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jueves, julio 25, 2024
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Falta de agua por contaminación mortal

Oficialmente, la producción de agua potable se redujo hasta 30.9% por la turbiedad de la presa El Carrizo. Para paliar la baja -que provocó intermitencia y desabasto de agua en Tijuana y Playas de Rosarito-, la CESPT distribuyó el líquido en ciertas zonas, aunque la paraestatal rechaza haya sido un tandeo.

Versiones extraoficiales aseguran que es añejo el problema de contaminación en la presa y en los últimos meses se ha recrudecido por “falta de capacidad y conocimiento” de Francisco Bernal Rodríguez, director del Organismo Cuenca Península de Baja California de la Comisión Nacional del Agua (Conagua); quien pese a durar “muchísimos años” en la CILA desconoce la operatividad del Organismo.

Conagua reporta mil 200 y mil 500 unidades de coliformes fecales (excremento) en la contaminada presa El Carrizo; de acuerdo a la norma, no debe pasar las 300 unidades, foto: Jorge Dueñes

Aseguraron que el primer secretario del Agua de la administración de Marina del Pilar Ávila Olmeda, y hoy funcionario federal, no gestionó 120 millones de pesos para dar mantenimiento a la presa durante 2023, lo que generará una observación de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

Bernal Rodríguez, incluso, dejó de contestar los oficios que señalan los altos niveles de coliformes fecales y enterococos (excremento humano y animal) que existen en la presa, luego de la discrepancia entre los análisis de calidad del agua hechos por el Organismo Cuenca y las oficinas centrales de la Conagua.

Advertido sobre el riesgo a la salud que representan los microorganismos encontrados, el actual gobierno del Estado tampoco evita que escurrimientos sigan contaminando el embalse, ni reclamó los fondos que correspondían a Baja California.

En cambio, Carlos Torres Torres, esposo de la gobernadora y coordinador de Proyectos de Regeneración de Espacios Públicos en compañía de Armando Fernández Samaniego, secretario del Agua y el propio Bernal Rodríguez solicitaron una concesión para que una empresa preste el servicio de canotaje y otras actividades recreativas en la presa El Carrizo, misma que no ha sido otorgada por la contaminación del lugar.

“Nosotros aprovechamos esa visita para advertirlos que no podían ni siquiera abrirla para pesca deportiva. Les pedimos poner una serie de letreros alusivos a esto. Al principio lo hicieron, la segunda vez que fuimos a tomar las muestras ya no estaban”, relató la fuente consultada.

Conforme a las pruebas hechas por oficinas centrales de la Conagua, de manera extraordinaria (diciembre 2021, junio 2022 y marzo 2023), lo que más llama la atención en la presa El Carrizo es la excesiva cantidad de coliformes fecales (excremento), ya que se han encontrado entre mil 200 y mil 500 cuando por norma no debe pasar los 300. “Hemos hecho muestras diversas en el centro, la boca, en la salida del agua y, si bien, la planta creemos no está a su máxima capacidad, no sabemos en realidad qué está pasando”.

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A decir de la persona entrevistada, el año pasado incluso se encontró la ameba de la vida libre (un parásito que puede provocar la muerte). Resolver el problema de contaminación podría llevar seis meses, y costar más de 120 millones de pesos, pero no hay interés del Organismo Cuenca y el gobierno estatal por solucionarlo, reiteró.

Cascada de agua sucia en la presa El Carrizo, foto: Jorge Dueñes

DISMINUYE 30.9% PRODUCCIÓN DE AGUA POTABLE; NIEGAN CONTAMINACIÓN

Víctor Daniel Amador Barragán, director de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT), admitió que hace dos semanas se detectó “mucha turbulencia” en la presa El Carrizo (que abastece a Tijuana, Playas de Rosarito y parte de Ensenada), lo que propició un constante lavado de filtros, obligando a parar por diferentes momentos los tres módulos potabilizadores.

La producción de agua potable llegó a ser de 3 mil 800 litros por segundo. Cantidad que representa una reducción de 30.9% (1,700 litros por segundo), respecto al líquido que regularmente se potabiliza y demanda Tijuana, de 5 mil 500 litros.

El funcionario estatal atribuyó la turbiedad del agua a su recepción, el arrastre de sedimentos por las lluvias y el aumento en el nivel de la presa, que se ubica en 27 millones 804 mil 080 metros cúbicos. “Tenemos 10 millones de metros cúbicos de agua más que cuando recién ingresamos (a la administración), y esto hace que prolifere la vida dentro del agua”.

En tanto, Francisco Bernal Rodríguez, director del Organismo Cuenca Península de Baja California, también rechazó que esté contaminada el agua de la presa; la cual recibe líquido del Acueducto Río Colorado-Tijuana, procedente del distrito de riesgo 014 del Valle de Mexicali.

“Le puedo garantizar que el agua que está recibiendo Tijuana cumple con la calidad aceptable para que sea suministrada a través de los sistemas de potabilización para consumo doméstico y otros usos requeridos en la región”, afirmó.

El funcionario federal consideró la turbiedad como un tema “normal”, que “está bajo control”, y se estará trabajando en un análisis para determinar qué cantidad de sedimentos, y si es conveniente el desazolve; para posteriormente buscar el presupuesto para ello. Actualmente, por el nivel del agua no podría desazolvarse.

Aseguró que se estarán determinando los requerimientos de las cuatro presas de Baja California (El Carrizo, Abelardo L Rodríguez, Arenitas y Emilio López Zamora) para solicitar los recursos. Ello, pese a que en El Carrizo el último mantenimiento de compuertas fue en 2012. En 2023 se destinarán 5 millones de pesos para mantener el equipo electromecánico en operatividad en El Carrizo, apuntó.

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PERSISTEN MEJILLONES EN TUBERÍAS

Casi una década después de que ZETA documentó la presencia de una plaga de mejillones de la variedad cebra que se había extendido de la planta potabilizadora El Florido a la presa El Carrizo, los moluscos continúan en las tuberías del sistema hidráulico.

“Es un tema que debió haberse controlado a través de un método químico-biológico; sin embargo, ahí están los mejillones, pero aun cuando continúan ahí, se continúa entregando, suministrando el agua a la población”, señaló Bernal Rodríguez, quien dijo que es un tema que le corresponde a los organismos operadores.

El titular de la CESPT, Víctor Daniel Amador Barragán, negó que el problema actual se deba a la presencia de las larvas de ese molusco. “No, ahorita lo que tenemos es lo que te había comentado, la pulga de agua”. Agregó que otros organismos existentes son: algas, plancton, así como “mucha vida orgánica” y acuática.

Ante la contaminación, el agua de la presa no se puede utilizar. Disminuyó 30.9% producción de agua potable, foto: Ernesto Eslava

Respecto a los escurrimientos de aguas negras a la presa El Carrizo, el funcionario minimizó: “El agua de la presa no tiene o no ha tenido escurrimientos suficientes que puedan poner el riesgo la calidad del agua de la presa, por los volúmenes que se manejan y la pequeña cantidad de escurrimientos”.

Aseguró que la turbiedad ya está empezando a ceder. “Ya no es como parte de la semana pasada que amaneció el agua muy turbia, desde prácticamente todo el día. Ahorita llega medio verdosa, por la cantidad de algas”.

Luego de que migrantes denunciaron que el albergue Ágape llevaba días sin agua, Amador Barragán indicó que “en cuanto se vaya regularizando el proceso de la turbiedad del agua se va a estabilizar el suministro”, y reconoció que la baja de producción retrasó la recuperación del líquido después de las obras de mantenimiento del Acueducto Florido-Aguaje, que dejaron sin servicio a más de 600 colonias, muchas de ellas tres días antes de que iniciaran los trabajos programados para el 17 de abril. Para el mediodía del 25, ya había comenzado a producirse 5 mil 300 litros, según la CESPT.

CONTAMINACIÓN, UN RIESGO PARA LA SALUD PÚBLICA

Durante el año es común que familias acudan a pescar a la presa El Carrizo, y tanto adultos como menores de edad se bañen en su agua. Tan sólo durante la Semana Santa, celebrada del 6 al 9 de abril, acudieron alrededor de mil 240 personas.

Edgardo Sepúlveda Sánchez Hidalgo, investigador del Departamento de Microbiología del CICESE, indicó que la presencia de bacterias entéricas (aquellas que vienen de los intestinos de los mamíferos) como los coliformes y enterococos, denotaría un problema en el tratamiento del agua, y pueden causar daños a la salud.

Los niveles de contaminación pueden provocar enfermedades gastrointestinales, graves y mortales, Foto: Ernesto Eslava

Algunos de los coliformes fecales, como Escherichia coli (E. coli) generan diarrea, e incluso cepas de esta bacteria provocan diarrea con sangre. En tanto, meterse a bañar a un agua con una gran cantidad de enterococos puede infectar una herida. El patógeno puede invadir la sangre, llegar al corazón y a otros órganos; causar infecciones en oído, garganta, así como infecciones sistémicas importantes, alertó.

“Particularmente los enterococos suelen tener genes de resistencia a antibióticos. Eso quiere decir que los antibióticos con los que contamos muy probablemente podrían no ser efectivos contra ellos, y si nosotros seguimos liberando bacterias al mar o al medio, estas bacterias les pueden compartir de alguna manera estos genes de resistencia a otras bacterias; entonces, lo que estamos haciendo es generar una población de bacterias multirresistente que puede ser muy peligrosa”.

Una persona con una enfermedad entérica -producida por bacterias como E-Coli, Klebsiella, Salmonela-, con un mal manejo de higiene puede infectar a su familia y, a su vez, a otras personas de la comunidad, de ahí la importancia de que los cuerpos de agua no tengan esas bacterias, aun cuando puedan eliminarse con cloro, en el proceso de potabilización del agua, advirtió.

Al respecto, Agustín Quiroz Flores, investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que la Salmonella typhi, causa fiebre tifoidea o fiebre entérica, enfermedad infecciosa potencialmente mortal.

“Si existe contaminación fecal de las aguas es muy probable que también estén presentes protozoarios patógenos como las amebas (Entamoeba histolytica) en estado latente o fase quística, las cuales producen infecciones intestinales constituyendo un problema de salud pública”.

Martha Ponce Macotela, responsable del Laboratorio de Parasitología Experimental del Instituto Nacional de Pediatría, alertó que la mayoría de los parásitos son “muy resistentes al cloro”, y no se eliminan con la potabilización.

En ese rubro, se encuentran las amebas de vida libre, como Acanthamoeba y Naegleria, que causan encefalitis amebiana, y habitan regularmente en cuerpos de agua dulce y templada. Si el agua potable llegara a contener la Acanthamoeba y una persona tuviera una herida en la piel, el parásito puede ingresar por ahí y causar encefalitis amebiana granulomatosa. Lo mismo ocurriría al nadar en un agua donde se encuentra dicho parásito. 

“La Acanthamoeba es muy virulenta en pacientes” que tienen cáncer, diabetes descompensada u otras enfermedades crónico-degenerativas. Además, puede causar lesiones necróticas (muerte de tejido), si se queda en la piel.

Mientras que la Naegleria -que también entra por la nariz-, causa meningitis amebiana primaria, que es “fulminante”, porque el paciente en menos de una semana puede fallecer.

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Otros parásitos como Entamoeba coli, Iodamoeba bütschlii, Endolimax nana, Cryptosporidium y Giardia pueden encontrarse en el agua contaminada con materia fecal. Este último parásito es endémico en México, sobre todo en menores de edad, a quienes afecta su desarrollo físico e intelectual porque el patógeno absorbe los nutrientes de los alimentos que come el niño.

Mientras que el parásito Gnathostoma puede infectar al humano cuando éste come peces crudos o mal cocidos, que hayan ingerido el crustáceo Cyclops, que es el primer hospedero del parásito.

PULGAS DE AGUA

El investigador del CICESE, Edgardo Sepúlveda, explicó que las pulgas de agua son parientes de los camarones, son inofensivos y muy sensibles a los contaminantes químicos. La disminución o aumento de su población puede indicar que “hay exceso de contaminantes que las está matando o exceso de alimento, probablemente porque están llegando muchos nutrientes por vía de desagüe”. O bien, hay exceso de fertilizante que incrementa la cantidad de algas.

Autor(a)

Julieta Aragón
Julieta Aragón
Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco. Cursé la maestría de Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y sigo en proceso de tesis. Soy reportera de ZETA desde 2017.
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