A 12 años de su fallecimiento sucedido el 15 de febrero de 2014, fue recordado el periodista y escritor Federico Campbell, el pasado domingo 15 de febrero, en la Sala de Usos Múltiples del Instituto de Servicios Culturales de Tijuana, institución dependiente de la Secretaría de Cultura de Baja California.
Entre familiares y amigos, escritores y lectores, Federico Campbell fue motivo de recordaciones y análisis de su obra por parte de Laura Elvira Díaz, Ruth Vargas Leyva y Carmen Gaitán, mientras el público en general escuchaba atentamente.
En el pasillo de la galería del Instituto de Servicios Culturales, Eduardo Flores Campbell presentó una serie de fotografías en torno a la figura de Federico Campbell, misma que puede apreciarse en horario de oficina.
“Difícil identificar a Federico Campbel con una generación, un grupo literario, una corriente dentro de la literatura mexicana”, de acuerdo con la poeta Ruth Vargas Leyva.
“Federico Campbell asumió la relación delincuencia-Estado y documentó las formas del poder de los cacicazgos políticos regionales, relacionando el crimen organizado con el poder establecido”, refiere la maestra Ruth Vargas Leyva en un ensayo que escribió a propósito del XII Aniversario luctuoso de Federico Campbell, mismo que se reproduce íntegro a continuación en ZETA, con la autorización de su autora, titulado “Federico Campbell: un escritor de fronteras”.
FEDERICO CAMPBELL: UN ESCRITOR DE FRONTERAS: RUTH VARGAS LEYVA
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EL PODER
La literatura sobre el poder y la criminalidad es un género que aborda la narcopolítica, la corrupción institucional y, en general, la violencia estructural. Su abordamiento confirma que el poder no es algo que se posee, por lo contrario, se ejerce en todas las relaciones. Pasó de una etapa depredadora, donde los actores criminales buscan la expansión a costa de todos los actores externos, a etapa una simbiótica, cuando las organizaciones criminales trabajan conjuntamente con el Estado.
A partir de la observación directa, de la sensibilidad, de su capacidad crítica para atrapar atmósferas, Federico Campbell asumió la relación delincuencia-Estado y documentó las formas del poder de los cacicazgos políticos regionales, relacionando el crimen organizado con el poder establecido. El crimen siempre consustancial a un poder absolutamente corruptor. Basta cambiar los nombres de los hombres del poder.
Aun cuando toda la obra novelística y de ensayo se centra en el poder, la novela más analizada de Campbell, en este sentido, es Pretexta (1979), el enigma de un libelo, el crimen en su modalidad de difamación. La novela sentó un precedente para el movimiento literario de la novela del narcotráfico que después abordarían otros autores. Una reseña de Marco Antonio Campos (1979) la describió como “una de las novelas más sorprendentes que han salido últimamente”. Y José de la Colina (2014) dice que Pretexta revitalizó ese motivo que la literatura ha reiterado hasta casi desgastarlo: la escritura acerca de una escritura… “un libro entre los mejores y más perturbadores que se han escrito en nuestra lengua.

Yu Jin Seong (2013) examina este texto a la luz del discurso sobre el poder de Michael Focault, en términos del archivo y sus significaciones, así como el poder de la escritura, y con ello, de los libelos. Es un texto muy complejo que se desdobla en voces múltiples, con discursos aparentemente contradictorios, con la presencia de una memoria individual y una memoria grupal que irrumpe constantemente, con transformación de los personajes. Martínez Gutiérrez (2015).
Gonzalo Martré (1986, p 132) definirá Pretexta como “una novela circular difícil de analizar por la ambigüedad de la línea argumental.” El autor va cambiando hechos ya antes definidos y embrollando intencionalmente la trama a fin de confundir al lector. La memoria rebasa el ámbito de la temática, del conflicto en el plano de los personajes, y se proyecta en la composición. La vitalidad de la novela se centra en algo invisible, la escritura del poder, y en algo visible, el archivo como la escritura del poder. En esta novela están los elementos narrativos y temáticos que prefiguran la obra de federico Campbell, la memoria del escritor y la relación entre poder y criminalidad, anticipando una secuela que se prolonga hasta nuestros días, igual que en el libro, lleno de vacíos e interrogantes.
Publicada por primera vez en 1979, Pretexta o El cronista enmascarado ha sido objeto de seis ediciones. Federico Campbell leyó y releyó esta novela, prueba de ello son los cambios de la primera edición hasta la última reimpresión del FCE. Ello da cuenta de que mantuvo su ejercicio literario en una constante reflexión.
En Pretexta los elementos que prefiguran su obra La eran de la criminalidad (2014) que recoge La invención del poder (Aguilar ,1994), y Mascara Negra (Joaquín Mortiz ,1995) y Crimen y poder, un estudio de la literatura de violencia, de la literatura policiaca, una reflexión sobre el poder, el crimen y la desigualdad. En La memoria de Sciascia aborda el debilitamiento del Estado frente al creciente poder de las organizaciones criminales. Estos textos son indispensables para entender lo que ahora está sucediendo. Términos como crimen de Estado, Estado fallido o Estado paralelo están imbricados en la realidad.
Foucault (2002) señala que el poder está en todos los niveles, la familia, la escuela, el hospital, la cárcel, entre otros. La obra de Federico Campbell puede ser leída como un espacio de poder donde se crean saberes, discursos, narrativas y resistencias.
LA MEMORIA
La memoria es el centro en la obra de Campbell, sus títulos más emblemáticos son La memoria de Sciascia, La ficción de la memoria y Padre y memoria. En este último libro analiza la obra de varios autores, dando cuenta de la capacidad expresiva de las narraciones autorreferenciales. Campbell reflexiona sobre las limitaciones de la memoria para poder recordar al padre, la invención que suple la carencia de recuerdos, y la influencia que puede ejercer la imagen del padre en la creación. En este sentido, un texto íntimo y profundo es La clave Morse (Alfaguara, 2001), una historia de familia donde la memoria personal recurre a transcripción testimonial, a la entrevista. Campbell inventa y reconstruye la figura del padre, una novela que Jaramillo (2001) describe “como un rompecabezas que está obligado a armar a partir de detalles insignificantes”, escrita con frases muy breves. Campbell llega a decir: “Tal vez la escritura no sea sino un esfuerzo por resarcir la figura del padre perdido”.
En Todo lo de las focas (1982) el personaje no habita a la mujer amada sino su memoria, y la memoria de una ciudad imaginada que ya no existe, la ciudad y Beverly son un deseo inalcanzable. La memoria es también el punto de partida de Tijuanenses, y Transpeninsular. Al igual que Sciascia, Federico escribe para recordar oscilando entre la memoria objetiva del periodista y la memoria subjetiva del escritor. La memoria inventa, recategoriza, reorganiza y es lo que somos.
AUTOBIOGRAFÍA
Hay consenso en que la narrativa de Federico es autobiográfica, pero los límites literarios de la autobiografía son difusos y complejos, está limitado por lo que el autor recuerda, lo que quiere recordar, lo que quiere olvidar.
La novela autobiográfica se caracteriza por admitir diversos grados de identificación entre el autor y su representante ficticio. ¿Dónde empieza la ficción y dónde el hecho verídico? Todo lo de las focas, Tijuanenses y otros textos, nos remiten a la ciudad y su memoria.
Serge Doubrovsky definió como “autoficción” un tipo de narración donde el autor elabora un esbozo autobiográfico al mismo tiempo que afirma que su relato debe ser entendido como una pura invención; la autoficción busca una ambigüedad discursiva mediante la que el autor pueda sincerarse sobre su vida ejerciendo al mismo tiempo de narrador y de personaje en un relato imaginario (Arroyo, 2011). Este neologismo, acuñado en 1977, da cuenta de una narrativa que muestra al autor y oculta al hombre, una forma que le permite esconderse tras la máscara de la ficción y al mismo tiempo que comparten sus recuerdos con el lector. El aspecto más característico de la autoficción radica sin duda en la ambigua identificación entre autor y narrador-personaje.
Autoficción es el término más adecuado para describir la obra de Campbell, un espacio autobiográfico con una amplia esfera de manifestaciones literarias provenientes de diversos géneros. Una autorreferencialidad que está presente también en los elementos paratextuales: su título, portada, prólogo, epígrafes, dedicatoria, otros.
¿Qué razones llevan a un escritor a arriesgar su nombre propio en un texto autofictición, en un tejido de historias narradas? Apunta a configuración de la memoria, a la confirmación de la identidad
De Transpeninsular (2000) dijo ser su libro menos autobiográfico, pero el personaje es un periodista, que describe a otro periodista y ambos se debaten entre la imaginación de la literatura y la información del periodismo. Dos escritores imprescindibles en la historia de la literatura de la península, uno autor de El otro México: Biografía de Baja California (Jordán, 2005), una aproximación histórica, cultural y geográfica a la península. Federico escribió un libro sobre la península y su desierto, sobre la imaginación, sobre la muerte y el suicidio, sobre el desencanto, sobre sí mismo. Su búsqueda es la de otra memoria, la de Jordán, la de otro recorrido, el de la propia soledad. En Transpeninsular hay un sentimiento de desconexión y extrañamiento respecto al resto del país. De acuerdo Pilar Bellver Sáez (2012), la península es una heterotipia, un espacio a la vez real e imaginado, un espacio complejo y lleno de contradicciones, que pone al descubierto la marginación histórica de la península y también las estrategias retóricas que la han legitimado.
TIJUANA
Tijuana fue presencia permanente en la literatura de Campbell. La ciudad recorre el universo completo de su narrativa. Para Laura Elvira Díaz (2026) “la tensión entre Campbell y el espacio de su infancia es análoga a la tensión que existe entre él y su propia escritura, una tensión que lo acerca a la vez que lo distancia de Tijuana”.
Federico se ocupó, en palabras de Juan Villoro, de la esquiva identidad de los seres fronterizos, esa identidad entre dos culturas que es el eje de Todo lo de las focas, donde, de acuerdo a Villamil (2003), el narrador “selecciona con su cámara fotográfica una parcela de la ‘realidad’ y se apodera, así sea efímeramente, de un momento en el tiempo”. Una ciudad de ausencias y recuerdos. “Una ciudad invisible que acecha desde la memoria” (Palaversich, 2012). Pillado (2014) señala que es también, “la primera novela que … con un discurso literario, se articula como una contranarrativa que busca reconfigurar lo que se cuenta de Tijuana y de sus habitantes desde un régimen hegemónico de representación”.
Hay consenso en que hay una relación intensa entre su creación y su persona. Sin embargo, la memoria, al evocarse, es alterada y la invención suple la carencia de recuerdos para, finalmente, llegar a crear literatura. Esa creación tiene un centro, una ciudad que es evocación, pedazos dispersos del pasado que solo existen en la imaginación, porque la ciudad que se describe ya no existe, como no existe “Campo Alaska” en La Rumorosa.
Hay ciudades míticas como Macondo o Comala, y hay ciudades que cada hombre edifica en su memoria. En la narrativa de Campbell uno encuentra que, al describir la ciudad, se cruzan la memoria, la ficción, la vigilia y el sueño.
Dolores Rangel (2016) identifica en su obra escepticismo, un eje que atraviesa sus textos, definido éste como duda radical acerca de la habilidad de las personas para saber con certeza que el mundo y sus experiencias realmente existen. Una duda existencial. La melancolía de los personajes de Campbell, escribe Eve Gil, (2006) se deriva de la perenne sensación de frontera, de no pertenencia. Elena Ritondale (2021) señala que Campbell da otra imagen de Tijuana. ¿Es Federico Campbello un escritor tijuanense? Sin duda. Llevó a su ciudad natal aún en la distancia, la visibilizó en la literatura mexicana, la describió en un periodo específico, y los convirtió en el objeto de sentimientos contradictorios y complejos. “Estamos hechos de las ciudades donde tuvimos experiencias memorables”, dijo Campbell en una entrevista
Leo a Federico y recorro con él las mismas calles, respiro el mismo aire, escucho el mismo ruido urbano, en mi escritorio descansa una maquina de escribir Olivetti, probablemente idéntica a aquella en que Federico Campbell escribió sus primeros textos literarios. Igual que él, no me atrevo a venderla ni a echarla a la basura …en esa máquina escribí mis primeros poemas.

EL AUTOR
Difícil identificar a Federico Campbel con una generación, un grupo literario, una corriente dentro de la literatura mexicana. “Hay una ambigüedad en su pertenencia literaria, estética y geográfica” (Fernández. 2013). En este sentido, es un escritor inclasificable. Campbell encontró el motivo de su obra en la memoria y la nostalgia. Su obra es compleja, Martínez (2015) identifica cambio de perspectiva, un salto temporal, un cambio en la escena, la estructura fragmentaria de sus novelas… la capacidad de marcar un distanciamiento y un acercamiento con respecto al universo narrado.
Su narrativa es también difícil de clasificar. El mismo Campbell refiere a su obra al “efecto conjunto”, un texto aparentemente caótico que sin embargo se lee como un caos organizado. Textos fragmentados que dan un efecto de conjunto. No es el análisis separado de cada una de sus partes sino a medida que el texto avanza, es el conjunto el que cobra sentido y se ordena. Romano (2015) identifica esta característica en la obra de Federico como el efecto que produce en el receptor o espectador una cierta totalidad percibida como tal, más allá de lo que pueda sugerir cada una de sus partes, o incluso varias de ellas. Un texto caótico que produce un efecto de conjunto, ya presente en la estructura de Pretexta.
El “efecto conjunto” es un término obsesivo en su obra y una pista para su lectura e interpretación que refiere al funcionamiento de la memoria, su estrecha relación con la imaginación y la manera en la que ésta reorganiza. Cada vez que evocamos un recuerdo, éste tiene algo nuevo, algo distinto del anterior.
Hay un escenario de su ficción: Tijuana. Una producción autobiográfica, un ánimo recurrente en sus personajes, la melancolía. Una recreación de los laberintos memorísticos que nos hacen ser quienes somos. Una tensión entre la imaginación de la literatura y la información del periodismo, “o nunca dejó de ser periodista, y al mismo tiempo, fue cada vez un mejor escritor, un mejor narrador, un mejor ensayista. (Vargas , 2021), con una permanente reflexión sobre la literatura el proceso escritural , presente en Post scriptum triste (1994) y Padre y memoria(2009).
Imprescindibles en el estudio de la literatura mexicana, y más específicamente bajacaliforniana, Federico Campbell es precursor de quienes han escrito sobre la ciudad, marco un antes y un después. Fue el primero, pero lo hizo con otro tono y otra estructura, con otra memoria, con otras lecturas, con diferente mirada, y agregaría, con otra relación de cercanía y distancia. Puso a Tijuana en el mapa literario, la visibilizo, dio otra imagen de ella, la convirtió en el objeto de su deseo. Una ciudad que siempre habitó, “desde una perspectiva nostálgica… como un anclaje, un referente identitario, una suerte de Ítaca para los personajes que la abandonaron (Romano,2020,108)
No se puede estar más cerca de lo que uno ama que tenerla siempre presente. En el análisis de la literatura mexicana, se le considera un escritor del norte, Romano (2015, 27). Precisa que “depende de lo que se quiera definir: la obra de un autor a partir de sus características intrínsecas, o del desarrollo de la producción literaria en una región geográfica perfectamente delimitada, “es toda aquella literatura que sucede en los límites físicos del territorio mexicano y tiene como principales temas la ciudad e identidad” (Latham, 2018).
Las fronteras se difuminan y diluyen en la literatura. Ritondale (2021) dirá que Campbell es un autor “fronterizo” en todos los sentidos, “Pero las fronteras están para cruzarlas y esto es lo que él ha hecho en toda su obra, cruzando géneros, lenguajes y, también, el Atlántico”. A la distancia, un autor para analizar, para seguir el trazo de su dedo sobre una realidad que dibujo y desdibujo, que recordó e imaginó dejando una profunda huella.






