La memoria histórica

Foto: Rodrigo Abd, Kyev Post/Niño en Kyev ante la tumba de su madre asesinada
Opinionez lunes, 30 mayo, 2022 12:00 PM

Mayo 24 de 1993. Crimen del Cardenal Posadas Ocampo

 

En enero de 1993, el Papa Juan Pablo II fue quien, por primera vez como Vicario de Cristo, pronunció la palabra Mafia  en una homilía o sermón, y fue en la sede la Cosa Nostra, la Ngardna. En Italia. La respuesta del crimen organizado fue inmediata: esa noche incendiaron cuatro de los templos más bellos y representativos de la ciudad. En este contexto internacional asesinaron al padre Puglissi, un sacerdote que en su parroquia era creativo para atraer a los jóvenes a diversiones sanas y alejarlos de los mafiosos y sus nefastas actividades.

Tienen doble vida, son sicarios del mal, escribe el cantautor Serrat en “Algo Personal”. Acá en México y en Baja California, se buscó promover la Cultura de la Legalidad, con gran aceptación y frutos en Sicilia, a través de Leo Luca Orlando, un político italiano que repitió varias veces en la alcaldía. A él se le unió gente de buena voluntad y la misma Iglesia. Los resultados fueron buenos y transformaron la atribulada y violenta realidad en la cuna de Alcapone, Don Corleone, y otros capos.

Entre los judíos, como refiere el gran historiador Simón Dubnow (Historia Universal del Pueblo Judío), seguirá siendo de enorme importancia que las personas de cualquier localidad o comunidad pequeña o grande, anoten aquello que vean o conozcan. Dubnow se refería a las atrocidades del régimen nazi alemán que le privó de la vida (1941) tanto a él como a millones de hebreos.

Con la microhistoria se elabora la historia. Usted puede encontrar en Google lo que los ucranianos permanentemente elaboran sobre los sufrimientos y atrocidades que desde cientos de años suceden en esa gran nación; ellos le llaman Memorial Ukranian o algo similar.

Las personas que son asesinadas en nuestras ciudades, comunidades o poblaciones, no deben ser meras estadísticas. Son personas encontradas o desaparecidas, que deben ser parte de la memoria histórica de las ciudades, estados o naciones.

Foto: Emin Osmen/La maldad de Putin afecta a los niños también

En julio de 2022 se cumplirán 25 años del asesinato del periodista Benjamín Flores González. Los autores intelectuales o involucrados, eficaz, pero quizás involuntariamente, han matado no solo al periodista, sino que “adquirieron” y destruyeron el periódico, con todo y archivos. Quién sabe si alguien sepa o tenga archivos de La Prensa  de Benjamín Flores, ejecutado al llegar a su periódico en 1997.

Al procurador de Justicia del Estado de Sonora  (2015-2021), creo era el licenciado Abel Murrieta (candidato de MC, en Cd. Obregón, asesinado en 2021), algún comunicador le pidió saber cómo iba el caso de Benjamín Flores,  a lo que el procurador de Justicia cuestionó “¿Y quién es ese Benjamín Flores?”.  Como cuando el ex gobernador Bonilla refirió a una reportera que si de qué medio era, y la joven le expresó que del periódico ZETA, a lo que el ingeniero preguntó: “¿Ah, sigue saliendo ese periódico, el ZETA?”.

A la Iglesia Católica en particular, el Papa Juan Pablo II, el Papa de Polonia, con motivo de la canonización de 27 mexicanos en mayo del 2000 en Roma, rogó a la Iglesia en el mundo, no olvidar a los mártires, no marginarlos de la memoria histórica.

Todos nosotros, por motivos distintos y similares, hacemos a un lado la memoria o historia de nuestra propia familia, de la comunidad, de las instituciones. De alguna manera nos parecemos a los criminales nazis, que, por ejemplo, como hoy los rusos, terminan por destruir la cultura de las naciones por dominar. Para que olviden su pasado, su memoria, sus sacrificios, su vida, sus héroes.

Ahora es relativamente cómodo y práctico, conocer incluso por YouTube, todas y cada una de las micro historias o Martirologio Católico  mexicano, o de otros países del mundo. Incluso leyendo la Enciclopedia de la Historia Universal del Pueblo Judío, su autor Simón Dubnow (1951) nos entusiasma por valorar el relato de cosas que testimoniamos o vemos o conocemos aunque sea brevemente. Hasta habla el mismo sacrificado historiador hebreo asesinado en Riga, Lituania, de un Martirologio Judío. Que incluye por supuesto los libros de Los Macabeos hasta la Lista de Schindler  o la historia de Irena Sendler, la enfermera católica polaca que en el Ghetto de Varsovia salvó más de 2 mil 500 infantes, por lo que el mismo pueblo hebreo le ha llamado La Madre de los Niños del Holocausto.

Como ha dicho el poeta y activista Javier Sicilia en la recién FIL de la UABC 2022 en Mexicali, aquí mismo en México, ahora y desde hace sexenios, la descomposición social o prácticamente los pecados sociales de la indiferencia, guerra sucia, la degeneración sexual personal y social, los trinquetes o transas, falta de unidad en el bien común, la avaricia de los poderosos. Tienen como fruto la cultura de la muerte. Narcotráfico, crimen organizado, desapariciones, feminicidios, crimen de comunicadores.

Como los ucranianos en relación a los crímenes de Rusia y Alemania Nazi en la II Guerra Mundial, debemos en nuestras comunidades llevar un recuerdo o Memorial  de todo lo que está pasando. No quizá para publicarse en los medios por el peligro que representa hacerlo, sino para tener una memoria histórica real y verídica, que como -sugiere Dubnow- un día pueda servir a los historiadores. Como él lo ha hecho con la historia de Israel, a pesar de morir sacrificado en Riga en 1941.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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