Un libro en homenaje a Javier Valdez

Fotos: Cortesía
Cultura lunes, 30 mayo, 2022 12:15 PM

“Si Javier estuviera vivo, señalaría las falsedades y la manera en que el crimen organizado ha crecido de manera exponencial. Me dicen que ya no quieren abrazos, que ahora quieren besos”: Élmer Mendoza

A cinco años del asesinato del periodista y escritor Javier Valdez, el Semanario Ríodoce que dirige Ismael Bojórquez editó “Javier Valdez. El Bato (1967-2017)”, libro en homenaje al autor de “Malayerba” (Jus, 2016).

Cofundador junto con Valdez de Semanario Ríodoce en 2003, Bojórquez tuvo a bien idear un libro conmemorativo sobre Javier, mismo que fue dado a conocer el martes 24 de mayo en el Teatro Lince de la Universidad Autónoma de Occidente.

“La idea de hacer esta edición conmemorativa de Ríodoce sobre Javier Valdez nació en enero, cuando estaba llegando a México la variante Ómicron del COVID-19. No sabíamos si aumentarían las restricciones sanitarias para eventos masivos y en espacios cerrados, así que pensamos que de esta forma cumpliríamos el compromiso de recordarlo con decoro en el quinto aniversario de su muerte”, reza la presentación editorial, de acuerdo con Ismael Bojórquez.

En cinco meses, entre enero y mayo de 2022, Bojórquez llevó a buen puerto la edición especial, para lo cual invitó a 61 autores para que escribieran algún texto en homenaje a Javier Valdez, alcanzado por las balas del crimen organizado el 15 de mayo de 2017 en Culiacán, Sinaloa.

Encabezan la edición conmemorativa con sendos textos sobre Javier Valdez, autores como Élmer Mendoza (Premio Tusquets 2007), Juan Villoro (Premio Herralde 2004), Adela Navarro (codirectora de ZETA; Premio María Moors Cabot 2021), Ismael Bojórquez (director de Ríodoce; Premio María Moors Cabot 2011) y Alma Guillermoprieto (Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018).

Integran también el elenco de autores invitados al homenaje editorial de Javier Valdez: Alejandro Almazán, Jesús Silva-Herzog Márquez, María Teresa Ronderos, Carlos Dada, Julia Preston, Carlos Lauría, Julio Hernández, John Gibler, María Verza, Tracy Wilkinson, Guillermo Osorno, Diego Enrique Osorno, Balbina Flores Martínez, Ana Cristina Ruelas Serna, Sara Mendiola, Jan Albert, Benjamín Fernández, Témoris Grecko, Jon Lee Anderson, Marcela Turati, Alejandro López, Francisco Valdez Triana y Óscar Loza Ochoa.

Complementan la edición con sus respectivos textos: Griselda Triana, Blanche Petrich, José Reveles, César Ramos, Everard Meade, Maritza López L., Rogelio Campos y José Alonso Torres; María Cortina, Diego Armando Moreno Garza, Cruz Hernández, Andrea Miranda, Omar Garfias, José A. Ríos Rojo, Anabel Ibáñez, Raúl Torres, Alejandra Ibarra Chaoul, Gerardo López Cervantes, Francisco De Anda Corral, Irad Nieto, Luis Fernando Nájera, Francisco Cuamea, Roxana Vivanco, Nidia Castro, Ernesto Hernández Norzagaray, Andrés Villarreal, Miguel Ángel Vega, Aarón Ibarra, Ignacio Rodríguez Reyna, Cayetano Osuna, Alejandro Monjardín y el propio homenajeado, Javier Valdez.

Durante la tertulia literaria llevada a cabo entre estudiantes, familiares y amigos de Javier Valdez y público en general, Ismael Bojórquez refirió que “la idea es hacer un gran perfil de Javier” con los autores que respondieron a su convocatoria; reconoció que evidentemente los textos fueron escritos “con mucha pasión, con mucho dolor”, incluso “algunos son muy dolorosos”.

En cualquier caso, Bojórquez advirtió que “no les voy a contar cuántas veces lloramos cuando revisamos los textos”, como invitando a los lectores a acercarse al libro en homenaje a Javier Valdez.

 

ÉLMER MENDOZA: “SI JAVIER ESTUVIERA VIVO, SEÑALARÍA LAS FALSEDADES”

Durante la tertulia editorial en Mazatlán, Sinaloa, el narrador Élmer Mendoza leyó un texto titulado “El día que la ciudad se pintó de negro”, en recordación a su amigo Javier Valdez.

El autor de “Balas de plata” (Tusquets, 2007) narró cómo se enteró del terrible asesinato aquel fatídico día:

“El 15 de mayo, llegué a desayunar a Guadalajara y después trabajé en ordenar mis notas para el día siguiente. Mi maestro Fernando del Paso leería una carta para dar la bienvenida y me daría pie para contar cómo había pistiado con Pedro Páramo ante la mirada atónita de Juan Rulfo. Mejor imposible. Sonó mi celular. ¿Maestro Élmer? ¿Quién hace tanto ruido y no deja testar las islas que van quedando? Buenas tardes, maestro, ¿no sabe? ¿Qué? Mataron a Javier Valdez. ¡Qué! Hace como una hora. Me quedé frío, frío de bala, sin presente pasado provenir. No manches. ¿Podría decir unas palabras sobre este hecho tan sangriento? ¿Unas palabras? Oh. Pero cómo, apenas le habíamos llevamos serenata a Inés Arredondo. Varios pistoleros lo acribillaron en la calle. El color del horror no tiene nombre”, contó Élmer ante una atónita concurrencia en el Teatro Lince de la Universidad Autónoma de Occidente.

“Javier había publicado varios libros que son un registro de la inseguridad y de cómo la delincuencia detentaba poderes que no le habíamos dado, sobre todo, poderes sobre la vida de los humanos. Había denunciado el descarado contubernio entre la clase política y el crimen organizado. Javier era un hombre de valor, un periodista que había convertido su miedo en inteligencia y temeridad”, homenajeó, para después continuar recordando:

“Después de la llamada de Sergio, que trabajaba para El Debate, quedé pasmado. Matarán a Javier pero no su grito. En cuanto colgué respondí otra al ‘Chino’ Miranda, que me informó lo mismo. Lloramos un par de minutos. Ese cabrón era hombre, no pedazo. Arriesgado hasta la madre. Y muy buen compa. Luego salí del hotel, la calle era una escalera de Escher, y entré en un restaurante de carnes. Pedí una mesa desde la que pudiera ver las muchachas que pasaban por la calle y ordené dos tragos dobles. En ese momento el mundo se enteraba de la tragedia. El mundo escucha, pero su voz es débil. El mesero sirvió rápidamente. Bebí de una. Observé el techo limpio.

“Hay días que no me gusta mi país. Que no me gustan los mexicanos que caen fácilmente en la verborrea de políticos que tratan de cubrir la verdad, que es la verdad de la verdad. Si Javier estuviera vivo, señalaría las falsedades y la manera en que el crimen organizado ha crecido de manera exponencial. Me dicen que ya no quieren abrazos, que ahora quieren besos”, ironizó Mendoza en franca alusión y reprobación a la política de seguridad del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y sentenció:

“Por supuesto, no todas mis conversaciones con Javier eran para bromear. Le interesaba la literatura, le sorprendía su éxito y cómo no tenía que escribir novelas para ser un creador importante. En muchos países les dolió el acto bárbaro en que perdiste la vida. Querían conocer detalles. Durante un tiempo creyeron que el gobierno resolvería el caso. Matar un periodista es como matar el sol. También es un acto de estupidez extrema. Estoy seguro que los responsables no aprecian las sonrisas de sus hijos, mucho menos las palpitaciones de sus amorosos corazones. No trato de consolar a nadie, querido amigo, pero tu legado crece día con día”.

 

“UN HERMOSO HOMENAJE EN MEDIO DE UN DOLOROSO RECUERDO”: ADELA NAVARRO

Una de las autoras convocadas a formar parte del homenaje editorial a Javier Valdez, es Adela Navarro Bello, codirectora de ZETA, quien también fue invitada a presentar el libro junto con Élmer Mendoza e Ismael Bojórquez el 24 de mayo en Mazatlán.

Durante su intervención, Navarro reconoció para empezar: “Es un hermoso homenaje en medio de un doloroso recuerdo. Es un hermoso libro. Doloroso, pero muy hermoso. Sin duda, es el mejor homenaje que le han hecho hasta la fecha a Javier Valdez. Ismael, te has lucido. Has coordinado un bello e importante documento por escrito, que deja constancia para la posteridad y las generaciones venideras, de quien fue Javier Valdez. De quién fue de cuerpo entero, pasando por el alma hasta llegar a su gran corazón”.

La autora de la columna semanal Sortilegioz en ZETA, reconoció cómo Valdez puso en el radar informativo la corrupción en Sinaloa:

“El bato, pero también el escritor, el amigo, el parrandero, el empático, el intelectual, el viajero, el compadre, el benefactor, el defensor de la sociedad, el que le dio voz a los sin voz, el que puso en el mapa la corrupción y la inseguridad en Sinaloa, el periodista de a pie, el de campo y tecla, el hombre, el padre, el esposo, el hijo, el hermano, el íntimo conversador y el gran escuchador, observador y analista”.

Navarro Bello señaló que “Javier Valdez. El Bato (1967-2017)” no es un libro de fácil lectura: “61 relatos de un mismo Javier Valdez que nos develan su personalidad abierta, sensible, generosa, de harto cariño hacia quienes le rodeaban, y de mucha empatía con su sociedad. Es un hermoso homenaje en medio de un doloroso recuerdo. No es un libro de lectura fácil, en muchos momentos las palabras se agolpan aunque se lean mentalmente, es increíble el cúmulo de sensaciones que nos causó, que nos causa, el asesinato de Javier Valdez, el último trago que compartió el maestro Élmer Mendoza con Javier, guardado en una cantina hasta consumirse.

“El impacto que le causó a activistas, periodistas, columnistas, defensores de los derechos y la protección de periodistas, amigos, hermanos, hijos, sociedad en general; el cruel asesinato de Javier Valdez y todos los sentimientos que despertó, están retratados en este magnífico libro, a partir de las premisas de dónde estabas cuándo te enteraste de la muerte de Javier, cuál fue tu primera reacción, cuándo derramaste las lágrimas, qué fue lo primero qué hiciste, cómo has contribuido a que la memoria de Javier Valdez no se olvide”, reseñó Navarro, para concluir:

“Mantenerlo vivo, aquí nadie se olvida, Javier para siempre, nos dice esta compilación de imágenes y relatos muy personales todos, muy íntimos entre el autor y el periodista asesinado, muy aleccionadores aquellos que intentan darle un por qué a este sinsentido de los asesinatos de periodistas en México, de la resistencia que se levantó a partir del 15 de mayo de 2017, cuando matarifes del Cártel de Sinaloa asesinaron en una emboscada a un periodista valiente, que no estaba armado con nada, que portaba su sombrero, su pluma y una libreta de notas”.

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