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viernes, mayo 5, 2023
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Que cien millones no es nada

Esta semana, la primera de mayo de 2023, dos reportajes, uno de la plataforma digital Latinus y otro del organismo de la sociedad civil Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad, evidenciaron lo que consideraron en la indagación periodística, podría tratarse de irregularidades cometidas por dos de los cuatro hijos del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

En el primero, el de Latinus, dado a conocer la noche del martes 2 de mayo, cuatro reporteros investigaron las obras otorgadas por dependencias del gobierno de la República, a empresas de conocidos y públicos amigos de Andrés López Beltrán, que rondan los 100 millones de pesos. Se trataría, si acaso una investigación se lleva a cabo en el ámbito oficial, sea en la Función Pública, en la Fiscalía General de la República u otro órgano, de un conflicto de intereses, en el cual se habría favorecido a los amigos del hijo del mandatario nacional con adjudicaciones directas.


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El segundo reportaje, el de MCCI, versa sobre una propiedad -otra- de José Ramón López Beltrán, a quien los reporteros captaron saliendo de la misma e intentaron entrevistas, pero fueron “corridos” por el hijo del Presidente con el amago de o se retiran o llamo a la policía. La casa, como la que ocupó en Houston, no es de su pertenencia, y al igual que la de Estados Unidos, está a nombre de una persona que labora en una empresa que tiene relación en calidad de proveedor, con el gobierno federal; en este caso el periódico La Jornada, pues se trata de la asistente de la directora, Carmen Lira.

En ambos casos, los negocios con las empresas son millonarios. En el reportaje de Latinus refieren adjudicaciones a las empresas de los amigos de Andrés López Beltrán, que promedian los 100 millones de pesos; y en el caso de La Jornada, se ha documentado que en lo que va de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador, han invertido en el medio más de 700 millones de pesos del erario.

Y bueno, el gobierno hace negocios, adquiere bienes, propaganda, concursa obras, construye, compra, concesiona; se mueve pues, está activo y eso es normal. Lo que se pone en duda en los reportajes de esta semana es si, por tratarse de empresas ligadas al gobierno, y a los hijos del Presidente, las transacciones (los contratos otorgados en el caso de los amigos de Andrés López, y la utilización de una casa a nombre de la asistente de la directora de La Jornada, en el caso de José Ramón López) podrían ser producto de un tráfico de influencias, o caer en lo que se conoce como conflicto de intereses.


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No suena descabellado; es posible que alguien en el gobierno federal o en alguna empresa privada con relación con la federación, ceda ante los hijos o los amigos de los hijos del Presidente de la República; vaya, que no son cualquier hijo del vecino, sino del Presidente de la República. Por eso, más que ignorar el tema, desdeñarlo, minimizarlo o atacarlo, valdría, en un gobierno democrático y correcto, promovente de la cero tolerancia ante la corrupción, que se investigara oficialmente.

Pero el mandatario nacional, Andrés Manuel López Obrador, no es dado ni a dar explicaciones ni a ordenar investigaciones cuando se trata de poner en tela de juicio a los suyos, a sus colaboradores, y por supuesto a sus hijos. Cosa contraria, el Presidente con su solita palabra y pregonada honestidad, espera que se le crea cuando dice que eso “es falso”, se dé por cerrado y juzgado a su favor el caso, y se olvide de los temas que achaca; a pesar de la evidencia documental, a sus adversarios, en este caso, los dos más socorridos, Carlos Loret de Mola, por parte de Latinus, y Claudio X. González, en relación a MCCI.

Durante su conferencia matutina del miércoles 3 de mayo, un día después de la publicación del reportaje sobre las adjudicaciones a empresas de los amigos de Andrés López Beltrán, el Presidente siguió la máxima del ex mandatario nacional Carlos Salinas de Gortari, aquella de “ni los veo ni los oigo”. López Obrador no refirió nada del tema, como si no lo hubiese visto y no lo hubiese escuchado. Por supuesto, quienes acuden a la conferencia del Presidente, no le cuestionaron al respecto.

Dos días después, el jueves 4 de mayo, ya casi al finalizar su disertación diaria, el Presidente López Obrador se refirió al tema. Muy rápido, de salida y a la ligera. Por supuesto, acusó ataques de sus adversarios, descalificó los trabajos periodísticos y defendió a sus hijos con un “mis hijos no son corruptos”.

Refirió que es probable que los contratos entregados a los amigos de Andrés López Beltrán, existan y agregó: “Hagan la cuenta, vean el reportaje, no es nada [100 millones de pesos], es desesperación, es calumnia. (No hay conflicto de interés), nada, absolutamente, no hay ningún problema. Que porque el primo del amigo, de la hermana, que es amiga de Andrés. ¿Y? Nada. Véanlo ustedes mismos, hagan el análisis del reportaje”.

¿Cien millones no son nada? Bueno, quizá comparados con el caso de corrupción en Segalmex por más de 15 mil millones de pesos, o el del anterior sexenio con el Estafa Maestra, con más de 7 mil millones de pesos, efectivamente 100 millones “no es nada”, como dijo el Presidente; pero de que vale la pena investigar, vale la pena.

Total, si los hijos del presidente -como dice él- “no son corruptos”, bien librados saldrán, ¿no?

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Autor(a)

Adela Navarro Bello
Directora general del semanario ZETA, Consejero de Artículo 19 y del CPJ para las Américas, entre otros reconocimientos, tiene el Maria Moors Cabot 2021 de la Universidad de Columbia.
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