Van mil 498 policías asesinados

Edición Impresa lunes, 28 marzo, 2022 12:00 PM

Elementos policiales también son víctimas de la violencia que azota al país. Casi mil 500 han perdido la vida a manos de la delincuencia organizada y convencional. Guanajuato sigue a la cabeza de los homicidios de oficiales; Zacatecas registra incremento. En lo que va del año han asesinado a 81 agentes en México; en Baja California va uno. Falta de capacitación y de profesionalización, causa principal de las muertes, asegura investigador de la Universidad de Guadalajara. Armamento deficiente, falta de cartuchos, chalecos caducos, colusión con grupos criminales y falta de seguro de vida, aderezan la tragedia

Durante el actual sexenio, en poco más de tres años, casi mil 500 elementos de diversas corporaciones policiales fueron asesinados en México por la delincuencia, según cifras de la organización Causa en Común, siendo Guanajuato la entidad federativa donde más agentes han perdido la vida, aunque Zacatecas muestra un aumento preocupante en este rubro en los últimos 15 meses.

En lo que va de 2022, en menos de tres meses se ha registrado la defunción de 81 policías por homicidios dolosos, muchos de ellos por actuar en territorios donde se registran cruentas batallas entre los cárteles de la droga más poderosos, como son el de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG). En otros casos, la delincuencia convencional atenta en contra de los guardianes del orden.

El promedio de agentes privados de la vida en el transcurso de 2022, es de 1.04 eventos por día; sin embargo, en lo que va de la presente administración federal, el porcentaje se eleva a 1.24 policías asesinados cada día, principalmente en el ámbito municipal, donde de los 81 fallecidos, 48 pertenecían a ese tipo de corporaciones, 28 eran gendarmes estatales y sólo cinco estaban adscritos a dependencias federales. En los últimos años se reitera la misma proporción.

Las entidades en las que más sangre de policías ha corrido del 1 de diciembre de 2018 al 17 de marzo de 2022, son Guanajuato, en primer lugar, con 224; Estado de México, 118; Chihuahua, 100; Michoacán y Veracruz, con 97 uniformados cada una; Guerrero, 95; Zacatecas, 88; Jalisco, 87; Sonora, 63 y Ciudad de México 60, de acuerdo con la suma de los recuentos que Causa en Común efectúa a través del seguimiento a medios de comunicación.

El doctor Alfonso Partida Caballero, profesor investigador y jefe del Departamento de Derecho Público de la Universidad de Guadalajara, sostiene que en la mayoría de los casos se trata de ataques directos en contra de servidores públicos, algunos de los cuales ocurren durante el desarrollo de sus acciones de patrullaje y al cubrir servicios cuando se activa alguna alerta, pero muchos otros eventos suceden cuando el policía se dirige a su casa, se encuentra de descanso o de vacaciones.

Para el experto, la falta de capacitación y de profesionalización de los propios elementos es una de las razones principales por las que son blanco de la delincuencia, ya que precisamente los policías municipales son los que menos preparación reciben; por otro lado, asegura que el armamento que portan los oficiales es raquítico en comparación con el alto calibraje y armas sofisticadas que utilizan los miembros del crimen organizado durante sus confrontaciones, además de la falta de cartuchos, una constante entre los agentes.

2022, MAL COMIENZO

En Zacatecas, donde en los tiempos más recientes se registra una guerra entre los cárteles CJNG y de Sinaloa, en el año que transcurre han asesinado a 15 policías en los municipios de Fresnillo, Guadalupe y Sombrerete. Tres de ellos fueron emboscados por un comando armado la tarde del 11 de enero en la colonia La Fortuna, en Fresnillo. Los elementos circulaban a bordo de su patrulla y los sicarios se acercaron a ellos con armas largas para matarlos.

En esa misma entidad, tres días después, dos policías viales del municipio de Guadalupe fueron agredidos por civiles y murieron en la colonia La Joya. Y el 26 del mismo mes al mediodía, en Sombrerete, se registró el hallazgo de tres policías ejecutados al interior de una camioneta con el motor encendido en la colonia La Blanca. Las víctimas, identificadas por otros patrulleros, tenían el rostro cubierto con cinta adhesiva y presentaban impactos de arma de fuego.

En Ciudad de México, durante un operativo que se realizó en la colonia El Rosario, Alcaldía Azcapotzalco, el 28 de enero, dos agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina murieron a balazos. Dos civiles también fueron victimados durante la reacción policial. Las autoridades daban seguimiento a una investigación sobre el almacenamiento de droga de parte de un grupo delictivo que se dedica al narcomenudeo. Producto de la acción, se aseguraron estupefacientes y armas de fuego.

 

Otros dos policías perecieron tras un ataque armado el 2 de febrero en el puerto de Guaymas, Sonora, donde se libran enfrentamientos de grupos de la delincuencia organizada por el control del territorio, entre ellos el Cártel de Sinaloa, CJNG y Cártel de Caborca, entre otros.

En tanto, en Ciudad Juárez, Chihuahua, la mañana del 16 de febrero, dos agentes de Seguridad Pública y Tránsito, quienes eran pareja, se dispararon con sus armas de cargo tras una discusión. Ambos fallecieron, privando de la vida también a su bebé.

Un caso de disputa amorosa al interior de una corporación policial ocurrió el 17 de febrero en Boca del Río, Veracruz, cuando dos elementos, uno de la Policía Estatal y otro de la Fuerza Civil, se enfrentaron a balazos con sus pistolas de servicio tras discutir por el amor de una mujer que también realiza funciones operativas. Los hechos ocurrieron dentro del Centro Estatal de Control, Comando, Comunicaciones, Contacto Ciudadano e Inteligencia (C5) del Gobierno del Estado.

Un doble homicidio más tuvo lugar en el barrio de San Diego, en Tepeaca, Puebla, la madrugada del 1 de marzo. Policías municipales circulaban a bordo de su patrulla cuando fueron atacados a tiros por desconocidos. Dos uniformados murieron y otro, lesionado, huyó del sitio. Los homicidas huyeron a bordo de la unidad oficial.

Por su parte, en Jalisco, la noche del 10 del mismo mes, sujetos armados dispararon en contra de policías del municipio de Jocotepec, quienes auxiliaban a personas accidentadas en carretera. Dos agentes murieron y dos paramédicos resultaron heridos.

POLICÍAS “DESCOBIJADOS”

Como se advierte, las muertes dolosas de policías son multifactoriales, y a ello se agrega la circunstancia de que algunas de las víctimas o de sus compañeros pudiesen estar involucrados en tratos con la delincuencia organizada “y por incumplimiento de esos acuerdos, de protección, o dejar hacer, o dejar de cumplir, para que los delincuentes hagan de las suyas, y de repente los superiores ordenan que se detenga a estas personas, lo hacen, y después vienen los ajustes de cuentas. Eso se da en una gran proporción”, opinó el investigador Alfonso Partida Caballero.}

El también miembro del Observatorio sobre Seguridad Pública de la Universidad de Guadalajara y ex consejero de la Judicatura, se decantó por la hipótesis de que cualquiera que sea la motivación de fondo que tengan los criminales para perpetrar los atentados, la falta de preparación y previsión de los elementos, los convierte en víctimas propicias de sus victimarios. “Los policías no aplican de manera correcta los protocolos de aseguramiento y detención, pues se ha visto que durante las detenciones se producen algunas de las privaciones de la vida”, observó el especialista.

“En los estados se repiten los mismos patrones que a nivel nacional, pareciera una fotografía la situación estatal de lo que pasa en el ámbito federal. La mayor parte de policías asesinados, son policías municipales en un 70 por ciento. Un 5 por ciento son estatales y un muy bajo porcentaje son elementos de la Guardia Nacional o de la Fiscalía General de la República. Los que prácticamente sufren las agresiones de manera directa son los policías municipales, desgraciadamente, que son los menos capacitados y los menos profesionalizados”, reiteró Partida Caballero.

De igual manera, puso en relieve los bajos sueldos, falta de prestaciones y de un seguro de vida para una gran cantidad de policías del país. En corporaciones de grandes ciudades, se les tiene asegurados con cantidades raquíticas, a pesar de su actividad de alto riesgo. “Como docente universitario, estamos asegurados por un millón de pesos en caso de defunción, si es en accidente, son 2 millones, mientras que los policías y el Ministerio Público no van más allá de una prima de 200 mil pesos de seguro de vida. Esto es ilógico, es un comparativo que muestra cómo se le da un papel menos preponderante a los que cuidan de nuestras vidas”, ejemplificó.

“Hay municipios donde los policías no tienen derecho a la jubilación o la pensión, ni prestaciones. Algunos no tienen derecho al aguinaldo. Entonces, ¿esto qué quiere decir? Que los policías tienen que buscar otra chambita para poder solventar el gasto familiar y esto los convierte, también, en presa fácil de la corrupción. Estos desajustes que hay, cuando se ponen de acuerdo con el crimen organizado, al cual después tienen que confrontar, su labor y la orden superior de cumplimiento de normas y leyes. Además, saben que un policía no se puede llevar el arma de cargo a su casa y que están desarmados, cuando están con sus familias son altamente vulnerables”, aseveró el académico, para rematar:

“Eso nos lleva a pensar que no se están haciendo las cosas correctamente, que los protocolos muchas veces no los entienden los policías, que el armamento asignado no saben utilizarlo adecuadamente y, justamente cuando hacen la aplicación de detenciones y aseguramiento, se registra una gran pérdida de vida de policías porque, en primera, no saben cómo hacerlo y en ocasiones no saben hacer las cosas correctamente del uso legítimo de la fuerza. Les quitan las armas, les disparan, etcétera, y son víctimas de su propio trabajo en su aplicación”.

ESENCIAL CAPACITAR

La función policial no sólo consiste en utilizar sus armas y la fuerza, pero Alfonso Partida apuesta, porque lo sabe, que existe gran cantidad de policías que en un año no disparan un solo tiro. No tienen práctica para defenderse. “Entonces, cuál es la profesionalización que puede tener un elemento de esta naturaleza, ¿no? Ya no se diga en todo lo demás. Simplemente para ser abogado se necesitan cinco años cuando menos, más la preparatoria. Para ser criminólogo es igual. Y para ser policía, que son los que aplican toda la teoría de manera activa, resulta que son tres o seis meses”, expuso.

“Queremos tener policías que sepan sobre el uso de la fuerza, derechos humanos, el sistema de justicia penal acusatorio, criminalística, de ciencias forenses, de la atención a la ciudadanía, de la proximidad. Ahora los quieren hacer policías de tránsito. Oye, ¿y cómo cuánto pagan por eso? Yo creo que, como un millón de pesos, porque son demasiadas cosas, ¿no?, lo digo en tono de broma, pero esa es la realidad. ¿En cuánto tiempo aprendes todo esto? En tres meses o seis meses, definitivamente que esto no puede ser”, comentó.

Para el doctor Partida Caballero debería existir un bachillerato técnico en seguridad pública que sirva para ir formando a los policías, “y posteriormente, ya sobre la marcha, hacer la capacitación y actualización en las distintas áreas; debe haber policías procesales, de proximidad, policías de investigación, de reacción, policías para toda necesidad y esquema operativo. Ahora los queremos policías de todo, todos de todo y tenemos policías de nada, desgraciadamente, con un alto riesgo y una situación muy lamentable, que son altamente corruptivos”.

Además, “ahora resulta que un policía que se corrompe, tiene, además de obtener un beneficio económico, la protección de esos grupos delictivos. En ocasiones cuando sus jefes les aprietan a los propios policías, pues reciben la visita de estos emisarios de la delincuencia por fuera; eso no debería de suceder, si tuviésemos policías profesionales por área: los policías que dan el servicio de vigilancia, los policías que son los primeros respondientes, los que son de vialidad, los procesales, etcétera, porque si no, no van a poder hacer ninguna de las funciones”, reiteró el investigador.

En opinión del entrevistado, la función policial debe convertirse en una carrera como tal: “Si se determina cada función de la Policía y nos vamos por áreas, haciendo un glosario de atribuciones, podríamos ver si la capacitación y los tiempos de la misma son adecuados. Por ejemplo, un policía de proximidad necesita cinco o seis meses de formación. Un policía del sistema acusatorio requiere de por lo menos un año de preparación para ser primer respondiente. Entonces, ese es el problema, pero los planes o proyectos de los políticos, simplemente son de ocurrencias desde sus campañas políticas.

“Una carrera de abogado, de geógrafo, de médico, son tres, cuatro o más años; mínimo de tres años, de cuatro. Y sí queremos una especialidad, tiene que ser un año más. Para las actualizaciones son los diplomados, las capacitaciones. La profesionalización tiene que ver con las licenciaturas, también con los posgrados. Donde funcionan las policías que son los países más avanzados, hay hasta elementos que tiene doctorado. ¿Por qué? Para que aspiren a los más altos cargos con la mejor preparación, licenciatura, especialización, posgrado, etcétera. Son policías formados al interior de la propia Policía, no son inexpertos. Deben ser los mejores en la carrera policial”, finalizó Alfonso Partida Caballero.

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