Se mecen los eucaliptos
con el viento de San Diego,
aromatizan sus parques,
sus colinas y senderos.
Divinos acantilados
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en el área de La Joya,
la brisa besa mi rostro
como pétalos de rosa.
Danzan las antiguas palmas
con movimientos de alcurnia,
enamoradas princesas
bajo la luz de la Luna.
Coloridos son sus campos
al llegar la primavera,
con lindas flores silvestres,
rosas o bellas gerberas.
Descalza voy por la playa
y el agua moja mis pies,
las olas vienen y van
no saben de timidez.
Esta ciudad bajo el cielo
es la pintura que Dios,
se ha esmerado en crear
con el arte de su amor.
Llegué siendo casi niña
a este bendito lugar,
me enamoré de su cielo
y de las olas del mar.
Por eso hoy le escribo versos
y le dibujo acuarelas,
mientras miro al horizonte
desde un barquito de vela.
Lourdes P. Cabral
San Diego, California






