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lunes, enero 5, 2026
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Michelle Guerra, por el teatro para niños

Personaje Destacado 2025

 

“Si en 2016 hablábamos de un teatro para niños que apenas gateaba, hoy podemos afirmar que está caminando con identidad propia”, expresó a ZETA la directora fundadora del Colectivo de Teatro en Espiral, que en 2025 celebró 20 años

 

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Durante dos décadas, desde 2005, la dramaturga y directora de teatro, fundadora del Colectivo de Teatro en Espiral, Michelle Guerra Adame, ha creado, dirigido y difundido el teatro para niños; es decir, en los últimos 20 años ha sido pionera y ha aportado al teatro para las primeras infancias no sólo en Tijuana, sino en México.

En entrevista para ZETA, Guerra Adame, Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte 2023-2026, se pronunció sobre el concepto de teatro para niños; incluso recordó cómo algunos autores han minimizado o menospreciado este arte para los más pequeños, reduciéndolo a “estimulación temprana”:

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“Antes de utilizar el término ‘estimulación temprana’, sería importante que quienes lo emplean conozcan realmente a qué se refiere. La estimulación temprana surge en los años 50, primero como ‘estimulación precoz’, y estaba enfocada en niños con necesidades especiales o discapacidades; para los años 70 el término ‘estimulación temprana’ se hace popular y diversifica su enfoque a todas las infancias, y se define como un método que reúne prácticas terapéuticas y pedagógicas con objetivos específicos dentro del desarrollo para infancias entre los 0 y 6 años”.

 

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“En la actualidad tiene un enfoque familiar y también es conocida como atención temprana. No es una categoría artística ni una definición estética. Cuando ese término se usa para nombrar el teatro para la primera infancia, lo que suele aparecer no es una reflexión informada, sino lo contrario; es una mirada profundamente adultocéntrica que minimiza la experiencia artística de las infancias y reduce el teatro a una herramienta funcional”.

Directora fundadora de la Semana de Teatro para Niños y del Encuentro Internacional de Artes Escénicas para los Primeros Años “Infancia, territorio de paz”, Michelle Guerra aclaró:

“El teatro para los primeros años no existe para ‘estimular’ ni para preparar a nadie para el futuro. Existe porque niñas y niños son personas hoy, con derecho a la cultura, a la belleza, a la poesía, al asombro y a experiencias estéticas complejas. Pensarlo como algo menor revela, en el fondo, un desprecio hacia la infancia como etapa plena de la vida. Durante muchos años, quienes trabajamos en este campo tuvimos que dedicar una enorme energía a explicar y defender nuestro trabajo frente a miradas desinformadas que buscaban deslegitimarlo. Con el tiempo entendimos que no siempre se trata de debatir, sino de sostener una práctica ética, rigurosa y consistente que hable por sí misma. De nuevo, se trata de sostener. Para mí, el teatro para la primera infancia es un acto artístico profesional, pero también profundamente político: reconoce a las niñas y los niños como espectadores sensibles, capaces de emocionarse y construir sentido. No es un teatro para el después, es un teatro para el presente”.

Sostuvo la artista escénica bajacaliforniana: “Si en 2016 hablábamos de un teatro para niños que apenas gateaba, hoy podemos afirmar que está caminando con identidad propia. En poco más de una década ha ocurrido algo sumamente importante: por primera vez en México existe una generación de niñas y niños que puede decir que asistió al teatro desde que era bebé”.

En 2016, hace casi 10 años, mencionaste que “El teatro para niños en México está gateando”. ¿En qué momento o etapa se encuentra el teatro para niños en México actualmente y cuál es su futuro o expectativa tanto para los creadores como para el público?

“Desde 2012 a la fecha (2025), aunque todavía de manera desigual, comenzó a aparecer una oferta artística para la primera infancia en teatros institucionales e independientes. Eso marca una diferencia profunda: ya no hablamos de un acceso tardío a la cultura, sino de una participación activa, constante y legítima en los espacios artísticos. Esa experiencia cambia la relación de las infancias con el teatro para toda la vida. Este avance también se refleja en el plano institucional. Hoy el lenguaje ha cambiado: en convocatorias, programas y políticas culturales ya se nombran con claridad a los públicos de ‘bebés’, ‘primera infancia’ y ‘primeros años’, de ‘0 a 6 años’. Nombrar implica reconocer, y ese reconocimiento ha obligado a repensar los procesos técnicos, artísticos y administrativos que requiere crear y programar teatro para esta franja etaria”.

“En términos profesionales, el crecimiento es notable. En México existen hoy alrededor de siete festivales para los primeros años y al menos diez compañías dedicadas de manera exclusiva al teatro para la primera infancia, y muchas otras han incorporado propuestas para este público dentro de sus repertorios. Esto habla de una especialización real, de investigación artística y de un compromiso sostenido con estos públicos. A nivel internacional, el teatro para la primera infancia que se hace en México ha ganado un reconocimiento importante. En 2016, la red latinoamericana Vincular estaba conformada apenas por tres compañías; hoy agrupa a alrededor de cincuenta compañías de toda la región y surgió desde México como una plataforma de articulación y pensamiento colectivo. Además, algunas compañías mexicanas formamos parte de Small Size, una red mundial con más de 18 años de trayectoria dedicada al teatro para la primera infancia, de cuya mesa directiva actualmente formo parte. El futuro es prometedor si logramos sostener este crecimiento con políticas públicas claras, financiamiento continuo y espacios de formación especializados. El desafío ahora no es sólo crecer, sino consolidar y garantizar que este derecho cultural para las infancias sea permanente y no letra muerta, cuota o mera pose institucional”.

Finalmente, ¿cuál es el desafío más importante en cuanto a teatro para niños no sólo en Baja California sino en México?

“El mayor desafío es un cambio real de paradigma en la manera en que se piensa la infancia y, en consecuencia, la política cultural. Atender a una niña de dos años no cuesta lo mismo que atender a un niño de diez, ni requiere las mismas condiciones técnicas, artísticas ni humanas. Sin embargo, muchas veces las decisiones institucionales siguen basándose en métricas cuantitativas que no corresponden a la realidad del trabajo con la primera infancia.

A veces se descalifica un proyecto para primera infancia porque ‘no reúne suficiente público’, según las metas institucionales, pero, ¿saben cuánto es suficiente público en una obra para primeros años? Estas metas cuantitativas nos siguen dejando fuera de importantes foros a nivel nacional. El teatro para primera infancia exige otros criterios de evaluación: calidad, cuidado, impacto profundo y sostenido, no acumulación de cifras. Este mismo problema se refleja en la falta de continuidad de programas que han demostrado funcionar. Cada cambio de administración suele venir acompañado de la necesidad de ‘inventar’ algo nuevo, en lugar de reconocer y sostener lo que ya existe. Parece que decir ‘esto continúa porque funciona’ resulta más difícil que empezar de cero, aunque eso implique perder años de trabajo, redes construidas y públicos formados”.

“Por otro lado, la escasez de recursos genera una problema constante: para ser ‘justos’ se descontinúan proyectos con trayectoria, pero al mismo tiempo no existen las condiciones económicas para que festivales o compañías se sostengan sin apoyo gubernamental. Se crea así un círculo vicioso donde nadie está pensando realmente en cómo sostener y, al mismo tiempo, abrir espacios para nuevos proyectos y nuevas voces. A esto se suma una idea muy arraigada de que la cultura debe ser gratuita, una noción que ha hecho mucho daño a las artes. Sin modelos de financiamiento mixtos, sin una valoración económica real del trabajo artístico, los proyectos culturales quedan condenados a la precariedad permanente”.

“El verdadero desafío es construir políticas culturales con visión a largo plazo, que entiendan la infancia como un presente valioso, no como una promesa futura, y que apuesten por la sostenibilidad, la continuidad y la dignidad del trabajo artístico”, concluyó Michelle Guerra Adame, que para ZETA es un Personaje Cultural Destacado 2025.

 

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Autor(a)

Enrique Mendoza
Enrique Mendoza
Enrique Mendoza Hernández estudió Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Campus Tijuana. Premio Estatal de Literatura 2022-2023 en la categoría de Periodismo Cultural, otorgado por la Secretaría de Cultura de Baja California; Premio Nacional de Periodismo Cultural FILEY 2025, otorgado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), a través de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, y Manos Libres Periodistas. Ha sido incluido en diversas antologías, entre otras, en “Relatos de frontera y otras costumbres. Crónica joven de Tijuana”, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Centro Cultural Tijuana (CECUT) en 2013. Autor del libro “Poetas de frontera. Anécdotas y otros diálogos con poetas tijuanenses nacidos en las décadas de 1940 y 1950”, publicado por la Secretaría de Cultura de Baja California en 2024. Es periodista cultural en Semanario ZETA, en Tijuana
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