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viernes, junio 14, 2024
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Los nuevos privilegiados

Se ha puesto de moda que, aprovechando el poder, funcionarios o personas de reconocimiento público utilicen instalaciones de Plaza Calafia o el Nido de los Águilas para fiestas personales

Poco a poco se está volviendo costumbre por parte de funcionarios y empresarios allegados al gobierno, que aprovechen sus conexiones gubernamentales y su opulencia para utilizar edificios públicos como si fueran salones de fiesta, jardines de eventos o sus patios traseros, evidenciado todo lo que el supuesto gobierno de la “austeridad franciscana” dice no representar.


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Sólo este año, tres personas de interés se dieron el lujo de arrendar estos dos espacios para eventos personales, de los cuales, en uno de ellos, ni siquiera se notificó al Poder Ejecutivo, lo cual sería motivo suficiente para rescindir el contrato.

El 5 de mayo, Dio Murillo, el cacique del equipo Águilas de Mexicali, que en 75 años sólo ha ganado cinco títulos, lo que lo convierte en un equipo mediocre, tuvo el descaro de utilizar el Nido de los Águilas como un parque personal para celebrar la boda de su hija, haciendo uso de toda la infraestructura del estadio propiedad del Poder Ejecutivo, y, por ende, de los bajacalifornianos.

Y es que el Gobierno del Estado se hace cargo -como lo hemos expresado en esta columna- de todo lo referente a los pagos de mantenimiento del inmueble, uso de estacionamiento, de energía eléctrica y, además, en los próximos dos años se erogarán 100 millones de pesos para cumplir con las exigencias que solicita la Serie del Caribe para albergar dicha competencia.


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Murillo decidió organizar la boda de su hija en el estadio utilizando también las pantallas y en general toda la infraestructura del espacio para darle una noche de ensueño a la flamante pareja.

Ha trascendido que Dio Murillo no informó sobre la celebración de este acto privado al Gobierno del Estado, lo que representa una sanción como para rescindirle la concesión leonina que tiene en su beneficio. Al no notificar de la utilización del espacio público, estiman, el cacique de los Águilas de Mexicali no pagó por el uso del inmueble.

Sí bien, este es el hecho más notorio y lamentable de abuso de poder y uso recursos públicos para fines personales, no es el único. De marzo a mayo, el Ayuntamiento de Mexicali cedió las instalaciones de Plaza Calafia en dos ocasiones, aunque -al menos en este caso- sí se cubrió el pago para el uso del inmueble.

En marzo, Adrián Medina Amarillas, secretario de Salud, arrendó las instalaciones de la plaza ubicada en el Centro Cívico para celebrar la boda de su hija, evento al que -evidentemente- asistió la cúpula empresarial y política de Mexicali, entre ellos la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda.

La antigua plaza de toros también fue arrendada por el empresario Humberto Alfredo Guzmán Zamudio, socio de Oliver Zavala Beltrán -el constructor favorito del gobierno de Baja California- para realizar otro evento de esta naturaleza.

En todos los casos, los representantes gubernamentales o ligados al poder intentaron mostrar su opulencia y sus vínculos, a través de este tipo de eventos celebrados en espacios notorios y públicos de la Capital bajacaliforniana.

Más allá de tener dinero para pagarlo o un contrato leonino para beneficiarse desde hace más de 20 años, la realidad es que este tipo de mensajes son claro ejemplo de una clase política y empresarial indolente, insensible, que busca demostrar que forman parte de otra estirpe, que ellos pueden hacer lo que el resto de la comunidad no, y utilizar los espacios públicos para sus bodas o celebraciones privadas.

En el caso de Dio Murillo, la regla es clara y deberían retirarle el contrato por abuso de confianza, desvío de recursos y utilización de un bien público, pero en los otros dos, incluido el secretario de Salud, tendrían que ser ejemplo de lo que un servidor público empático y responsable, no debe hacer o caer en el exceso, especialmente cuando “provienen” o llegaron al cargo como parte de un gobierno “austero”.

Con actos como los cometidos por estos empresarios y funcionarios públicos, Morena construye su élite en Baja California, esa clase privilegiada que tanto escozor le causa al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pero que acá, se regodea celebrando en espacios públicos e icónicos de Mexicali, con la venia de la gobernadora.

Autor(a)

Eduardo Villa
Eduardo Villa
Periodista desde 2011 y corresponsal en Mexicali del Semanario Zeta. Participante del Border Hub del International Center for Journalists y coautor del libro “Periodismo de Investigación en el ámbito local: transparencia, Acceso a la Información y Libertad de Expresión”
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