Rusia nació en Ucrania

Fotos: Germán Orozco/Niño ucraniano en un viejo tanque de exhibición en Kyev
Opinionez lunes, 14 marzo, 2022 12:00 PM

“La idea, frecuentemente expresada, según la cual el hombre no es nada ante Dios, es absolutamente falsa y humillante. Es preciso repetir, por el contrario, que ante Dios, vuelto hacia Dios, el hombre se eleva, es grande y triunfa de la nada”.

-Nicolás Berdiaeff, Reino del Espíritu, Reino del César.

 

Nicolás Berdiaeff, pensador ucraniano de Kiev, siendo marxista, en su juventud denunció las injusticias del zar ruso, quien lo encarceló tres años en Siberia. Y una vez bajo el régimen bolchevique, al que criticó por secar las libertades de pensamiento y expresión, al organizar en la Universidad de Moscú unos seminarios sobre la Espiritualidad de Dostoyevski, fue condenado a la pena de muerte, conmutándosela por el exilio perpetuo. Muere en París, dejándonos por escrito su pensamiento, vigente hasta hoy.

Se considera que el carácter inquebrantable de los norteamericanos está influenciado básicamente por pensadores como Emerson, Thoreau y William James. “Lo fundamental de la doctrina de Emerson es que la personalidad humana puede ser tocada por el poder divino, y su grandeza puede ser libertada por Él”. (Norman Vincent Paul, El poder del pensamiento tenaz, 1).

Berdiaeff en su obra Reino del Espíritu, Reino del César, expresa que “vivimos en una época en que ni se ama la verdad ni se la busca; la verdad es, cada vez más frecuentemente, reemplazada por el interés, y la utilidad, por el deseo de poder”. Esto lo escribió el pensador ucraniano en los 1930’s; supo cargar la cruz de la disidencia hasta 1948,  propuesto al premio Nobel, y año de su muerte.

Desde la revolución de octubre de 1917, los bolcheviques arrasaron estúpidamente los templos religiosos de todas las confesiones en la URSS; la propaganda de Novosti, Progreso, Tass, el Pravda, no ha podido deshacerse del pensamiento de filósofos ucranianos y rusos como Soloviov, Berdiaeff, Bulgakov, y el recién descubierto Pavel Florensky, con abundante bibliografía en las redes sociales.

Los mexicanos y latinoamericanos somos afortunados, tanto como Estados Unidos o Ucrania y Rusia, con sus pensadores; contemporáneos de aquellos son del Ateneo de la Juventud: José Vasconcelos, Antonio Caso, Pedro Enríquez Ureña (dominicano), Samuel Ramos, entre otros, como don Agustín Basave Fernández del Valle, Alfonso Reyes y Alfonso Junco; destacan los llamados Transterrados, como Eduardo Nicol, Ramón Xirau, y tantos otros nobles filósofos que coincidieron en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Infantes ucranianos como estos hermanitos sufren por la guerra

Judío de Kiev es el discípulo de Albert Einstein, físico mexico-ucraniano de la UNAM: Marcos Moshinsky, fallecido hace algunos años. Rescatado de ser víctima del holocausto nazi, quizá en Baby Yar, Kiev, y salvado con muchos niños que huyeron de los crímenes nazis o rusos, como el de Katyn, en donde ejecutaron cientos o miles de soldados polacos o judíos ucranianos.

¿Hasta dónde llegan los autoritarismos? Por el lado norteamericano habría que revisar las dictaduras latinoamericanas que son capaces de asesinar; por ejemplo, en Guatemala, al Obispo Juan Gerardi, quien hubiera documentado más de cien mil personas desaparecidas a través de la Comisión de Derechos Humanos de la Conferencia Episcopal Guatemalteca, fue ejecutado al llegar a su casa en la noche del Informe; en videos (VHS) elaborados por Discovery, la misma CIA (Agencia de Inteligencia de USA), reconoció los crímenes contra campesinos de Guatemala promovidos por empresarios o agricultores, abusivos y malvados con los pobres.

Lo mismo en Nicaragua o El Salvador, donde los paramilitares de Roberto de Aubison asesinaron al hoy Arzobispo Salvadoreño san Oscar Romero; si los soviéticos o nacionalistas como Vladimir Putin ejecutan a disidentes, a la intelligencia, a los periodistas críticos; o envenenan a empresarios como el expresidente de Ucrania, Viktor Yushchenko (2004); los mismos delitos hitlerianos contra pensadores polacos, rusos, ucranianos, se siguen cometiendo en México y América Latina.

El actual conflicto evidencia que somos un solo mundo: quizá el planeta más pequeño de los miles de millones que existen en nuestra galaxia vía láctea; que se dice es una de las más de doscientas mil millones de galaxias que se han descubierto hasta ahora en nuestro universo.

Dostoyevski ha situado el problema agudamente, escribe Nicolás Berdiaeff: “¿Puede edificarse un mundo que disfrute de una felicidad paradisiaca a costa de las lágrimas de un solo inocente sacrificado? Ahora bien, entre los millones de hombres sacrificados, so pretexto de realizar la felicidad futura, existen, sin duda alguna, bastantes inocentes”.

Quería implantarse el cristianismo en Europa por violencias sangrientas. En Bizancio, la ortodoxia estaba unida con una crueldad bestial. Las hogueras de la Inquisición, la noche de san Bartolomé, la negación de la libertad de pensamiento y de conciencia, y muchas otras cosas más, son bien conocidas. Pero los medios malos han traído no el reforzamiento, sino la decadencia del cristianismo. Los buenos fines de la Revolución francesa: la libertad, la igualdad, la fraternidad, fueron realizadas igualmente por sangrientas violencias, por el terror que reinó durante toda la revolución. Y esos fines concluyeron en la sociedad capitalista del siglo XIX, en la cual no existía ninguna igualdad y menos aún fraternidad”.

“La revolución comunista rusa recurrió también al terror. Hasta el presente, no ha creado ni fraternidad ni sociedad comunal. Nunca la libertad pudo ser instaurada con ayuda de la violencia, la fraternidad con ayuda del odio, la paz con ayuda de una sangrienta discordia. Los malos medios emponzoñan. El otoño de la revolución no se parece jamás a su primavera”. (Nicolás Berdiaeff, Reino del Espíritu y Reino del César).

Siendo gobernador del Distrito Norte de Baja California, en los 1930’s, el general Abelardo L. Rodríguez redactó sus Notas de mi viaje a la URSS, describiendo las condiciones de miseria del régimen soviético; desafortunadamente esas condiciones prevalecen en la Rusia de Putin. Paradójico, pero realmente millones de personas en Rusia, y otros millones en Ucrania, de verdad siguen viviendo entre necesidades elementales; mientras, como canta Joan Manuel Serrat en “El Sur también existe”, irónicamente los países poderosos viven con todos sus misiles, con sus defensas gastadas y sus gastos de defensa.

Los supremos fines de la vida no son de orden económico o social, sino de orden espiritual. Dirá Berdiaeff. Rusia nació en Ucrania.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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