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lunes, marzo 2, 2026
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La nueva comedia mexicana

La comedia en México ha experimentado una transformación generacional, pasando del modelo tradicional ligado a la televisión abierta y representado por diferentes figuras, a una nueva generación de standuperos que construyen su carrera desde plataformas digitales. Comediantes contemporáneos han consolidado audiencias priorizando la cercanía con el público. Aunque ambos estilos responden a contextos distintos, actualmente coexisten en la escena nacional

 

La comedia en México siempre ha sido irreverente, desde los años 50 con figuras como Resortes, hasta la actualidad, donde una nueva generación de standuperos como Gaby Mendoza ha construido su presencia desde la experiencia personal y la cercanía con el público. Esta transición marca un contraste entre comediantes formados en el circuito televisivo y aquellos que emergieron en un ecosistema digital.

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Durante la segunda mitad del siglo XX, la comedia mexicana estuvo estrechamente ligada a la televisión y al entretenimiento familiar. Comediantes como Jo Jo Jorge Falcón y Teo González consolidaron su trayectoria en un medio donde el objetivo principal fue conectar con audiencias amplias sin transgredir los códigos del contenido familiar. Modelo en el que el comediante garantizaba un espectáculo accesible para todas las edades, lo que implicaba evitar lenguaje explícito.

“Hacemos comedia para toda la familia, a lo mejor tocamos la picardía y el doble sentido pero jamás con palabras altisonantes ni ofensas como las majaderías que hacen hoy”, explicó González, también conocido como “el comediante de la cola de caballo”.

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En gran medida, esta postura respondió a una lógica de permanencia dentro de la televisión abierta, principal plataforma de difusión durante décadas, que operaba bajo criterios que limitaban el contenido y establecían parámetros de lo que podía considerarse apropiado. Entonces debió adaptarse a los estándares para una audiencia masiva y diversa.

En ese entonces, el comediante construía un personaje escénico, muchas veces separado de su vida personal. Las historias podían ser ficticias o adaptadas, pero su función principal era sostener el espectáculo, no necesariamente transmitir una experiencia íntima.

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A diferencia de ese modelo, el stand up actual, muy al estilo de comediantes estadounidenses como David Letterman y Dennis Miller, ya no depende exclusivamente de la televisión. Su crecimiento está vinculado a plataformas digitales como YouTube, TikTok e Instagram, que posteriormente los llevan a circuitos de bares y foros independientes donde el espectáculo se construye desde la cercanía.

Esto ha permitido que nuevos talentos, como Carlos Ballarta, construyan audiencias propias antes de llegar a los grandes escenarios, invirtiendo el proceso tradicional. Casos como el del dúo Pepe y Teo ilustran este cambio, pues iniciaron en redes sociales y posteriormente trasladaron su popularidad a giras nacionales, donde el espectáculo incorpora dinámicas participativas rompiendo con la distancia hacia espectador. Dinámica frecuente en los shows.

“Muy pocos comediantes se bajan con la gente. El convivir yo con ellos, el acercarme, el estar cerca de quien pagó un boleto, yo creo que vale mucho, y eso es lo que me está ayudando mucho a subir un escalón más arriba”, expresó la Gaby Mendoza.

Por su parte, Falcón, durante sus cinco décadas de trayectoria en vivo, ha mantenido una estructura distinta, donde el comediante no interactúa directamente con el público, sino que presenta historias que pueden o no ser personales, pero que hace reír. Este modelo contrasta con los jóvenes, quienes privilegian la experiencia propia como materia prima de su rutina, como lo explica el mexicalense Eder Rivera:

“El 80 por ciento de las cosas que les cuento son reales, que me han pasado, casi no invento historias, no me gusta porque no lo siento genuino”, afirmó.

Teo González y Jorge Falcón

Este cambio también ha ampliado los temas presentes en la comedia. La nueva generación aborda experiencias de identidad sexual, precariedad laboral, relaciones sociales y crisis generacionales, elementos que antes estaban ausentes o limitados en el humor comercial.

“Son públicos muy diferentes, a los cuales los aprecio, los respeto, pero sobre todo les aprendo algo que es algo muy bonito y muy especial; porque es la comedia, pero sí somos conceptos muy diferentes”, explicó Mendoza.

Además, actualmente también se ha democratizado el acceso a la comedia, eliminando ciertos filtros; y donde antes predominaban hombres heterosexuales, hoy hay mujeres y comunidad LGBT, con la española Dalia Castella siendo un nombre sobresaliente.

Sin embargo, esta evolución también ha generado críticas. Parte del debate gira en torno al humor ácido o negro, que ha ganado terreno en la comedia contemporánea. Para algunos comediantes, la diferencia radica en la estructura del chiste más que en el tema abordado.

“Una cosa es contar un chiste de humor cruel y otra cosa es decir nada más algo súper agresivo, los chistes tienen estructura”, afirmó Eder Rivera.

A pesar de estas diferencias, ambos modelos coexisten. Casos como el de Franco Escamilla demuestran el alcance de este modelo híbrido, al lograr llenar múltiples funciones en auditorios con 10 mil personas tras consolidar una audiencia inicialmente formada en internet.

La transformación del stand up en México no representa la sustitución de un modelo por otro; en realidad es la ampliación de las formas de hacer comedia. Y el resultado es, finalmente, una comedia diversa, inmediata y representativa de su tiempo, donde el escenario ya no es el único punto de encuentro, sino una extensión de una relación que comienza mucho antes, en la risa atravesada por una pantalla.

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