Me fui yendo despacito
con un dolor en el pecho,
quise decir tantas cosas
que se atropellaban dentro.
Mis padres quedaron tristes
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en el marco de la puerta,
dándome la bendición
para que Dios me proteja.
Quise a su lado volver
y estrecharlos en mis brazos,
que los adoro decirles
mas irme estaba arreglado.
Era yo casi una niña
que se creía mujer,
necesitaba a mis padres
y llorando me alejé.
-Esa es la ley de la vida
alguna gente me dijo,
pero dolía dejar
a mis padres tan queridos.
Ya pasaron muchos años
desde el día que me fui,
mas al recordarlo duele
pues al dejarlos sufrí.
Los recuerdo casi a diario
cuando me miro al espejo,
creo que dejaron huella
en mi rostro y en mi pelo.
Su amparo me hacía falta,
su cariño y su protección,
ambos se fueron al cielo
y aún me hace falta su amor.
Atentamente
Lourdes P. Cabral
San Diego, California.






