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lunes, febrero 23, 2026
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La verdadera valentía

La verdadera valentía del hombre está en llegar a casa borracho, de madrugada, a punto de salir el sol, ver a la esposa esperando en la puerta con una escoba en la mano y tener las agallas de preguntarle:

—¿Vas a barrer o vas a volar?

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Autor: Un ex borracho.

 

Indirecta

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Juan y María, dos jóvenes campesinos, paseaban por el campo. María se detiene y le pregunta a Juan:

— ¿Cómo sabe el potro cuándo “la yegua quiere”?

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Responde Juan:

– Por el olfato.

Juan y María siguen caminando, y a poco andar, María se detiene de nuevo y pregunta:

— Juan, ¿cómo sabe el perro cuándo “la perra quiere”?

Responde Juan:

— Por el olfato…

Metros más adelante, María vuelve a preguntar:

– Juan. ¿Cómo sabe el toro cuándo “la vaca quiere”?

Responde Juan, muy pacientemente:

— María, ya te he dicho que por el olfato.

Después de esperar un rato y mirarlo tierna y fijamente a los ojos, María le pregunta:

— Y tú, Juan ¿eres maricón o estás resfriado?

Autor: La pobre María.

 

Desesperado

En la barra de un bar están hablando dos amigos:

— ¡Estoy desesperado…! ¡Mi mujer juró no hablarme durante dos meses…!

— ¡Hombre, eso no es para que te pongas así!

— ¡Ya lo creo…! Es que hoy vence el plazo…

Autor: La mujer.

 

Infidelidad con causa

Luis y Luisa estaban celebrando los cincuenta años de su matrimonio con una espléndida comida en un restaurante de lujo. Al final, tras brindar por más años de felicidad, Luis dice:

— Luisa, me pregunto… por favor no te ofendas, pero en los cincuenta años que llevamos juntos, ¿alguna vez me has sido infiel?

Luisa deja la copa en la mesa, y dice con tranquilidad, mirando a su esposo a los ojos.

— Ay, Luis, ¿por qué lo preguntas ahora? De verdad no creo que desees escuchar la respuesta…

Luis calla durante un momento, baja la mirada pensativo, y luego dice:

— Sí, Luisa, quiero saberlo. Por favor.

— Bien, ya que insistes, te diré la verdad. Te he sido infiel tres veces.

— ¿Tres? Ah, no te preocupes, eso queda en el pasado. Pero dime, ¿cuáles fueron esas tres veces?

— Bueno, Luis. ¿Recuerdas cuando tenías 35 años y querías iniciar tu propia empresa, y ningún banco aceptaba darte crédito? ¿Y recuerdas que un día el presidente de un banco fue a buscarte y te dio el crédito que necesitabas, sin hacer preguntas?

— Vaya, Luisa, ¡lo hiciste por mí! Ahora te respeto más que antes, por tu sacrificio. Y dime, ¿cuál fue la segunda vez?

— Bien. ¿Recuerdas cuándo tuviste un ataque al corazón, y necesitabas una operación costosa, pero ningún cirujano aceptaba operarte? Luego el doctor Gómez te llamó para que fueras a su clínica, y él mismo realizó la operación. Te recuperaste completamente…

— No lo puedo creer, Luisa. ¡Salvaste mi vida! De verdad fue una gran prueba de amor, y estoy profundamente conmovido. ¿Y cuál fue la tercera vez?

Luisa calla durante un momento, y luego responde:

— Ya ni modo, Luis. ¿Recuerdas hace unos años, cuando de verdad querías ser presidente del club de golf, pero te faltaban 14 votos a favor?

Autor: El pobre Luis.

 

El túnel

— Querida —dice el marido, mientras el tren acababa de salir de un túnel —, si hubiese sabido que el túnel era tan largo, no me hubiese limitado a darte solamente un beso.

— ¿Cómo? ¿Pero no eras tú?!

Autor: Un ingeniero del Viaducto.

 

Querido diario

Una chica hace un viaje en barco y para que no se le olvidaran las cosas que iba viendo y haciendo, apuntaba todo en un diario.

PRIMER DÍA:

“El capitán del barco me invitó a cenar”.

SEGUNDO DÍA:

“Estuve bailando con el capitán del barco”.

TERCER DÍA:

“Al día siguiente de bailar con el capitán, se me insinuó claramente”

CUARTO DÍA:

“Me dijo el capitán que, si no me quedaba con él una noche, iban a morir más de 2,000 personas que viajaban en el barco”.

QUINTO DÍA:

“Acabo de salvar a más de 2,000 personas de morir ahogadas”.

Autor: No se dice.

 

Siempre confiable

Empleado:

— Jefe, ¿puedo salir hoy dos horas antes? Mi mujer quiere que la acompañe a hacer unas compras.

Jefe:

— De ninguna manera.

Empleado:

— Gracias jefe, ya sabía yo que usted no me iba a defraudar.

Autor: Una esposa solovina.

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