El reto político

Foto: Mario Jasso-Cuartoscuro.com
Columnaz viernes, 10 junio, 2022 8:00 AM

El Partido Revolucionario Institucional ejerció de manera hegemónica en México. No tenía competencia. En parte por el tamaño, por la corrupción, el manejo y manipulación de todos los sectores, y por los billetes que sostenían la base. Sin ignorar una carga política de cacicazgo que practicaban desde los gobiernos en los estados, y dictatorial desde la Presidencia de la República.

Oficialmente instaurado como Partido Nacional Revolucionario en 1928, y posteriormente Partido de la Revolución Mexicana en el 38 del siglo pasado, fue hasta 1946 cuando oficialmente adoptó las siglas PRI, de Partido Revolucionario Institucional, y los colores de la bandera nacional para su logotipo político. Pero quizá el cénit del priismo aconteció en 1976, cuando su candidato a la Presidencia de la República, José López Portillo, fue el único postulado en la elección de ese año. El resto de los partidos, algunos no existían oficialmente y otros decidieron no designar candidato contrincante.

El PRI gobernó todos los estados de la República hasta 1989, cuando el Partido Acción Nacional ganó la gubernatura de Baja California con Ernesto Ruffo Appel como candidato. En el año 2000 perdió por primera ocasión la Presidencia de la República ante Vicente Fox Quesada, también panista, que hizo pasar a la historia a Francisco Labastida Ochoa como el primer priista en perder la Silla del Águila en la hoja de vida del partido.

El resto, es historia reciente. Volvió a ganar el PAN, que perdió en 2012 ante el priista Enrique Peña Nieto, quien forjó no sólo uno de los gobiernos más corruptos de los tiempos modernos, sino a toda una generación de priistas chuecos que hoy día o son ex gobernadores en prisión, o prófugos, o libres bajo sospecha, o dirigiendo el partido… y entonces, en ese clima de corrupción e impunidad política, surgió al triunfo, finalmente después de dos intentos, Andrés Manuel López Obrador.

El PRI ya no se ha recuperado. El domingo 5 de junio de 2022, perdió dos gubernaturas insignes, la de Hidalgo y la de Oaxaca, que había mantenido allende la ola azul desatada en la década de los noventa y todavía entrados los dos miles. Si bien es cierto recuperó Durango, aun aliado a su ex adversario, el PAN, que hace seis años le arrebató la gubernatura, ya sólo en tres estados: el susodicho Durango, Coahuila y el Estado de México, entidades que el próximo año renovarán sus gobiernos estatales.

Al PAN le duró poco la Presidencia de la República, especialmente considerando los 72 años (más seis de Peña) que la tuvo el PRI: apenas 12 años. Pero en 2016, con Peña Nieto en el poder, el Partido Acción Nacional llegó a gobernar, al mismo tiempo, once estados de la República Mexicana. El domingo 5 de junio, el albiazul perdió dos entidades federativas, Quintana Roo y Tamaulipas, y retuvo, también con sus aliados PRI y PRD, Aguascalientes, por lo que este 2022, gobierna en cinco estados: Chihuahua, Aguascalientes, Querétaro y Yucatán.

En cambio, Morena se ha hecho del poder en sólo cuatro años. En 2017 no gobernaba ni un solo Estado de la República. Instaurado movimiento en 2011, se constituyó en 2012 como asociación civil y para 2014 obtuvo su registro como partido político, con miembros mayormente escindidos del PRD, que a su vez se habían separado, algunos como el propio Presidente de la República, del PRI.

En un lapso de cuatro años, Morena ha ganado 22 gubernaturas. Obtuvo cinco en 2018, cuando alcanzó la Presidencia de la República y una mayoría en la Cámara de Diputados: Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz. En los comicios de 2019, ganó las dos en juego, Baja California y Puebla. Para las elecciones de 2021, sumó once gubernaturas: Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Zacatecas y retuvo Baja California tras un gobierno de dos años. En realidad, ese año sumó doce gobiernos estatales si consideramos San Luis Potosí, donde el candidato que quiso ser de Morena y no pudo, contendió con todo el apoyo morenista por el Partido Verde Ecologista de México.

Finalmente, en 2022, Morena se agenció cuatro nuevas gubernaturas. Le arrebató dos al PRI -Hidalgo y Oaxaca-, y dos al PAN, Quintana Roo y Tamaulipas.

Ahora tiene la influencia política electoral y de gobierno en 22 entidades, que concentran el 68.75% de la población del país.

La cuestión es que, en 2023, se viene la competencia por la entidad que concentra el mayor número de electores entre todas las entidades federativas: Estado de México, con más de 12 millones.

El Estado de México es el máximo bastión priista. Es cuna, es guarida, es volcán ideológico y cueva de la corrupción, el padrón más grande, el Estado más priista. Por supuesto que en 2017, el entonces Presidente Enrique Peña Nieto no iba a perder su entidad federativa de origen, la tierra que le vio nacer, pero a punto estuvo de ser derrotado por Morena. Aquel año, Alfredo del Mazo, priista, primo de Peña y candidato, logró con mucho esfuerzo poco más de 2 millones de votos, y la candidata de Morena, Delfina Gómez, se le acercó con poco más de un millón 800 mil votos. Quedaron a menos de 3 puntos de diferencia… y el Presidente López Obrador no había ganado aún la elección.

Total que, si el próximo año Morena le arrebata el Estado de México al PRI, lo cual con las cifras del domingo 5 de junio de 2022 y aquellas de 2017, no está fuera de lugar, entonces el partido de López Obrador estará en camino de ser el nuevo partido hegemónico, el PRI del nuevo milenio. El reto político de la oposición estará en eso: en evitar que nazca de entre sus actos de corrupción y los programas clientelares, la supremacía de Morena. Y para Morena, el desafío es no caer en los excesos que dejaron al PRI en agonía.

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