A finales de los 90´s, el mundo comenzó a experimentar una transformación estructural impulsada por la expansión del Internet y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
En este contexto de brecha tecnológica, surgió el concepto de “analfabetas digitales” (AD). Este término no solo describía a quienes carecían de habilidades técnicas para operar una computadora, sino a aquellos imposibilitados para navegar con criterios de seguridad o distinguir información fidedigna de contenidos engañosos. Como señala S. M. Guardado en su obra de 2023, la incapacidad de adaptarse al entorno digital se convirtió en un factor determinante de desigualdad social, segregando la esfera pública y erosionando los cimientos de la democracia contemporánea.
Sin embargo, la problemática ha evolucionado. De la simple falta de acceso a las TIC, hemos transitado hacia una era dominada por las redes sociales. Estas plataformas han dejado de ser meras herramientas de comunicación para consolidarse como los principales ecosistemas de interacción y difusión de información. Su capacidad para moldear percepciones colectivas y generar narrativas compartidas es tan profunda que ha transformado la opinión pública a escala global. No obstante, este fenómeno conlleva riesgos críticos: la saturación de contenidos de baja calidad y la exposición constante a estrategias de manipulación mediática.
De acuerdo con investigaciones de la UNESCO (2023), los jóvenes representan el sector más activo en el entorno digital. Para ellos, las redes son el canal primario de socialización y obtención de noticias. Sin embargo, esta hiperconectividad es un arma de doble filo. La falta de experiencia crítica y la exposición a algoritmos que privilegian la popularidad sobre la veracidad los hacen vulnerables a la desinformación. Estos mecanismos algorítmicos suelen reforzar “burbujas de opinión” que limitan la diversidad de perspectivas, fomentando una polarización social cada vez más marcada.
Por otro lado, los adultos mayores enfrentan un escenario distinto pero igualmente riesgoso. Aunque utilizan las redes para mantener vínculos afectivos, su menor familiaridad con las dinámicas digitales les dificulta identificar fuentes sesgadas o noticias falsas. Como indica Amezcua López (2025), esta vulnerabilidad convierte a las personas de edad avanzada en blancos estratégicos de campañas de desinformación y mensajes alarmistas. El impacto de este fenómeno es tangible y peligroso, pues influye directamente en decisiones críticas relacionadas con la salud pública y la participación política.
En conclusión, la alfabetización digital ya no es una opción técnica, sino una necesidad democrática urgente para proteger la integridad de la sociedad frente a los desafíos del siglo XXI.
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Mientras que aún hay algunas personas que desdeñan las opiniones digitales, hay líderes mundiales que las tienen como eje de comunicación. Donald Trump incluso creó su propia red y ni qué decir de los propietarios de Facebook, X (Twitter), etcétera.
Todo es cuestión de dimensionar la influencia de las redes sociales en la opinión pública.
Alberto Sandoval ha sido profesor, servidor público, consultor, conferencista, deportista y activista ciudadano. Correo: [email protected] Internet: http://about.me/sandovalalberto/ Facebook: Alberto Sandoval X (Twitter): @AlSandoval Instagram: @AlbertoSandovalF TikTok: @AlbertoSandovalF






