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lunes, agosto 31, 2026
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Confesión

— Padre, confieso que he pecado. Ayer le pegué a un político.

“Hija, estoy aquí para escuchar tus pecados, ¡no tus servicios a la comunidad!”.

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Autor: Un ciudadano.

Cura golfista

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Un domingo, después de misa, un feligrés se acerca al párroco y le pregunta:

“Reverendo, ¿es pecado jugar golf en domingo?”.

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Poniendo la mano sobre su hombro, el religioso respondió:

“Hijo mío, te he visto jugar al golf, ¡en tu caso es un pecado cualquier día!”.

Autor: Un golfista que ahora es tenista.

El misionero y el león

Un misionero es raptado por caníbales y, como opone mucha resistencia, sueltan a su la mascota, un feroz león.

El predicador intenta huir del animal, pero se agota y empieza a rezar con mucha fe:

“Señor, ¡haz que este león se vuelva cristiano!”.

De pronto, el animal frena, se arrodilla, junta sus patas y dice:

“Señor, ¡bendice los alimentos que vamos a tomar!”.

Autor: Un animalista.

Un creyente gracioso del circo

Un sacerdote está en el confesionario y acude un penitente. 

— Tú no eres de esta parroquia, ¿verdad? No te había visto antes.

“No, Padre, soy un artista del circo que acaba de llegar”.

— ¿Y qué haces en el circo?

“Soy saltimbanqui”.

— ¿Y eso qué es?

“Espere, que le hago una demostración”.

El hombre se levanta y se pone a dar saltos mortales, volteretas y cabriolas por encima de los bancos de la iglesia.

Dos abuelitas que esperaban a confesarse lo ven. Una de ellas dice:

“Mejor volvemos cuando venga el otro cura, ¡este pone penitencias muy difíciles!”.

Autor: Un abuelito.

La duda del pecador

— Padre, hago el amor cinco veces al día, ¿eso es pecado?

“Eso no es pecado, ¡eso es mentira!”.

Autor: Un mentiroso.

El campesino y su caballo

Un campesino pasa por la iglesia y el cura del pueblo le dice:

— Hijo, pasa a misa.

“No puedo, Padre, ¿quién me cuidará el caballo?”.

— Dios te lo cuidará, hijo. Escucha la Palabra del Señor.

Entonces entra el campesino a la iglesia y, cuando el padre se dispone a comenzar la misa, exclama “¡Dios está con nosotros!”.

Enojado, el campesino se levanta de su asiento y pregunta:

“Entonces, ¡¿quién me está cuidando el caballo?!”.

Autor: Un parroquiano.

Un pastor y un taxista en el Cielo

Un pastor y un taxista, quienes eran amigos y vecinos, mueren y llegan al Cielo. Son llevados a sus eternas moradas, donde el pastor ve con asombro cómo al taxista se le instala una casa con piscina, pista de tenis y lujos por todos lados… mientras a él se le daba una casa común y corriente.

Entonces reclama:

— Señor, pero ¿qué es esto? ¡Toda mi vida prediqué tu Palabra sobre la Tierra y mira lo que me haces!

“Cuando tú predicabas, yo sólo escuchaba gente roncar, ¡pero hubieses visto con qué fervor la gente rezaba cuando manejaba este hombre!”.

Autor: Un usuario de taxis rojos.

Zapatos antiguos

Una señora entra en una zapatería:

— ¿Tienen zapatos del 36?

“¡No! De antes de la guerra, no nos queda nada”.

Autor: Anónimo de una zapatería antigua.

Las sandalias de las monjas

¿Por qué las monjas no llevan sandalias?

Porque son más devotas.

Autora: Una novicia.

Disléxicos

— Revisemos la nave. ¿Propulsores?

“ON”.

— ¿Combustible?

“ON”.

— ¿Tú no eres disléxico?

“IS”.

— ¿Nos queda combustible?

“ON”.

***

— Oye, mamá, ¿la dislexia es hereditaria?

“Co nreo”.

— ¿Gesuro?

“Gesurísimo”.

— Qué avilio.

“So lé”.

— Que tiero.

“Y to a yi”.

Autor: Un asesor de gobierno.

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