Los familiares de los 10 jóvenes desaparecidos de la Zona de Antros de Mexicali, siguen esperando respuestas; en febrero se cumplieron cuatro años del primer caso
Aprovechando que este mes de febrero se cumplen cuatro años del primero de los 10 casos de desaparición forzada documentados en la Zona de Antros en Mexicali, es importante recordar que las familias siguen esperando el momento en que las autoridades brinden respuestas y concluyan las investigaciones. Que mínimo cumplan con su obligación de buscar y rastrear a esos hijos ausentes del municipio cachanilla, una lista que sigue engrosando.
El 3 de febrero del 2022 inició el martirio para la señora Aleida Limón, quien labora como directora de escuela y desempeña un trabajo bastante honorable dentro de la comunidad académica. Desde entonces, se vio obligada a salir a las calles, acudir a medios de comunicación y reunirse con funcionarios, con empresarios, y con cualquiera que le pudiera brindar un poco de apoyo para localizar a su hijo, Jhosué Romo Limón, de 31 años, de quien sólo se supo que fue “levantado” a las afueras del bar La Mañosa, a altas horas de la madrugada de aquel jueves, donde estuvo conviviendo.
Jhosué se retiraba del lugar cuando fue alcanzado por desconocidos que se lo llevaron; nadie fue capaz de aportar mayor información de su paradero, pese a que había indicios, había información. La impunidad reinó, porque quienes dirigían las áreas de investigación y prevención en ese entonces, minimizaron el caso.
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El nombre de Jhosué Romo se volvió un emblema, porque fue el primero de una larga lista. Si las autoridades hubieran escuchado la voz de la maestra Aleida desde su primer grito, tal vez las víctimas de las siguientes nueve víctimas de privaciones en la zona hubieran tenido una oportunidad, pero no fue así.
Pasó poco más de un mes, cuando una nueva desaparición cimbró a la comunidad mexicalense, pues otro joven, Kevin Moreno Ana, de 20 años de edad, quien tenía apenas dos días laborando en el bar Shots -ubicado a metros de La Mañosa-, desapareció.
Sus padres, Gonzalo Moreno y Soraya Ana, salieron de sus actividades diarias para convertirse en rastreadores. No por gusto, sino por necesidad, ante la indolencia gubernamental y de los mismos encargados del negocio que, a sabiendas de lo que ocurría dentro de los baños, permitían su operación. Sí tan sólo autoridades investigadoras hubieran escuchado cuando Gonzalo y Soraya gritaron, se habrían evitado los siguientes ocho casos.
Casi cuatro meses después, Agustín Guadalupe y Édgar Flores Salazar, de 31 y 30 años, respectivamente, fueron golpeados y sacados del bar Cavalli, a menos de 50 metros de La Terraza del Shots. Los hermanos desaparecieron y su familia sigue gritando por su localización. Si los hubieran escuchado, si las corporaciones hubieran cumplido con su trabajo en aquel momento, podrían haberse salvado las siguientes seis víctimas.
Bryan Raúl Abitia Ramírez y Martín Araque Mondragón, originarios de Yuma, Arizona, salieron del bar Cotorritos, a 200 metros de Justo Sierra, en la misma zona, el 20 de julio de 2022. Su vehículo fue localizado abandonado a los pocos días que se reportó su desaparición. Son los únicos que fueron localizados.
Sus cadáveres aparecieron una semana depués en otro estado, en la colonia Azteca, en San Luis Río Colorado, Sonora; el gobierno bajacaliforniano no los contabiliza en la lista de desaparecidos de la zona.
Joel Diarte Verduzco, de 25 años de edad, residente de California, desapareció el 22 de septiembre de 2022, estando en el bar Shots. Su familia dijo que tuvieron comunicación con desconocidos que decían saber su paradero e incluso les pidieron dinero, pero Joel nunca regresó.
David Alfonso Melesio Rodríguez y Jesús Manuel Bramasco Hernández. Ambos de 23 años, fueron vistos por última vez en La Terraza del Shots el 8 de abril de 2023. Mientras que Mauricio Andrés Verdugo Fragoso, de 22 años, fue visto por última vez ese mismo día en el estacionamiento, también del Shots.
Pero no fue hasta que en abril del 2023, cuando la propia gente tomó sus armas, incendió un bar y obligó a cerrar otro, que los gobiernos tomaron seriedad en el caso… ya muy tarde para evitar tragedias.
Si los encargados de la procuración de justicia hubieran investigado de manera eficiente; si las autoridades preventivas hubieran creado y ejecutado operativos efectivos; si los políticos y gobernantes hubieran asumido su responsabilidad; si los empresarios de giros nocturnos hubieran cooperado activamente con las indagatorias, se habrían podido salvar vidas, la de los desaparecidos y las de sus familiares que viven un duelo eterno, en una búsqueda permanente, con cicatrices que no cierran.






