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jueves, noviembre 17, 2022
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Cortés Bargalló: la poesía “suena como el mundo”

“La realidad del lenguaje, cuando se encuentra en estado poético, ya no es propiamente una representación, sino que es una concreción material”, expresó a ZETA el autor laureado por el Festival Internacional de Poesía Caracol Tijuana 2022

El Festival Internacional de Poesía Caracol Tijuana 2022 rinde homenaje a Luis Cortés Bargalló, uno de los poetas más importantes nacido en Baja California, por “su destacada trayectoria en el ámbito literario nacional, además de sus aportaciones a la literatura regional”, tal como expresó a ZETA Yohanna Jaramillo, directora del acontecimiento literario fronterizo que se realiza del 22 al 24 de septiembre en Tijuana, Playas de Rosarito y Tecate.


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Fundado por Yohanna Jaramillo, y con Iván García Mora, Jesús García Mora y Andrea Latham en el comité organizador, el Festival Internacional de Poesía Caracol Tijuana ha rendido homenaje a autores como Celedonio Orjuela Duarte (2009), Roberto Castillo (2013), Flora Calderón (2016), Tomás Di Bella (2017), Olga García Gutiérrez (2018), Víctor Soto Ferrel (2019) y Luis Cortés Bargalló (2022).

“El hecho que el homenaje esté sucediendo en Tijuana realmente me entusiasma, de alguna manera también me motiva. Estos encuentros me dan la oportunidad, que para mí es muy valiosa, de relacionarme con otras generaciones. Me parece muy estimulante estar con jóvenes con los que tengo una relación de amistad y de conversación”, valoró en entrevista para ZETA Luis Cortés Bargalló, a propósito de que el comité organizador del Festival Caracol esté integrado por escritores jóvenes.

 

PRIMERAS LECTURAS

Hijo de la refugiada española (por la Guerra Civil de 1936-1939) en Tijuana y maestra en el Centro Escolar Agua Caliente, María Luisa Bargalló y de Jesús Cortés Limón, Luis Cortés Bargalló nació el 19 de enero de 1952 en la ciudad fronteriza.

Durante la entrevista para ZETA, Cortés Bargalló trajo a la memoria a su tío Miguel Bargalló, quien le señaló el camino hacia la literatura.

“En realidad, yo creo que me empecé a interesar por la literatura gracias a un tío abuelo mío, Miguel Bargalló. Él vivía en la parte de arriba de la casa donde yo vivía, en Agua Caliente; y él, que era un profesor que se integró a la fundación de ‘La Poli’ -se integró ahí en el proyecto cardenista, él es refugiado de la Guerra Civil Española-, pues como muchos miembros del exilio español, era una persona que contaba con una formación y una cultura abundantes. Él vino a encargarse de algunas materias sociohumanas, entre ellas geografía, algo de historia, pero tenía muchos otros intereses, entre ellos la literatura, con dos características: a pesar de que él se había formado en Francia, era un apasionado de la tradición literaria española y tenía una espléndida biblioteca en su estudio, una biblioteca constituida de muchos autores clásicos; prácticamente puedo decir que ahí leí a Cervantes, Quevedo, por primera vez. Y él me estimulaba a hacerlo, me pasaba libros que de repente yo no sabía qué hacer con ellos, porque eran muy voluminosos y muy largos para leerse. Pero sí, al contar con la energía y el gusto de hacerlo, pues me fui metiendo en esa dinámica con él”, narró.

“Entonces, en realidad, yo como lector, me inicié mucho más leyendo narrativa; y los otros libros que había de narrativa contemporánea eran palabras mayores: había Sartre, Thomas Mann, Aldous Huxley, todavía hay por ahí algunos ejemplares. Y el hecho de encontrarme con esos libros, ir repasando, haber visto esos lomos, pues me llevó obviamente a bajarlos de la biblioteca y ponerme a leerlos. Pero todo esto, por la naturaleza de estas lecturas, no eran lecturas infantiles, entonces, yo realmente me inicié en la lectura ya adolescente. Más tarde, yo me fui, tendría unos 17 años, a la Universidad”, rememoró Cortés Bargalló.

 

CON HUBERTO BATIS

Mientras estudiaba la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana (UIA) en Ciudad de México, Luis Cortés Bargalló fue integrante del taller de poesía de Huberto Batis.

¿Por qué fue determinante para ti participar en el taller de Huberto Batis?, cuestionó ZETA al homenajeado en la edición 2022 del Festival Internacional de Poesía Caracol Tijuana.

“Fue un taller que duró poco más de dos años, entre el año 71 y 73. Huberto Batis, en ese momento, pues estaba en el centro de su actividad editorial, era director de la revista de Bellas Artes, después de ahí también estuvo metido por supuesto en el suplemento (México en la Cultura, de Novedades) de Fernando Benítez. Conocía a todo mundo y tenía interés por los jóvenes, algo que me pareció extraordinario”, reconoció.

“De repente, Batis dijo: ‘Hoy quiero que leamos esto’, y nos leyó toda la novela ‘Lunar Caustic’ de Malcolm Lowry; ‘Los cantos pisanos’ de Pound; los leímos completos, acababa de salir la traducción de Vázquez Amaral, ¡fue una lectura maravillosa! La exigencia y el nivel de las lecturas que él prácticamente ponía como condición, para mí fueron valiosísimas; ‘La diosa blanca’, de Graves; ‘El origen de la tragedia’, de Nietzsche; no se diga ‘Diálogos con Leucó’, de Pavese, sobre todo Pavese. Pavese a mí me ha seguido toda la vida. En fin, autores que realmente ahondan en el conocimiento del fenómeno poético”, contó Cortés Bargalló.

No dudó en acordarse de sus contemporáneos, entonces imberbes talleristas:

“En ese taller asistíamos Alfonso René Gutiérrez, Alberto Blanco, Alberto Ruy-Sánchez, Hermann Bellinghausen, Adolfo Castañón, que era de los más asiduos; Guillermo Sheridan, Maricruz Patiño, José Manuel Pintado, que era su esposo en ese momento; Margarita Orellana, esposa de Alberto Ruy-Sánchez; y también, de manera un poco más esporádica, se presentaron por ahí Coral Bracho y Verónica Volkow. De modo que la constitución de ese grupo terminaría por ser algo muy estimulante, porque no era solamente el nivel de control y manejo del director del taller, sino que cada una de estas cabezas era un mundo”.

 

EL PRIMER POEMARIO

Luis Cortés Bargalló habló de Carlos Isla, director de la editorial El Pozo y El Péndulo, quien le publicó su primer poemario “Terrario” en 1979, en forma de plaquette, al lado de otros reconocidos autores.

“Carlos Isla -un formidable editor, muy buen poeta también, de una generación un poco mayor que la mía, pero todavía joven en esa época, ya murió- creó esa colección, El Pozo y El Péndulo, para dar cabida a expresiones de poetas jóvenes en ese momento. Era una colección que además estaba muy equilibrada. En esa colección salieron libros fabulosos: salieron las ‘Cosillas para el Nacimiento’, de Carlos Pellicer, por ejemplo. Es una colección preciosa, eran libros de formato chiquito, para llevar a todos lados. Salió una versión formidable de las ‘Canciones de Vidyapati’, de Gabriel Zaid; salió también el primer libro de Tomás Calvillo, compañero de la revista ‘El Zaguán’. Y muchos otros libros también de la propia generación de Carlos Isla, por ejemplo, cosas de Francisco Hernández”, recordó.

“Isla tenía una enorme capacidad de negociación para conseguir recursos y poder sacar una editorial artesanal muy bien cuidada, impresiones en papeles muy bonitos y con muy buen gusto, además. Y bueno, sí promovía los libros también, estaban en todos lados. No eran tirajes muy grandes, pero tampoco tan ridículos como los que hay ahora en las ediciones de poesía: de repente edición de 25 ejemplares. El tiraje habitual con las ediciones de Isla era de mil ejemplares. Y sí se preocupaba de que circularan”.

 

SOBRE POESÍA

Además de “Terrario” (1979), Luis Cortés Bargalló es autor de “El circo silencioso” (1985), “La soledad del polo” (1990), “Al margen indomable” (1996), “Por el ojo de una aguja” (1999), “Filos de haz y envés” (2007) y “La lámpara hacia abajo” (2016), poemario con el que obtuvo el Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada en 2017.

A propósito del homenaje que te dedica el Festival Internacional de Poesía Caracol, tu cumpleaños número 70 este año, ¿has reflexionado sobre alguna conclusión sobre qué es la poesía?

“Hay como muchas posibilidades y puedo acordarme de William Carlos Williams en ‘Asfódelo’ -y era algo que padecía de día y de noche porque era médico-, donde dice: ‘Todos los días veo morir a la gente miserablemente, por no tener aquello que tienen los poemas’. Philip Larkin dice: ‘La poesía nos ayuda a vivir’. Odysséas Elýtis dice: ‘Pero ahí donde inicia el poema, la muerte ya no tiene la última palabra’”, citó Bargalló para posteriormente compartir su aproximación sobre poesía:

“Entonces, te diría que -si tuviera que pensar en una solución personal al respecto-, es una especie de órgano físico que está vivo dentro de ti y que solamente activa a la presencia de la poesía, no digo necesariamente de la poesía escrita, incluso de eso que Octavio Paz llamaba ‘La poesía que no está en los poemas’, pero que está en el mundo, que está en las personas, que están en los hechos. Y que nosotros tenemos un órgano, quizá estoy aliterando de lo que decía Lezama, que ‘la poesía ha estado instalada en una zona también de acceso a lo intangible’, sin embargo, se movía en una zona tangible llamada poema. Entonces, afecta, mueve un órgano, quizá desconocido, pero que está ahí, que no está activo todo el tiempo, pero cuando se activa nos damos cuenta que está ahí”.

Hacia el final de la entrevista con este Semanario, Luis Cortés Bargalló sentenció:

“Sigo pensando que la realidad del lenguaje, cuando se encuentra en estado poético, ya no es propiamente una representación, sino que es una concreción material; suena como el mundo, duele como el mundo, te convierte en habitante, te brinda abrigo, desconsuelo también, en zonas donde los hechos a veces parecerían quedarse cortos”.

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Autor(a)

Enrique Mendoza
Licenciado en Comunicación por la UABC Campus Tijuana. Periodista cultural en Semanario ZETA de 2004 a la fecha.
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