemos empezar a pensar de qué manera ha ampliado la mirada poética y cómo ha enriquecido su paisaje.
En cuanto a la temática, la poesía de Elsa Cross explora las vivencias subjetivas y estados de consciencia que se encuentran en un espacio transicional entre lo consciente y lo inconsciente; el sueño y la vigilia; lo real y lo imaginario; la ausencia y la presencia; la vida y la muerte. Espacio transicional, tercera región de la vida de un ser humano, una parte de la cual no podemos hacer caso omiso, esa zona intermedia de experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior. Se trata de un lugar de descanso para la mente dedicada a la perpetua tarea humana de mantener separadas y a la vez interrelacionadas la realidad interna y la exterior. No es casual que uno de sus títulos más recientes sea “Nepantla”, ese vocablo náhuatl que significa “entre” y que alude a lo que está dejando de ser para ser otra cosa, como la noche que se difumina en la luz del día.
Habrá que decir, primero, que toda la poesía de Elsa Cross es resultado de la vivencia. Es culta, en el sentido de que abreva de la tradición, pero no es intelectual, no le interesa comunicar ideas abstractas sino experiencia humana, en particular experiencias interiores transformadoras.
En su libro “Baniano”, publicado en 1986, nos comparte una experiencia iniciática en el monasterio de Ganéshpuri, en la India, en 1978 y la propia Elsa la define como “una experiencia de carácter espiritual”:
Hablas sin voz,
al fondo del espejo,
perdiendo ya tus rostros
en el vacío,
absorta
en la luz que te devora.
Elsa Cross también explora en su poesía experiencias como los sueños y el insomnio y, de manera importante y recurrente, el amor. La dimensión poética a la que nos invita es una especie de sueño en la vigilia en donde la percepción sensorial y el registro emocional tienen acceso a la consciencia, pero no son ni rechazadas ni traducidas por ésta sino integradas en un estado de lucidez: la poeta se permite el ensueño poético que fluye con liquidez en un estado de disolución del yo que se vive a sí mismo como servidor de ese lenguaje que discurre como un río sobre el papel.

Como en los sueños, las vivencias profundas son atemporales y, por lo mismo, eternas. En sus “Visitaciones” de Isla negra se hacen presentes seres queridos que se encuentran en otra dimensión: están aún sin estar, concurren de una manera inmaterial inefable pero cierta o toman la forma de la luz, de un vuelo, de un perfume:
Desde esa luz que habitas,
desde esas difusas claridades
que envuelven un árbol perdurable,
caen como hojas diminutas
de lluvia de oro
memorias que vuelan
y se dispersan
para volverse a juntar.
Lejos, un mar sin horizonte.
Para leer y comprender la poesía de Elsa Cross debo despojarme del entendimiento racional y permitirme hacer contacto con otros registros de la experiencia que son espirituales, emocionales y corporales. La invitación es a navegar por las tibias aguas del ensueño que conduce a parajes insospechados.
La temática que propone Elsa Cross tiene una concordancia con la forma de su escritura. La poeta nos ofrece en algunos de sus libros una poesía contemplativa, producto del asombro por el milagro del mundo, su mirada que encuentra lo sagrado en los elementos de la naturaleza y la presencia de los seres amados. La mirada de Elsa nos recuerda un concepto que acuñó el filósofo de la religión Mircea Eliade: la hierofanía, con el que se refiere a la manifestación de lo trascendente en lo terrenal, una consciencia acerca de la presencia de lo sagrado en el plano de lo habitual, o, como lo dice la propia Elsa Cross: “la poesía acorta la distancia entre lo sagrado y lo profano”. Esta poesía es escrita en versos cortos que dialogan con silencios, porque Elsa sabe que el silencio dice tanto o más que la palabra y hay que escucharlo. Cuando contempla, decanta: son poemas cuidados, como una planta que es podada con la mayor delicadeza para que las hojas palabras que permanecen concentren toda la fuerza y brillo, poemas ventanas a un presente absoluto, a un universo atemporal e infinito como el instante que ha quedado apresado en esa visión:
Luciérnagas
Y si la luna es llena
nada basta a oscurecer la noche.
La luna se cuela por los resquicios,
entra por la sombra de un aroma.
Crece dentro del ojo,
se enamora de sí.
Cuando celebra, en otros episodios de su poesía, como la que desarrolla en los libros “Canto Malabar” o “El diván de Antar”, ofrece una cascada de imágenes hilvanadas una tras otra en versos encabalgados de ritmo regular y suave melodía. Río en el que navegamos sobre una barca que el lenguaje lleva en su ir nombrando palabras cargadas de afecto y de sentido que abren nuestra percepción mientras avanzamos en la lectura como quien descorre el follaje de los árboles de las orillas hasta llegar a un estero. No es sólo lenguaje, es lo que el lenguaje produce en su nombramiento, es la consonancia entre el ser que escribe y el ser que lee y cuyas cuerdas resuenan como dos instrumentos próximos, aunque ya distantes en el tiempo y el espacio. Leo tu poesía, Elsa, y algo me conecta con mi ser más íntimo y profundo.

No todo es apacible en la poesía de Elsa Cross. Los territorios que visita ofrecen una paleta de todos los colores y los tonos. Sus imágenes a veces nos comunican estados de desesperación y angustia, así como de plenitud o de nostalgia, nos comunican, en pocas palabras, la condición humana, tan sencilla y compleja a la vez.
La poesía de Elsa Cross deja saber la experiencia de estar vivo en el mundo. ¿Milagro?, ¿misterio?, ¿enigma?, ¿maravilla? La poeta sabe que no hay palabras suficientes o adecuadas para nombrar lo que es, en realidad, inefable. Sólo las imágenes poéticas pueden acercarse con humildad al prodigio sin nombre:
Eso
Al acecho de un brillo,
de un mínimo indicio,
de un reflejo que delate
la presencia,
los ojos se afanan
en la sombra,
observan acuciosos su neblina
creciendo a un lado y otro
ocultando celosa
—tan en vano—
Eso que se extiende a todas partes
más allá de sus brillos
o su sombra,
Eso que se desborda
en una dulzura incontenible,
un deleite sin nombre,
Eso que embarga todo
y lo devora.
La lucidez en la poesía de Elsa Cross es esa capacidad de captar lo complejo y darle una representación en imágenes y metáforas. Su poesía integra los planos de la percepción, la emoción y el pensamiento y nos ofrece una poesía de la sabiduría como nunca antes en la poesía mexicana.
Todo se vuelve luz
y sólo queda
más luz vibrante,
consciente de sí misma.






