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viernes, febrero 13, 2026
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La fachada

Woolwhort

Cuando llegó Woolworth a Tijuana me impresionó por la modernidad y porque significaba el cambio del sueño americano que cruzaba la frontera. Yo tenía una incipiente cadena de tiendas que se llamaban Beauty Supply, pero no tenía ejecutivos entrenados ni tiempo para capacitar por mi velocidad de crecimiento, así que le eché un pial a los directores de secciones de la tienda Woolworth a los que fui atrayendo uno a uno, con lo que fui llenando la falta de personal capacitado de mi compañía. Primero uno, luego dos, luego tres, luego cuatro, luego cinco y me sentía con un buen equipo de personal, entrenado en la tecnología moderna. De pronto recibí la llamada del director nacional de ventas de la cadena de Woolworth que me anunciaba su visita y su interés por dialogar conmigo. Cuando entramos en charla el licenciado Paras me pidió que por favor ya no me llevara a su gente porque le causaba un gran mal y le costaba mucho dinero invertir en el entrenamiento de su personal y me dijo: “No crea, don Pepe, no todo lo que brilla es oro. Lo importante es que el aparador de Woolworth con sus sistemas hace lucir al ejecutivo, pero cuesta mucho llevarlos al aparador”. Y a partir de ahí dejé de piratearme a los empleados de esa empresa y me hice amigo del licenciado Paras.

 

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Casa de cambio

Hubo un banquero muy famoso en Tijuana que era mi amigo y un día se salió del banco donde trabajaba para iniciar una serie de casas de cambio.  Cuando charlé con él me dijo: “Voy a ganar mucho más dinero como casa-cambista y tengo la experiencia de haber manejado muchos años bancos, así que de seguro me va a ir bien”. Pasaron un par de años y me entero con asombro que mi amigo vende sus casas de cambio y regresa a dirigir un banco. En una breve conversación le pregunto: ¿por qué vendiste si estabas ganando más? Y me dice: “Mira, Pepe, cuando era yo director del banco era amigo de las personas más importantes de la ciudad y me invitaban a sus fiestas de Navidad, bodas e inevitablemente me enviaban regalos cada año. Mi familia estaba acostumbrada a esa relación, pero en el momento en que me volví casa-cambista perdí el estatus e hice que mi familia se sintiera mal. Por lo tanto, he vuelto al negocio donde el aparador es alto y puedo relacionarme con las personas ricas de la ciudad”.

 

El político

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En los mentideros políticos se comenta con frecuencia y en diversos casos: don Juan Godínez visitaba de manera regular al ministro de comunicaciones todas las semanas, pero cuando éste dejó de serlo, obviamente Juan ya no encontraba razones para buscarlo y un día en la calle se encontraron el ex ministro y Godínez y se saludaron de esta manera:

-Hola, Sr. Godínez.

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-Hola, Sr. Ministro.

-Caray, cómo ha cambiado, señor Godínez. Antes nos veíamos con frecuencia.

-No, Sr. Ministro; yo no he cambiado. El que ha cambiado es usted. Yo sigo viendo al señor ministro de comunicaciones diariamente…

Moraleja. Los puestos son importantes y hacen lucir a la gente que los detenta, pero suele ocurrir también al revés: hay quien hace lucir el puesto. Por ejemplo, el Instituto de la Américas fue comandado por una dupla sensacional: Don Gastón Luken, connotado pensador y banquero, y Don Jeffrey Davidow, que había sido embajador de EU en México.

Por sus altos cargos tenían contacto y respeto de muchas personalidades e inventaron los Tequila Talks, que fueron muy exitosos y dieron gran brillo al puesto, pues acudían interesantes personajes a dar charlas. Cuando ambos dejaron la responsabilidad, los consejeros del Instituto de las Américas pensaron que tener un embajador era interesante e invitaron al embajador Shapiro y a un embajador canadiense de origen brasileño, ambos connotados, pero se perdieron en el “dolce far niente”, el dulce de no hacer nada. Y el Instituto de las Américas ñ, otrora prestigioso, decayó. Aunque ahora revive bien con Richard Kay, experimentado promotor de la zona.

Era necesaria una representación cultural, política y educativa mexicana en el área de San Diego, cuando aparece el doctor Rafael Fernández de Castro, joven, con energía, con extraordinarios contactos en México y en Estados Unidos, quien había sido fundador y jefe del Departamento de Estudios Internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y consejero presidencial del ex presidente Calderón para Asuntos Internacionales y de Competitividad, y había detentado muchos otros puestos más. Al entrar como director del Departamento de Estudios México-Estados Unidos en UCSD, pudo impulsar y dar brillo a este departamento, antes menor y que ahora con su mando ha dado resultados extraordinarios.

El puesto, el aparador y el hombre valioso se combinan de diferentes maneras. Aquí unos cuantos ejemplos. Espero tu opinión, amable lector amigo.

 

José Galicot es empresario radicado en Tijuana.

Correo[email protected]

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