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jueves, noviembre 17, 2022
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“La literatura me ha servido como una catarsis”: Ruth Vargas Leyva

La poeta tijuanense publica “Más allá de la niebla”, editado por Desliz Ediciones. “La poesía ha sido una de mis fortalezas para sobrevivir”, expresó a ZETA

La muerte y la ausencia, el amor o lo cotidiano pululan en “Más allá de la niebla”, el libro más reciente de Ruth Vargas Leyva, publicado este año por Desliz Ediciones que dirige Rosina Conde, con ilustraciones de Francisco Toro.


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En “Más allá de la niebla”, Vargas Leyva, de origen sinaloense pero radicada en Tijuana desde los dos años de edad, rememora en prosa poética la muerte de su hijo Haroldo (1977-2010).

“Este libro lo escribí básicamente en la pandemia. Yo fui de las primeras personas que tuvo COVID-19, estaba con máscara de oxígeno y dije: ‘si me voy a morir, no me da miedo la muerte, voy a escribir algo relacionado con mi hijo Haroldo’. El primer texto que escribí fue el de los patos (‘El pato mandarín’), porque salió una noticia en el periódico de que habían pasado unos patos por el Parque de la Amistad. Entonces empecé a escribir y quedó esa estructura donde la última frase es la que está referida a la ausencia de mi hijo. Como que tuve una epifanía, dije: ‘esto es lo que tengo que hacer, escribir textos con este tipo de estructura’. De ahí nació la idea. Quería publicarlo en el aniversario de la muerte de mi hijo, que cumple 12 años de muerto”, expresó a ZETA Ruth Vargas Leyva.

EL DUELO

Hijo de Ruth Vargas Leyva, Haroldo murió en 2010 en un accidente. En la entrevista con este Semanario, la poeta reconoció el duelo de una muerte innombrable para una madre:

“Después de la muerte de mi hijo padecí depresión severa, crisis de ansiedad y me tenían que internar, porque estaba paralizada, llegaba al hospital. Ahora ya sé, cuando me da, ya sé que tengo una crisis de ansiedad, me ponen ansiolíticos. La padecí durante casi 12 años, hasta con este libro siento que hice una catarsis. Voy a seguir teniendo el duelo, pero es un duelo distinto, no llevo esa carga tan fuerte de dolor. Digamos que lo he convertido en otra expresión y entonces siento que cierro una etapa de mi duelo, no es que se termine el duelo, pero la parte más dolorosa, esa despedida que uno les dé -cinco años-, a mí me duró 12 años”.

Considerando que seguirá presente el duelo, es decir, en lo cotidiano estará su hijo, la muerte, la ausencia, ¿cómo convivir con esa idea de que forzosamente se tiene que “cerrar ciclo” porque así se estableció psicológicamente?

“Es muy distinto perder el esposo, los padres, los hermanos, pero cuando pierdes a un hijo es otra cosa, son palabras mayores. Algunos dicen que no hay ni nombre para quienes pierden a sus hijos; hay para las viudas, pero para las madres o padres que pierden un hijo no hay palabras, no hay nada que te pueda nombrar, porque la pérdida de un hijo es lo más terrible que puedes tener en la vida, te fractura, te desgarra y uno tiene que reconstruirse a partir de ese dolor, tienes que empezar a unir esas partes. Te afecta físicamente también, no nada más emocionalmente. Yo llevé el luto tres años o cuatro, poco a poco me fui separando de ese luto, de vestir de negro”.

Luego argumentó sobre la censura del duelo:

“El duelo, en nuestra sociedad, en el mundo contemporáneo, no está permitido, es censurado, la gente te dice ‘recupérate’, ‘no pasa nada’, ‘ya se fue’, ‘ya está con Dios’, ‘ya trascendió’, etcétera; pero en las culturas antiguas el duelo era llevado, sometido a todo el rigor de la familia. La obra de García Lorca narra ese duelo de la madre que se encierra con sus hijas a llevar ese dolor. Y bueno, en las sociedades antiguas y todavía en las modernas indígenas o muy tradicionales tiene hasta un sentido de fiesta; se baila, se come, la familia comparte con los otros, pero en la sociedad moderna, el sentido de duelo se ha ido perdiendo.

“Quizá sea lo frágil que somos, quizá sea lo vulnerables que somos a la sociedad en que vivimos. Quizá sea que la muerte es una palabra que no podemos admitir en nuestro vocabulario porque tampoco es políticamente correcto. Los gringos no te dicen ‘te moriste’, no dicen ‘eres anciano’, dicen senior, porque incluso la ancianidad te acerca a la muerte; o dicen ‘he passed away’, él se fue; nunca te dicen ‘se murió’, porque la palabra muerte también tiene una connotación que te estremece”.

Complementó:

“Yo siento que lo que no aceptamos de esta sociedad es aquello que nos acerca a donde somos más vulnerables, más frágiles, y que nos recuerda algo que llevamos con nosotros toda la vida o un lapso de vida que va a terminar. Entonces, siento que pude llevar ese duelo con todos sus años y con toda su tragedia, y que eso me liberó; a mucha gente no la libera, a mí me liberó llevar mi duelo porque lo llevé como yo lo sentí, y a pesar de los que me rodeaban, que me lo señalaban: ‘no debes sentir eso’, eso me salvó de una depresión peor, me salvó de caer en una enfermedad”.

DE LA MUERTE A LO COTIDIANO

En el texto “El pato mandarín” contenido en “Más allá de la niebla”, se lee: “… hoy, en que arriban dos centenares de patos, cercano septiembre, evoco tu último vuelo”; o en “Fidelidad”: “La fidelidad caracterizó a nuestra perra, que esperó cada tarde hasta su muerte, tu retorno a casa”.

Sus textos son eruditos y científicos, con datos precisos, pero finalmente todos desembocan, conmovedores, en lo cotidiano y lo cercano, tal como puede resultar una parvada de patos o un perro que espera a su amo muerto…

“Cuando pierdes un hijo siempre estás en duelo. De hecho, esta casa la mandamos construir después de la muerte de mi hijo Haroldo, yo no podía tolerar vivir en la otra casa, ahí había crecido mi hijo y todo me lo recordaba. Incluso, a veces estaba yo en la cocina y sentía que me respiraba en la espalda, en el cuello. Y seguí igual, porque lo que uno lleva dentro es esa memoria. Para mí todo me evoca: si veo un tránsito muy intenso en la ciudad, extiendo la mano porque cuando él era pequeño yo extendía la mano en el carro y tomaba su mano; y nos íbamos tomados de la mano”.

“Entonces, todo lo que sucede que puede ser complejo, erudito, porque tengo muchas lecturas, siempre me conducen a él, siempre hay un momento en que lo evoco. Él me recomendó, por ejemplo, un libro que se llama ‘La biología de la creencia’ (de Bruce H. Lipton), antes de morir; es un libro que habla sobre cómo tú le puedes enviar mensajes a tus células para que te obedezcan, es un libro precioso, ha sido editado siete u ocho veces, lo compré en Sevilla, por cierto. Ese documento es totalmente científico, me lleva a recordar su consejo, sus memorias, sus lecturas. Todo me conduce a él. Lo cotidiano está unido a una experiencia vital y en esa experiencia vital, aunque haya partido, está mi hijo”, reconoció.

UNA OBRA

Nacida en Culiacán, Sinaloa el 10 de enero de 1946, Ruth Vargas Leyva es una poeta con obra sólida, crucial en la historia de la literatura tijuanense. Es autora de “Celeste y siete poemas” (Instituto Tecnológico de Tijuana, 1986), “Poemas del ordenador” (Ediciones Sitiohabitable, 2006), “Solo estamos de paso” (Ediciones Sitiohabitable, 2011), “Ciudades visibles” (Desliz Ediciones, 2012), “Retorno a la ciudad” (Nódulo Ediciones, 2016), “Los nombres pendientes” (CETYS Universidad, 2019), “Felicia” (Fondo Editorial La Rumorosa de la Secretaría de Cultura de Baja California, 2021) y “Más allá de la niebla” (Desliz Ediciones, 2022).

La muerte o la ausencia, el amor y lo cotidiano, pululan por su obra. ¿Podría hablarnos de la continuidad temática de su obra?

“Yo creo que todos los poetas tienen un eje en su vida, temas que son muy recurrentes. Siento que todos los poetas tenemos un eje o dos o tres temas que atraviesan nuestra obra. A veces no es fácil encontrarla porque es una síntesis de la lectura de una obra, pero en la mía es la pérdida, yo diría que sería la soledad en muchos sentidos. Hay algo que me han dicho, que yo no lo veo, no lo siento en mis textos, pero también me han dicho que mi poesía tiene un toque de erotismo, algunos poemas sí, pero en general yo hablo sobre la soledad; en mis poemas insisten en mucho las pérdidas, en la soledad, porque siempre he tenido ese sentimiento de soledad y de pérdidas”.

Abundó: “Yo no tengo hermanas, tengo seis hermanos. No tuve oportunidad de tener alguien con quien compartir muchas cosas; mi madre tampoco era ese tipo de persona. Entonces he llevado todas mis cosas yo sola, lo he enfrentado yo sola todo, y yo creo que eso es lo que atraviesa mis poemas; por eso el ‘Poema 2. De la ausencia’ (“Siete poetas jóvenes de Tijuana” (Ibo-Cali, 1974), me gusta tanto, porque ahí está el origen de toda mi poesía, el eje que atraviesa todos mis textos”.

“LA POESÍA HA SIDO UNA DE MIS FORTALEZAS”

Leer “Más allá de la niebla” es también encontrarse con una diversidad de autores, como Haruki Murakami, Homero, Jack Williamson, Heidegger, Sófocles, J.R.R. Tolkien, Erich Fromm, Rachel Joyce, por citar sólo algunos, que reflejan obviamente las lecturas de Ruth Vargas Leyva.

¿Qué papel ha jugado la literatura en su vida? ¿Habría podido sobrellevar las pérdidas o las ausencias sin la literatura?

“No, obviamente no hubiera sido posible porque la literatura para mí ha funcionado como una herramienta de sanación, me ha servido como una catarsis. Lo que quizá no pueda decir abiertamente está contenido en mi poesía. Yo no hubiera podido vivir sin la poesía, sin esa capacidad de expresarme y de comunicarme. Hay épocas en que no he escrito tanto porque estaba haciendo vida académica, me estaba doctorando, pero sí he seguido escribiendo y tengo textos que no están publicados. Tengo una novela que quiero retomar, que está muy avanzada, tengo poemas que no han sido publicados que también quiero darles una revisada”.

La poeta tijuanense concluyó: “Yo siento que la poesía ha sido una de mis fortalezas para sobrevivir, ha sido ese bastión en que me he sostenido para afrontar muchas tragedias que me han pasado, abandonos también. Yo no hubiera podido vivir sin escribir”.

Ruth Vargas Leyva presentará “Más allá de la niebla” el sábado 19 de noviembre a las 12:00 horas en el Salón 307 de la Casa de la Cultura Tijuana de la colonia Altamira; los comentarios estarán a cargo del también poeta Jorge Ortega.

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Autor(a)

Enrique Mendoza
Licenciado en Comunicación por la UABC Campus Tijuana. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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