“Conocer a los protagonistas de la noche, significó comprender y amar aún más esta ciudad”, expresó a ZETA el poeta tijuanense
Han transcurrido por lo menos 50 años desde que Víctor Soto Ferrel incursionó como escritor: aunque participó en el Taller de Poesía con Rubén Vizcaíno Valencia en el Café del Hotel Nelson de la Avenida Revolución desde 1973; fue en 1974 cuando fue incluido en la antología “Siete poetas jóvenes de Tijuana”, bajo la selección y compilación de Alfonso René Gutiérrez, editada con el auspicio de Jesús Cueva Pelayo y Guadalupe Kirarte en la editorial Ibo-Cali; ese mismo año ganó el Premio de la Flor Natural de los Juegos Florales de la Independencia en Tijuana “Jesús Sansón Flores”, la segunda edición del certamen; y entre 1975 y 1977 publicó también en la revista El Zaguán, en la Ciudad de México, mientras estudiaba la maestría en Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Autor de tres libros de poesía –entre ellos “Sal del espejo” (Editorial Penélope, 1982), “La casa del centro” (CONACULTA, ICBC, 2001) y “Arena oscura”, con el que gana el Premio Estatal de Literatura 2014 en la categoría de Poesía (ICBC, 2015)–, Víctor Soto Ferrel es un poeta fundamental de la incipiente tradición poética en Tijuana.
— ¿Por qué Usted es de esos autores que no publica tantos libros como otros escritores de Tijuana o Baja California que publican cada año?
“Escribo mucho y publico poco. Hay hasta diez años entre uno y otro de mis libros. Reviso lo más que puedo mis textos. Ahora tengo más tiempo de hacerlo y tengo suficiente material acumulado. Afortunadamente se me concede seguir escribiendo, quizá por eso he descuidado la publicación, ya que es algo que implica atentos cuidados. Tendré que hacerlo, sobre todo ahora que hay muchos jóvenes interesados en editar y que van haciéndolo muy bien, promoviendo adecuadamente lo que publican, gracias a su dominio de las redes sociales y de muchos otros recursos tecnológicos”.
Publicidad
EL PRIMER POEMARIO
Víctor Soto Ferrel nació el 14 de julio de 1948 en San Miguel del Cantil, Durango; radica en Tijuana desde 1963. Estudió la licenciatura en Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre 1969 y 1974; y la maestría en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Bajo la edición del también poeta tijuanense Luis Cortés Bargalló en la Editorial Penélope, Víctor Soto Ferrel publicó su primer poemario en 1982, titulado “Sal del espejo”:
“Luis Cortés Bargalló empezó esa colección de ‘Libros del salmón’ en la Editorial Penélope. Entonces se hizo un listado de poetas y él me invitó, fue invitación de Luis que entró mi poemario. Lo que hice fue reunir lo que había escrito hasta entonces, exceptuando lo que había aparecido en ‘Siete poetas jóvenes de Tijuana’. Eran poemas escritos en el período de El Zaguán, más trabajos que yo había escrito de regreso aquí en Tijuana. Yo me regreso en el 78 y empiezo a escribir de manera más fluida aquí. Es material que apareció por ejemplo en la revista El Zaguán, más material que escribí durante esos años del 78 al 82, ya aquí en Tijuana”, contó a ZETA Víctor Soto Ferrel.
“‘Sal del espejo’ son experiencias que tienen que ver con el reencuentro con la ciudad, después del 75, después de tres años: en el 78, reencuentro con Tijuana y, además, ahora sí el reencuentro que había empezado a recorrer con Luis, y la ciudad que había conocido con Juan Martínez; es lo que está como vivencias en este poemario, y la rememoración de lo que había sido la vida del hospital”.
— En su primer poemario, “Sal del espejo”, prevalecen algunos poemas que hacen referencia a un hospital, como el número V o el VII en la sección “El llanto en el sueño” o, incluso, algunos poemas relacionados con los espejos, los grillos, la sal. ¿Cuál era el interés temático en “Sal del espejo”?
“La mayor parte de esos poemas son escritos mientras trabajo en un hospital. Hay recuerdos de la infancia y sueños. Creo que es la búsqueda de una voz por la que puedas saber quién eres y a qué has venido. Los grillos me ayudaron a esperar muchas veces a que amaneciera y a encontrar la salida”.
EN “LA CASA DEL CENTRO”
Referente de la poesía tijuanense, “La casa del centro” es el segundo libro de Víctor Soto Ferrel, mismo que fue seleccionado por una comisión de planeación del entonces FOECA: “Esta obra fue seleccionada en el concurso organizado por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Baja California, para publicarse dentro de la colección del Fondo Editorial de Baja California”, se lee en “La casa del centro”, editado en 2021 por el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). “La casa del dentro” contiene tres libros: “Viajes alrededor”, “La casa del centro” y “Hechos de sombra”.
— ¿Desde qué época o año fueron escritos los poemas de “La casa del centro”, considerando que abundan poemas que hacen alusión a la Ciudad de México y, por supuesto, a Tijuana?
“Los tres libros que componen ‘La casa del centro’ fueron escritos en Tijuana. Mi compromiso con las clases y las funciones del cineclub me absorbieron totalmente, pero despertaron mi imaginación. Creí que tenía, o necesitaba decir, todo eso que escribí. Abarca 20 años, los 80 y los 90; muy intensos en Baja California y con una vida cultural muy activa en Tijuana. Es la recuperación de lo vivido en la infancia, la llegada a Tijuana y su recuperación, más las experiencias vividas en la Ciudad de México”.
Muchos poemas de “La casa del centro” podrían identificarse o situarse en la Zona Norte de Tijuana, como, por ejemplo, los titulados “El pan de la tierra” u “Hotel del Norte”, donde se lee en este último: “Sin hallar dónde amanecer / di muchas vueltas para volver a esta calle / de charcos y ventanas amarillas. / Pienso en las mujeres que cuando adolescente / detrás de las puertas me hablaban. / Las voces callan, se esconden / en este jardín de cuartos donde las miradas / me hicieron sentir / la aventura desierta de los cuerpos: / “Sólo se renta por una hora. Tú sabes…” / Y el hombre saca el agua de una habitación”.
— ¿Por qué en “La casa del centro” nunca menciona por su nombre a Tijuana, la Avenida Revolución o la Zona Norte?
“Cuando llegamos a Tijuana vivimos en la Zona Norte. Habría que pensar en la Tijuana de principios de los 60 y que la zona era otra; era parte del Centro, y el único sitio donde encontrar viviendas económicas. La Independencia, la Libertad, la Obrera, la Buena Vista eran colonias alejadas y que implicaban problemas de transporte que eran mucho más difíciles que ahora. Esto explica en parte, creo, la causa por la que surgió Cartolandia. El Palacio Municipal, la Catedral, los cines y el alojamiento para los visitantes estaban muy próximos”.
“Y, desde luego, la Avenida Revolución, donde estaban los negocios de importaciones, pero también los cabarets más célebres: Unicornio, San-Sousi, Bambi, Panamá Club… Cruzábamos las calles con cervecerías, salas de belleza y loncherías para ir a la escuela, a la iglesia o a los mercados. Las transformaciones de la Avenida Revolución y la aparición de las sinfonolas, llevó consigo a que muchos negocios se trasladaran a la Zona Norte seguidos, sobre todo, de los músicos. Para entonces ya vivíamos en La Mesa, cerca de Los Pinos. Esto a principio de los 60. La vida nocturna de la ciudad la conocí mucho después. Hice la carrera en la UNAM. Empecé a escribir poemas con una idea más clara de lo que eso significaba, hasta 1973. Entonces pude visualizar realmente el drama que rodeó mi adolescencia. Es probable que existiera un Hotel del Norte, lo que sí existía era ese anuncio y esas voces en los recuerdos. Conocer a los protagonistas de la noche, significó comprender y amar aún más a esta ciudad. No me pareció necesario decir de qué ciudad hablaba, porque luego se volvió casi requisito obligatorio la mención de tópicos. Incluso te acusaban de estar descontextualizado”.
— ¿Cuál es su papel como poeta al crear un poema que tiene que ver también con la realidad y la cotidianidad de la Zona Norte en particular, o de Tijuana en general, tal como se puede leer en “La casa del centro”?
“Los poemas empezaron a surgir sin que hubiera un plan preconcebido. La adolescencia en contacto con esa parte de la ciudad fue un contraste inevitable respecto a la cercanía con la naturaleza en mi infancia. Ambas siguen siendo temas ineludibles. Ahora mucho más la infancia. Es lo que me ha tocado leer, no precisamente en los libros, pero ha sido escrito con lo que he aprendido de la influencia, por ejemplo, del expresionismo y del neorrealismo en el cine y en la poesía”.
— En “La casa del centro” abundan los bares y la noche, policías o meseros, taxistas y mariachis, hasta trasvestis y prostitutas. ¿Quién habla en su obra poética? ¿Cuál es su postura o su idea del yo poético?
“Es un yo poético un tanto fantasmagórico en el centro de una ciudad que fue abandonado cuando éste se desplazó a la Zona Río. De pronto quedó desolada la Avenida Revolución, sobre todo cuando el turismo y el entretenimiento también empezaron a desplazarse. Muchos lugares comenzaban a ser ruinas habitadas por esos personajes que son protagonistas de muchas películas. Ya no se diga de la historia de la literatura. También era más acentuada la proximidad con el cine de Fellini”.
“Curiosamente, las avenidas Constitución y Niños Héroes han cambiado muy poco. Como he dependido del transporte público, me he dado cuenta de que para muchos como yo ahí siguen los camiones y los sitios de taxis. Mis respetos para las meseras y meseros, han sido la mejor cara frente a los visitantes. Los músicos siguen siendo fundamentales en nuestra vida. Es una pena que cada día se les reduzcan más los espacios de trabajo”.

“ARENA OSCURA”, UNA ÉPOCA VIOLENTA
Con “Arena oscura”, Víctor Soto Ferrel ganó el Premio Estatal de Literatura 2014 en la categoría de Poesía, título editado por el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) en 2015.
En “Arena oscura” se percibe una época violenta con la interminable violencia no sólo de Tijuana, sino del país; se lee en el poema Primavera: “Desdoblo el periódico Habla del hombre que colgaron del puente Le sacaron los ojos Tenía amputadas las manos y un pie Por pasillos del hospital arrecia el dolor de las palabras Entre las cunas se arrulla abril con la lluvia”.
— ¿Por qué como poeta no ha sido indiferente a la violencia?, incluso evidentemente permea su obra poética…
“Es imposible sustraerte, no lo puedes evitar. Las imágenes muchas veces son recurrentes en el sueño y adquieren una dimensión que tenían en la realidad, se vuelven más violentas, porque se vuelven pesadillas y eso ha sido continuo, desde hace mucho rato. Por otro lado, la migración no ha sido ajena: me tocó viajar a desde Tijuana a Mexicali, Ensenada, en los 80 y 90 en el momento peor de la migración, de cuando por minuto se registraban por miles de personas que llegaban a Tijuana: ver a los migrantes dormidos en la Central Camionera, de no poder caminar en la Central Camionera, o verlos en calle, ver el fenómeno de la migración y el que vino después de la violencia, no te puedes sustraer”.
Los poemas de “Arena oscura” resultan muy experimentales, pero con mucho ritmo, a pesar de que no tienen puntuación, aunque sí letras mayúsculas al empezar un verso o una oración. Claro, en la historia de la literatura universal hay muchos autores que han prescindido de la puntuación (como José Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”) usando sólo mayúsculas al iniciar una oración o frase, entre muchos otros.
— ¿Por qué los poemas de “Arena oscura” están escritos principalmente en prosa poética, en versos y párrafos sin puntuación, pero con mucho ritmo?
“Desde 2004 hasta mi retiro, impartí un Taller de Minificción que resultó muy exitoso. Leímos textos breves de la tradición milenaria china, hindú, persa, pasando por el aforismo y la anécdota griega y latina, hasta llegar al poema breve y los cronopios y famas de Cortázar, sin dejar de atender los textos de Torri, Arreola y Monterroso, desde luego. Las propuestas en internet empezaron a ser variadísimas y la difusión de ensayos, gracias sobre todo a Lauro Zavala, verdaderamente interesantes. Mis minificciones se acercaron más al poema en prosa. Me di cuenta que versificaba y traté de evitar la rima. Experimenté con las pausas y traté de respetar la formalidad de la estructura de un poema en muchos casos. Estaba preocupado por la respiración. Quizá debido a la forma como llegamos en la primera década del siglo”.
CINCO DÉCADAS DE OBRA POÉTICA
En 2026, el maestro Víctor Soto Ferrel cumple 78 años de vida, 52 de haber sido incluido en “Siete poetas jóvenes de Tijuana” y 44 de haber publicado su primer poemario “Sal del espejo” en 1982. Desde 1978, laboró en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC); se jubiló en 2020, tras más de cuatro décadas de servicio.
— ¿Qué ha sido para usted la poesía en su vida y en su trayectoria como poeta?
“Como de niño me inicié declamando, tuve contacto con la poesía escrita en los libros de texto. El otro libro fue el de la exuberante naturaleza de la sierra y sus tesoros ocultos en las minas. También el de sus cielos prodigiosos. Mi acercamiento al cine y al cuidado de una sala de cine a los doce años, me abrieron puertas a la imaginación que sustituyeron la carencia de libros. Comencé a leer literatura propiamente en la prepa, pero la poesía seguía ahí, esperando el momento. Hubo de esperar descubriéndome el teatro, la música, la pintura y la danza durante mi primera etapa como universitario. Cuando empecé a descubrir la forma de expresarla, todo cambió. Fue como si despertara para entrar en otra realidad, con otra manera de ver y de vivir. Afortunadamente hallé compañeros, como el ángel caído de Wim Wenders en ‘Las alas del deseo’, que me ayudaron. Todavía no sé explicar qué es”.
— ¿Alguna reedición de sus libros o alguna antología, obra reunida o completa que vaya a publicar próximamente? ¿Qué libro o poemario tiene planeado publicar?
“Llevo revisando algunos proyectos a los que empiezo a ver terminados. Espero que no pase este año para que aparezca alguno”.






