Un agente de tránsito detuvo a una señora de edad avanzada, y le dijo:
– ¡Señora! Iba usted a exceso de velocidad. ¿Se dio cuenta?
La mujer se libró de la multa cuando le contestó:
– ¡Por supuesto! ¡Tengo que llegar antes de que se me olvide a dónde voy!
Autor: una vieja residente de Rosarito.
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La novia de Paco
— Oye, ¿tú conoces a la novia de Paco?
— Sí, es mona.
— Ya… ¿y cómo es?
— Pues bajita, encorvada y peluda.
— ¡Joder! ¿Y dices que es mona?
— Sí, estilo chimpancé.
Autor: Paco.
Dolor de piernas
Un hombre va a la consulta del médico y le dice:
— ¡Doctor, me he caído y me duelen mucho las piernas!
El doctor después de examinarlo le dice:
— No se preocupe, no es nada. Dentro de unos días ya estará Ud. trabajando.
— Caramba, doctor, qué maravilla; además de curarme, ¿me dará trabajo?
Autor: un cínico.
Qué salvada
Alberto y Alicia son ambos pacientes en un hospital mental.
Un día mientras caminaban cerca de la piscina del hospital, Alberto inesperadamente saltó a la piscina y cayó hasta el fondo, donde permaneció sin moverse.
Alicia rápidamente entró para salvarlo, nadó hasta el fondo y lo sacó. Cuando el director del hospital se enteró del acto heroico de Alicia, ordenó que se le diera de alta del hospital, pues consideraba que ella ahora estaba mentalmente estable.
El director le dijo a Alicia:
— Tengo dos noticias para ti… una buena y una mala. La buena es que ya te dimos de alta: al meterte a la piscina y haber salvado la vida de otro paciente has demostrado que eres capaz de responder razonablemente ante una crisis; por esto llegué a la conclusión de que ya estás mentalmente sana y puedes abandonar el hospital. La mala noticia es que, Alberto, el paciente a quien le salvaste la vida, se colgó en el baño con el cinturón de su bata… momentos después de que le salvaste la vida. Alicia, lo siento mucho, Alberto está muerto.
Alicia muy sorprendida, le contesta al director:
— No se colgó él; lo colgué yo para que se secara.
Autor: un psiquiatra, claro.
Al modo
Va una señora con su hijo en un taxi y pasan por una zona de tolerancia. El niño se queda mirando a las mujeres de la vida nocturna y dice:
— Mamá, mamá, ¿quiénes son esas señoras?
—Son… obreritas, mi niño. Trabajan cuidando los edificios y…
En eso dice el taxista:
— No le mienta al chaval, señora. Esas son mujerzuelas, niño.
— Mamá, mamá, ¿qué son las mujerzuelas?
— Son unas señoras muy corrientes que tienen hijos, y cuando los ven que crecen los meten de taxistas.
Autor: un conductor de Uber.
¡Socorro, auxilio!
Se cae un tipo por un barranco, con la suerte de agarrarse a un arbusto en el medio del vacío.
— ¡Socorro, auxilio! —empieza a gritar el tipo—. ¡Socorro! ¿Hay alguien que me ayude?
De pronto, se abren las nubes y se oye una voz atronadora.
— Hijo mío, soy Dios. Tanto has suplicado que me he apiadado de ti. Suéltate y déjate caer, que antes de que llegues al suelo mandaré dos ángeles que te sujetarán por las axilas y te depositarán suavemente en el suelo.
— Gracias, Dios mío, gracias. ¡Auxilio!, ¿hay alguien más?
Autor: un lector no creyente.
El que sí sabe inglés
— ¿Sabe usted inglés?
— Sí.
— ¿Nivel?
— Level.
* * *
— ¿Sabe usted inglés?
— If, if.
* * *
— ¿Sabe usted inglés?
— Sí.
— Bien, ¿qué significa “I am”?
— ¡Una de la mañana!
* * *
— ¿Sabe usted inglés?
— Sí.
— Traduzca “Yo libro los lunes”.
— I book on Mondays.
Autor: un teacher.
La expedición
Esto es una expedición de gallegos que va a subir al Everest. Y cuando llegan arriba les coge una tormenta de arena impresionante y se quedan incomunicados.
Pasa una semana. Y otra. Y otra más. Y finalmente acaba la tormenta. Los equipos de rescate de la Cruz Roja van hacia el campamento tras una dura subida. Se acercan a una caseta, tocan a la puerta y dicen:
— Oigan, abran, somos la Cruz Roja.
— No. Váyanse de aquí, ya les dimos su cooperación.
Autor: un contribuyente.





