Cuando empecé a abrir negocios en La Paz, Baja California Sur, lógicamente busqué crear un equipo con quien trabajar y conocí a dos contadores que eran hermanos entre ellos y a su vez del gobernador de su estado. Uno lo nombré gerente de las tiendas que teníamos, el otro fue mi contador general. Uno, René, era amable, simpático y resolvía todos los problemas; el otro, Agustín, eficiente y buen amigo.
En las conversaciones con el contador me confesó que él tenía seis novias y ante mi asombro me empezó a platicar sus técnicas de romance, que consistían en visitar a cada una un día a la semana y se tomaba el domingo libre y si se le acababa el tiempo se peleaba con una o dos para descansar y el castigo hacía fácil la reconciliación, pues simplemente no tenía tiempo de buscarlas para hacer la paz.
Me contaba que compraba regalos en mayoreo “de a seis en seis” y con eso conseguía descuentos, mas evitaba largos esfuerzos para seleccionar algo digno. Por supuesto que no las presentaba entre sí y procuraba que cada una viviera en distintas partes de la ciudad. Agustín también era afortunado pues recibía seis regalos diferentes en cada Navidad o en su cumpleaños.
Por supuesto los temas de charla no se agotaban, simplemente se repetían y había decidido en ningún caso tener retoños, incluso alguna de ellas ya los tenía desde endenantes.
Su hermano René, por el contrario, era tímido, cuidadoso y poco noviero, nunca se casó y murió joven.
Le pregunté a Agustín cómo le hacía para no equivocarse con el nombre de sus novias y me contestó: “yo uso solo tres palabras, o bonita o chula o linda y así las llamo, lo que me evita confusiones y extrañas discusiones”.
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Víctor Manuel Liceaga, el hermano gobernador, perdió el brazo izquierdo con la hélice de una avioneta en la campaña presidencial de Miguel de la Madrid, lo que permitía múltiples chistes sobre su honestidad, pues decían que con una mano podía tomar la mitad de los demás gobernadores y todos los chistes y bromas que este defecto físico generaba en aquellos tiempos.
Los tres hermanos se llevaban maravillosamente bien y Baja California Sur era un estado apenas habitado que empezó a sentir la prosperidad turística de Los Cabos, por lo tanto, no hubo grandes despilfarros ni gastos onerosos de parte del gobierno. La vida tranquila de René se comparaba con la vida agitada personal de Agustín y con el sereno y amable mandato del gobernador, Víctor Manuel Liceaga; simplemente esos casos raros que ocurren en un pequeño y joven estado de la República Mexicana donde Agustín podría ser llamado “el conquistador”; René, “el contador”, y Víctor, “el gobernador”.
Los tres han fallecido y no se encuentran más, lo que hace menos folclórica e interesante a La Paz.
En paz descansen mis inquietos amigos.
José Galicot es empresario radicado en Tijuana.
Correo: [email protected]







