¿Por qué somos tan idiotas?

Foto: Internet/Vladimir Putin, presidente ruso
Opinionez lunes, 14 marzo, 2022 12:00 PM

No cabe duda, el peor enemigo del ser humano es el mismo ser humano. Somos una especie autodestructiva que no pierde oportunidad alguna para demostrar los idiotas que somos. Mencionaré tan solo dos ejemplos.

El primero de ellos es el extermino que ha declarado el gobierno ruso sobre los ucranianos. El presidente Vladimir Putin determinó que no era suficiente la crisis que vivimos recientemente con el COVID-19, por lo que sumó otra preocupación al mundo con esta guerra.

Más allá de las supuestas motivaciones territoriales y comerciales que pueda tener Rusia sobre la zona de Ucrania, lo cierto es que vuelve a poner en vilo a las naciones y sus habitantes. Si usted, amable lector, consideraba que no podía pasar algo peor desde el surgimiento del COVID-19, pues al igual que yo se equivocó.

Apenas los países encontraban una luz al final del túnel cuando se presenta esta nueva crisis, de dimensiones aún por verse. Si hablamos única y exclusivamente de esta guerra, hemos encontrado que a pesar de la desigualdad por el poderío armamentista entre Rusia y Ucrania, han sido estos últimos quienes han alargado la lucha, ya que sus autoridades, soldados y habitantes decidieron no rendirse. Mientras las fuerzas rusas no tienen claro las motivaciones para arriesgar sus vidas, los ucranianos con un gran tesón, digno de admirarse, ofrecen su vida a cambio de defender su territorio.

Si bien el surgimiento del COVID-19 aún no está del todo claro -fue por alimentarse de un murciélago en un mercado insalubre o surgió de un laboratorio-, lo cierto es que en esta guerra sí hay un claro responsable: se trata de un idiota más en el mundo con gran poder llamado Vladimir Putin, a quien la ambición y la búsqueda de respeto perdida en los últimos años en Europa le dictaron su desastrosa conciencia. Como si fuera aquel famoso juego infantil callejero llamado “stop”, le declaró la guerra a su “peor enemigo” y en este caso decidió que fuera Ucrania.

Pero como a los mexicanos ante situaciones mundiales lamentables no nos gusta quedarnos rezagados, decidimos ser nota internacional con los tristes y condenables hechos que se presentaron el pasado sábado en el juego de futbol Querétaro contra Atlas. Las llamadas “barras” o porras oficiales decidieron que era buen momento para darse en la madre y generar una lucha campal que terminó con heridos de gravedad, posibles muertes e imágenes desgarradoras.

Los idiotas se trenzaron a golpes, exhibiendo la “seguridad” inexistente del club y la nula presencia policiaca pública. Los pocos policías uniformados presentes decidieron hacerse de la vista gorda ante el temor de ser atacados por los agresores. Ni como culparlos.

Estos idiotas pseudoaficionados que pusieron en riesgo a familias, entre ellos niños, son una parvada de delincuentes que deben ser castigados y tratados como criminales.

¿En qué momento como humanos perdimos la razón? ¿Quiénes deciden acabar con la vida de los demás antes la frustración de millones que no podemos hacer nada más que lamentarnos?

Aunque se lea muy duro, lo que diga en estas posteriores líneas es la verdad: el castigo que debe tener un soldado que mata a gente indefensa con un rifle, pistola, proyectil, etc., es el mismo castigo que debe imponerse a quien con un palo, golpes o patadas agrede a una persona máxime si está inconsciente tirada en el piso.

Lo que nos ha sucedido a todos en los últimos dos años, en lugar de unirnos nos ha separado y no parece tener límites. Como plaga, el “idiotismo” parece un virus más transmisible que el mismo COVID-19 y su peor variante.

 

Alejandro Caso Niebla es asesor en temas de comunicación y políticas públicas.

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